Qué hago ahora que mi vida en cuarentena se ha vuelto insalubre y pesimista

Te atrapa el bajón, la inactividad y la angustia y parece que no haya nada que te ayude a salir de esa especie de prisión de pensamientos en bucle

Llevo media hora llorando. No sé por qué. He terminado la jornada de teletrabajo, me he sentado en la cama y he empezado a llorar. No me ha pasado nada triste, mis amigxs están bien, mi familia está bien, nadie está enfermo y todos siguen el protocolo de quedarse en casa. Hace siete días que no he pisado la calle y en total llevo 13 días confinada. Mi compañera de piso y yo fuimos a hacer una compra inmensa que nos asegurara salir del piso solo para tirar la basura, en caso de necesitarlo. Con lo que tenemos para comer podemos estar durante 10 días más sin volver a comprar.

El jueves 12 de marzo fue el último día que salí de casa para ir al trabajo. Cuando nos dijeron que tendríamos que trabajar desde casa durante una semana me alegré. Me gusta trabajar desde casa. Bueno, creía que me gustaba.

En todo el planeta hay más de 250.000 afectados y 10.000 muertos. Las cifras, además, no paran de aumentar. He dejado de escuchar las noticias y la radio a modo de prevención psicológica. Pensaba que no necesitaría dejar de hacerlo, creía que la información sobre la actualidad no acabaría con mi optimismo escéptico y despreocupado. Estaba equivocada.

Cuando nos informaron que el confinamiento se alargaría empecé a preocuparme pero me sentía preparada. Me dije a mí misma "cumple con la jornada de trabajo, aprende a cocinar y haz deporte, así todo pasará más rápido y estarás sana". Estaba, otra vez, equivocada. No logro llevarlo a cabo. Ya llevo 13 días de confinamiento y me quedan muchos más por delante. Me encuentro ante una montaña de tristeza, falta de creatividad e inactividad que no sé cómo paliar.

El origen del mal

No solo me veo atrapada por la falta de creatividad e ideas que son un bloqueo a la hora de llevar a cabo el teletrabajo, sino que también estoy llevando una vida sedentaria e insalubre. Fumo más de lo habitual, no hago ningún tipo de deporte y cuando veo, a través de las redes sociales, al resto del planeta llevando a cabo un montón de actividades, me agobio, me muero de envidia y sigo en la plena quietud.

Sigo sentada en mi cama mirando el móvil, repitiendo las historias que ya he visto una y otra vez. Para entender lo que me ocurre (y lo que entiendo que puede pasarle a otras personas) me pongo en contacto con Carme Sánchez Martin, psicóloga y sexóloga clínica del Instituto de Urología Serrate & Ribal.

"En esta situación de suspensión temporal de la realidad, aparecen todas estas emociones o reacciones que estamos teniendo como ansiedad o preocupación por la propia salud, por el trabajo, por el futuro, por las otras personas queridas... Todo ello sumado a la sensación de soledad por la limitación de las interacciones con otras personas, el miedo o la inquietud muchas veces derivan en catastrofismo: imaginarse el peor escenario posible para ti y los tuyos", me explica. Esto no es lo único que sucede ya que también aparecen sentimientos como frustración e irritabilidad.

"Todo este compendio de emociones y reacciones tan negativas (sobre todo el miedo y la angustia) hace que el cerebro no pueda pensar en otra cosa y estemos constantemente en situación de alerta pensando cómo podemos escapar de aquí o qué es lo que podemos hacer para protegernos a nosotrxs mismxs y al entorno. El miedo no está mal porque nos hace prudentes en muchas ocasiones pero también nos hace estar demasiado alerta, lo cual nos bloquea y nos hace ser menos productivxs", comenta la experta.

Una impulso de ganas

Me doy oportunidades. Pienso "hoy no has hecho nada, quizás mañana podrías empezar". Y me lo creo. Me lleno de ganas y me voy a dormir motivada. Cuando me despierto esas ganas han desaparecido. Empiezo la jornada de teletrabajo a las ocho de la mañana y hago un recorrido por los titulares de los periódicos nacionales y Twitter. Me asusto cuando leo que España ha superado el número de muertes en China, con 738 en las últimas 24 horas. Por otro lado me alegro cuando leo que en la provincia de Hubei, epicentro de la pandemia en China, han terminado con el confinamiento.

