Los 10 errores más típicos que te delatarán si has puesto los cuernos

El historial de llamadas es lo que más delata a las mujeres. A los hombres son las 'fotopollas' que envían a sus amantes

Los cuernos son el terror de las relaciones monógamas. Esa sensación que, al salir a la luz, te oprime el pecho, inundándote de rencor, tristeza y desesperación. Después vienen semanas replanteándote tu relación, pensando si perdonar, si abrirla, si romper, sin saber qué hacer. La mayoría hemos engañado o nos han engañado, lo hemos sufrido. Y aunque el proceso es muy doloroso, probablemente todos coincidimos en que el momento más duro es cuando lo descubres, cuando piensas que “no es verdad”, “es mentira”, “no puede ser”. Ese instante en que se rompe la confianza y el corazón y tu mundo se derrumba.

Pero, ¿cómo llegamos a este momento? ¿Cómo se suelen descubrir los cuernos? Generalmente se descubren por una pillada, según ha destapado una encuesta que hizo a más de 2.000 personas el portal británico Illicit Encounters, una web especializada en citas para poner los cuernos a tu pareja. Además, la encuesta determinó que las formas en las que los pillaban solían repetirse. Con todos los datos recabados, el portal hizo un informe recopilando las 10 formas más comunes de pillarlos (que dependen del género del engañador).

Para las mujeres, la forma más común de ser descubiertas es porque su pareja encuentra llamadas en su móvil. Esos “¿quién es este tal Alfredo?”, “un amigo…”, “¿y por qué nunca me habías dicho nada de él?”, “bueno…” y ahí se descubre todo el pastel. La segunda causa más común, pequeñas marcas de besos hechos por el amante, tercero, que confiesan los cuernos, cuarto, descubren mensajes sexys a sus amantes y, quinto, un conocido lo cuenta.

En el caso de los hombres, pillarles los mensajes y las fotos sexys (la típica 'fotopolla' que te haces para calentar) enviados a sus amantes es la forma más habitual. La segunda, el olor del perfume del amante en su ropa. Tercera, pillada por emails, la cuarta, destapar una falsa coartada, y la quinta, encontrar que se han gastado dinero en compras sospechosas, como regalos, hoteles o cenas con sus amantes.

También dice mucho de la psicología de ambos géneros el hecho que las mujeres tengan la confesión en el tercer puesto y los hombres la tengan el décimo. Incluso está antes en la lista (en el número seis) que lxs amantes confiesan a las parejas que han estado acostándose a sus espaldas con su novix. Es decir, antes los delatan que reconocerlo.

Otras conclusiones de la encuesta es que las mujeres se cubren más las espaldas cuando engañan. “Más de la mitad de mujeres se intentaron cubrir las espaldas antes y después de engañar, pero solo el 29% de los hombres lo hizo”, explica la sexóloga a cargo de su análisis. Es decir, lo hacen con más premeditación y menos movidas por el calentón. No quieren dejar cabos sueltos que puedan delatarlas y son más conscientes de lo que están haciendo.

Por último, cree que queda demostrado que “los teléfonos son, de lejos, la forma más común de pillar un engaño”. De hecho, según los datos estadísticos que cita, “solo el 16% de las personas que engaña no usa el móvil para comunicarse con su amante, así que todas las pruebas están ahí. Por suerte para los engañadores, la tecnología lo pone cada vez es más difícil que puedan entrar en tu móvil sin que te des cuenta”.

Pero la conclusión de estas encuestas debería ser: ¿hace falta engañar? Si tantas medidas nos tomamos para que no nos pillen es porque sabemos que estamos actuando mal. Si queremos a nuestra pareja y necesitamos satisfacer una necesidad sexual más allá de los límites de nuestra relación (una necesidad legítima), siempre está la opción de abrirla, pero háblalo. La monogamia no es la única opción: reflexiona y, si lo necesitas, comunica tus dudas. Pero no hagas daño a alguien que te quiere metiéndole los cuernos.