Por qué hay gente que te deja de hablar cuando se enfada

Ni se inmuta ni reacciona, se vuelve totalmente indiferente a tus reacciones, tanto como si no existieras. ¿Qué hay detrás de este tipo de comportamientos? Es una de las peores formas de manipulación

De repente ocurre que hay una discrepancia o que algo le sienta mal y, tras unos minutos discutiendo, se hace el silencio. Hablas y no te contesta, pides una respuesta y te devuelven un mal gesto o un “qué” mal entonado. Sea por el motivo que sea, es imposible establecer una comunicación. A veces actúa como si no estuvieras y otras como si tu presencia le incomodara. Y es que no solo no te dirige la palabra sino que apenas te mira…

¿Le pido perdón aunque no sea responsable de lo que ha pasado o espero a que se le quite el enfado? ¿Te suena este dilema? Suele ser muy común entre quienes sufren el silencio de su pareja tras una discusión. Y es que hay personas que cuando se enfadan y creen llevar la razón imponen la tiranía del silencio, uno de los tipos de manipulación más dañinos, también conocido como “ley del hielo”. Una actitud que deja secuelas en los demás por lo desgastante que es. Veamos más sobre ella.

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El silencio que castiga

Las relaciones no están libres de discusiones, malos entendidos y discrepancias. Es ley de vida. Cada uno llega a ellas con su bagaje personal y coincidir en todo, además de ser una idea romántica es imposible. Lo cierto es que todos tenemos derecho a enfadarnos, la cuestión es la manera en la que lo hacemos; es decir, cómo manejamos las discrepancias y cómo reaccionamos, ya que eso dice mucho de nosotros. Más de lo que pensamos. La forma de resolver los conflictos habla de nuestro nivel de madurez, de nuestra gestión emocional y de la calidad humana que expresamos

Así, una de las situaciones más complejas y que para muchas parejas supone una gran prueba es la forma de resolver en conflicto y en concreto, según el psicólogo estadounidense experto en parejas John Gottman, los intentos de desagravio que ponen en marcha. O sea las frases y acciones que impiden que la negatividad aumente sin control. Algo que no hacen aquellos que optan por enmudecer cuando las cosas no son como ellos quieren y que, sin duda, tiene consecuencias. 

No hablar impide la reconciliación, pone barreras a la comunicación y hacer sufrir a la otra persona. Si bien no siempre es posible solucionar lo que sucede en el momento en el que ocurre, siempre se puede avisar de que se necesita tiempo, se quiere pensar o se puede dejar para hablarlo más tarde. Sin embargo, hay muchas personas a día de hoy que optan por estrategias inmaduras similares a ese “me enfado y no respiro” de algunos niños. Y así la situación se vuelve realmente desconcertante e incómoda. 

Y no nos referimos a esos que suelen hablar poco, sino a los que se enfadan y hacen como si el otro no estuviera presente, a los que ignoran las palabras de los demás y ni siquiera les dirigen una mirada. Es un tipo de manipulación emocional muy sibilina que utiliza el silencio como castigo y que está llena de ira, ego y propósito

La mayoría de los que practican esta actitud saben bien no solo lo que hacen sino también lo que quieren, aunque parezca que no: utilizan el silencio para desgastar a su pareja, proyectar en ella culpa y conseguir finalmente que se someta y pida perdón. ¿Un poco maquiavélico verdad? Tan solo hay que fijarse en cómo ignoran el sufrimiento del otro y como en ocasiones se limitan a respuestas secas y monosílabas. Así, en la mente de estas personas suele estar presente el pensamiento de que las otras personas les han ofendido y van a recibir su castigo. 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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Tras este tipo de reacciones suele estar la inmadurez, pero también un intento por suprimir las reacciones de tipo emocional tanto de quien lo pone en práctica como de quien es víctima de ello, ya sea para protegerse del daño o para provocarlo en la otra persona. La baja resistencia a la frustración, el deseo de manipular al otro para sentirse poderoso o una nula habilidad para resolver problemas son también rasgos que caracterizan a quienes practican la ley del silencio.

La cuestión es que hace daño, ya que es una forma de abuso y de responder a un conflicto totalmente desadaptativa que deteriora la relación e impide el desarrollo de un vínculo sano. 

Ante la ley del silencio, precaución

Por regla general, las personas que son víctimas de este comportamiento se sienten rechazadas, lo que conlleva dolor y sufrimiento. Al final es como si se fuera invisible, como si no se tuviera en cuenta. La indiferencia también es un castigo pues se anula psicológicamente al otroSi bien es cierto que no siempre se puede utilizar la ley del silencio de forma consciente, sobre todo si es puntual y la persona demuestra cierta ineficacia a la hora de gestionar su mundo emocional, hay que protegerse; sobre todo si su uso es intencional, ya que sería una forma de violencia pasiva. Nadie merece que le hagan el vacío o que le retiren la palabra por pensar diferente. Entonces, ¿qué hacer ante este tipo de comportamientos?

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En primer lugar, lo más adecuado es no responder al mismo nivel, o sea, no aliarse con el silencio. Esto lo único que puede provocar es una escalada del conflicto, convirtiéndolo en una especie de pulso y empeorando así toda la situación. Por ello, es necesario reflexionar sobre lo ocurrido: ¿cuáles son los motivos o razones por los que la otra persona ha dejado de hablar? De alguna forma esto facilita ponerse en el lugar del otro, distanciarse de lo ocurrido e identificar si somos responsable de algo, independientemente de los sentimientos de rabia o enfado que podamos experimentar por el enmudecimiento del otro.

Si descubrimos que hemos hecho daño, debemos intentar repararlo y mostrar a la otra persona que no hablar impide que la situación pueda resolverse, además de generar sufrimiento. De esta forma, favorecemos la comunicación y el desbloqueo del otro, aunque no siempre será posible. Eso sí, no hay que ser insistente, quizás la otra persona necesite un “tiempo”. 

Ahora bien, si identificamos un ninguneo y una necesidad de hacer daño, debemos protegernos y poner límites. No todo es tolerable y por supuesto, nos deben un respeto. De ahí que haya que tener especial cuidado con la complacencia y la culpa, ya que sin querer y por agradar al otro es posible que algunas personas se olviden de ellas mismas y pidan perdón incluso cuando no tengan que hacerlo. Por ello, la mejor solución es tratar de buscar la forma de dialogar, manteniendo el mutuo respeto y si no es posible reflexionar sobre lo que está sucediendo. E incluso si no somos capaces de controlar la situación, lo recomendable es pedir ayuda, pues las dinámicas tóxicas en las relaciones pueden hacer mucho daño. 

CN