Viajo de la desesperanza a la esperanza y me convenzo de que no puedo hacer nada más que respetar el confinamiento y cuidarme. Entro en Instagram y veo que todxs están haciendo deporte y aprovechando el tiempo para ser muy productivxs. Vuelvo a agobiarme, lo que hace que me encienda un cigarro. "Vaya, un poco menos viva que ayer", pienso. Y lo peor es que me da igual.

La psicóloga explica que "es cierto que tenemos la sensación de que ahora parece que a todo el mundo le ha dado por practicar yoga, taichí, body pump y todo tipo de ejercicios" y detalla: "esto es muy parecido a cuando, por ejemplo, llega el verano y tenemos la sensación de que todas nuestras amistades están de vacaciones porque no hacen sino compartir fotografías viajando por el mundo. Las redes sociales promueven esta sensación de que todo el mundo está activo. Hay algo que nos puede ayudar y es pensar que el día tiene muchas horas y que estas personas seguramente no están constantemente activas. Y no pasa nada por ello, también está bien aburrirse y no hacer nada".

El confinamiento, además, me hace echar de menos muchísimo, como no me había pasado nunca. A pesar de que sé que es una idealización de la realidad y que no funcionaría, me acuerdo de mi ex pareja, extraño sus bromas, su optimismo simpático y la forma que tenía de ayudarme a salir del caos emocional. Esas herramientas tengo que proveérmelas yo misma casi por vez primera y no es sencillo. Sánchez recomienda que debemos pensar en "por qué lo estamos haciendo".

Lo estamos haciendo para ayudarnos a nosotrxs mismxs pero también para ayudar al resto de personas. Es por nuestro bien y por el de todxs. La psicóloga explica, además, que "la idea de colectividad nos puede ayudar a soportar mejor esta sensación de que es algo que nos pasa solo a nosotrxs".

Eso sí, para ella hay algo fundamental que remarca con énfasis: "no hay que quedarse anclado en la queja. Cuantas más quejas tengamos menos nos adaptaremos y menos sabremos gestionar toda la situación de miedo y de estrés sostenido que vamos a estar pasando estas semanas".

Vale, ¿qué hago?

Ojalá existiera una guía universal que nos ayudara a llevar a cabo todo esta locura de emociones negativas y que, además, nos aseguraran que funciona. Para cada persona es distinto pero sí es cierto que hay algunos puntos que, si los realizas, te pueden mantener activx y con el optimismo necesario para seguir el estado de alarma. A pesar de saber que es lo habitual, Sánchez explica que es "muy importante hacerse una rutina. Las rutinas son la respuesta. Crearlas nos ayuda a no dejarnos llevar por la procrastinación o la angustia".

Para mi caso en particular, la psicóloga recomienda que ponerme un horario puede hacer que sea muy funcional: "por ejemplo: si tienes que trabajar de ocho a tres, aunque no se te ocurra nada, no pares de buscar, puedes ver qué han escrito otras personas, buscar historias en casa, en los libros, en las series... No puedes salir de tu hogar pero puedes observar por las ventanas, por el balcón o por las ventanas que hay en Internet que son las redes sociales, la radio también ayuda. Tienes que saber, en tu caso particular, que con lo que escribes puedes ayudar a otras personas".

Si eres de esas personas a las que también les ocurre esto existe la opción de hacer voluntariado, hay muchas personas movilizándose desde sus casas que están ayudando: hacen mascarillas, llevan comidas a personas mayores, hacen llamadas para aquellxs que están solxs.

Es necesario para estar sano psicológicamente administrarse la información sobre la pandemia, no hace falta estar todo el día escuchando malas noticias porque esto nos lleva al catastrofismo. "Hay que mantenerse activo para estimular el pensamiento hacia otras áreas, más allá del tema del trabajo: juegos onlines, lectura, escritura, dibujo... Es importante tener un tiempo de ocio también. El humor es otra ayuda porque funciona como antídoto contra la desesperanza: reír hacia afuera pero también hacia adentro", comenta la psicóloga.

Y no olvides tener contacto con las sensaciones corporales: ducharse, cuidarse, esas prácticas como el yoga o el pilates funcionan también para ello. Hoy, día 13 del confinamiento, creo que ha llegado la hora de hace caso y ponerme las pilas. Cuando acabe la jornada de teletrabajo, haré deporte y quizás empiece a sentirme mejor. Puede que no solucione todos mis problemas en un día, pero la única manera de salir del bucle es haciendo cosas diferentes y yo lo voy a intentar.