Trabajar en una app de ligar me ha hecho perder la fe en el amor

“Había gente que valía mucho la pena con perfiles interesantísimos pero que me enviaban mensajes con la moral destruida por culpa de rechazos en la aplicación”

Cuando Loré Yessuff tiene que describir su empleo asegura que es “una especie de cheerleader-robot que se dedica a sofocar los focos de ansiedad de la gente que liga por Internet”. Ella trabaja en una app de dating, atendiendo a los usuarios y resolviendo sus dudas sobre el funcionamiento de la app, problemas con su cuenta y, además, aportando consejos emocionales sobre la vida amorosa de cada uno.

“En general, mi día a día se basa en resolver problemas de contraseñas perdidas, cuentas duplicadas y perfiles falsos. Pero entre toda la burocracia a veces aparecen personas que humanizan mi trabajo”, cuenta en el diario The New York Times. Se refiere a aquellos que le piden consejo amoroso: “¿por qué me han hecho ghosting?”, “¿por qué nadie me hace match?”, “¿por qué no responden a mis mensajes?”, “¿soy feo? ¿tan feo soy?”, “¡esta app es un timo, nadie me habla!", son algunos de los mensajes que le han llegado de usuarios enfadados, tristes y desesperados.

No sabía cómo reaccionar ante estos mensajes. Aunque estaban cargados de ira, entendió que solo querían una respuesta humana, que eran mensajes profundamente vulnerables y que todos se resumían en lo mismo: queremos que nos quieran. “Entendí que cuando alguien me decía ‘algo va mal con tu app, porque no hay nada malo conmigo. No soy feo, soy listo, el problema no es mío’ en realidad se traducía a: ‘¿hay algo malo conmigo?’”.

Todos estos mensajes hicieron que ella también empezase a sufrir este tipo de ansiedad amorosa. No sabía qué responder, no tenía las respuestas. De hecho, estas mismas preguntas se las había hecho ella misma: ¿no era suficiente? ¿Por qué le habían hecho ghosting tantas veces? ¿Por qué su ex la dejó? ¿Por qué tantos crushes nunca le fueron correspondidos? Al final, respondía con palabras que ella misma necesitaba repetirse a sí misma: “el dating es difícil. A veces solo es cuestión de tiempo”.

Ella también estaba soltera y, mientras recibía todos estos mensajes, también se iba desesperando. “Me acuerdo cuando un amigo me dijo si tanto analizar la app no había descifrado cómo ser irresistible, y me reí. Yo iba igual de perdida que los que me enviaban mensajes”, recuerda. En teoría, su perfil era perfecto: las fotos con los colores y posiciones que, estadísticamente, más likes recibían, la descripción ideal, los intereses perfectamente detallados… Todo seguía a rajatabla sus informes de éxito. Y, sin embargo, seguían haciéndole ghosting y no devolviéndole los “hola”.

El día que considera que fue su pico de “patetismo” fue en San Valentín, cuando le tocó trabajar de madrugada. “Me reí de la absurdidad de mis circunstancias. Estaba la noche más romántica del año escribiendo mensajes a gente como experta en relaciones mientras yo no tenía a nadie a quien darle la mano. Me sentí patética, sola y aislada”. Asegura que, por toda esta exposición amorosa, está perdiendo la fe en el amor. "Ligar en las apps de dating es totalmente arbitrario, depende de la suerte y no puedes forzar nada. El ghosting es inevitable, y que no te respondan los saludos no depende de ti". Al fin y al cabo, las apps son como una especie de mercado donde es difícil “conformarse” con una persona porque siempre hay alguien más. De hecho, a las apps les interesa que sigas soltero: es su modelo de negocio, dejarte haciendo matches hasta que te quemes.

“Había gente que valía mucho la pena con perfiles interesantísimos pero que me enviaban mensajes con la moral destruida por culpa de rechazos en la aplicación”, recuerda. Ella, como mujer negra, “y según la estadística, ligamos menos”, también se ha visto afectada por lo que considera unos patrones superficiales que reinan en estos sectores. “Ya no es cuestión de que no te valores a ti mismo y pienses que por eso no ligarás, es que aunque tengas mucho amor propio, si estás demasiado expuesto a estas aplicaciones te hace dudar si los demás lograrán ver que sí que vales la pena”.

Es decir, según Loré, tener demasiadas apps provoca que pienses que estarás solo, en parte, porque estos patrones de ligue tan egoístas y superficiales acaban volviéndote desconfiado. Como los interiorizas como los patrones comunes en el ligoteo, no ves posible encontrar a nadie que aprenda a valorarte, porque nunca pasarás esos filtros tan superficiales y egoístas. “Ahora cuando veo una foto de una pareja pienso que qué envidia y qué poco común”, concluye, con una visión muy pesimista de su futuro amoroso.  

CN