La filosofía que promueve llorar una vez a la semana para estar en paz

La ciencia lleva décadas informando de los efectos beneficiosos del llanto en nuestra salud mental

Lloramos a escondidas. Lloramos sintiéndonos como si estuviésemos desnudos delante de mil personas. Tímidos, avergonzados, expuestos. Lloramos como último recurso, cuando no podemos frenarlo un segundo más. Lágrimas indeseadas muriendo, preferiblemente para nuestro enclenque orgullo, en soledad. Lloramos con culpa. Y así, lagrimilla a lagrimilla, hemos alimentado el tabú y levantado una obra teatral colectiva donde nadie parece llorar, pero todos sabemos que todos lo hacemos. Trump. Rosalía. Tu padre. Tu vecina. Tú. Yo. Y lejos de sonrojarnos, el japonés Hidefumi Yoshida quiere que lo hagamos más.

Método antiestrés

Hace cinco años un alumno de Yoshida, por aquel entonces profesor de secundaria en un instituto, rompió a llorar tras mucho tiempo sin hacerlo. Los efectos terapéuticos de aquel llanto sobre el joven sorprendieron tanto a Yoshida que inició, junto a Hideho Arita, profesor emérito de la facultad de medicina de la Universidad de Toho, una inmersión profunda en el impacto de este mecanismo humano en la salud. Así descubrieron, como afirma Junko Umihara, profesor de la Nippon Medical School, que “el llanto es un acto de autodefensa contra la acumulación de estrés”. Derramar lágrimas, en otras palabras, nos alivia.

La explicación, según estos expertos, sería fisiológica: llorar destensa los nervios autónomos al estimular la actividad nerviosa parasimpática, lo que reduce el ritmo cardíaco y, como consecuencia, disminuye la sensación de estrés. Basándose en todo esto, Yoshida, de 43 años, se autoproclamó entonces “maestro de lágrimas” y comenzó a impartir masterclass por escuelas y empresas de todo Japón, que ya promueven el llanto semanal entre sus alumnos y trabajadores. Su discurso es claro: “Si lloras una vez a la semana puedes vivir una vida libre de estrés” porque “llorar es más efectivo que reír o dormir”.

Llorar de manera natural

Yoshida confía tantísimo en el llanto como herramienta para mantener higienizada nuestra salud mental que, en caso de no poder hacerlo de manera natural, promueve el consumo de películas melodramáticas, novelones ablandacorazones o música megatristona para que acabemos con los ojos empapados, mocos escurridizos y la cara hecha un poema. No hablamos únicamente de permitirnos llorar, rompiendo nuestro prejuicios, sino incluso de forzar el llanto si resulta necesario. Una práctica un tanto extrema que Yoshida defiende en base a los beneficios fisiológicos. ¿Pero qué piensa un psicólogo de todo esto?

“Ejercitar las emociones como práctica rutinaria puede ser sano fisiológicamente hablando. O al menos no tengo evidencias empíricas para poder contradecir a Yoshida. Pero creo que forzarnos a sentir tampoco es lo más coherente con nuestra emocionalidad. Si no sentimos tristeza, buscarla de manera premeditada para generarnos llanto es como practicar actividades de riesgo o consumir sustancias: buscas sensaciones que disparen distintos químicos en el cerebro y provoquen una sensación de liberación”, cuenta el psicólogo humanista Gerardo Castaño, quien no obstante rompe una lanza en favor del llanto.

Soltar lo acumulado

El llanto desde una emoción genuina es tremendamente liberador”, dice Gerardo. Cuando esa angustia, tensión nerviosa, vacío existencial, frustración, ansiedad o cualquier otra emoción mal llamada negativa te empuja al llanto irremediable, este “viene cargado de recuerdos, significados y necesidades coherentes respecto a lo que estás viviendo en ese momento”. Llorar se convierte entonces en un acto de aceptación del lado amargo de la vida. Un 'dejar de resistirse'. Un 'soltarlo todo'. “Las emociones son herramientas adaptativas y reprimirlas solo genera más estrés y malestar a largo plazo”, añade el psicólogo.

Con sus diferencias, Yoshida y Gerardo coinciden en el valor sanitario de echarse unos llantos. Pero no son los primeros. El investigador William Frey, del Ramsey Medical Center de Mineápolis, reveló en 1981 mediante un estudio titulado Tears Expert que llorar libera endorfinas que nos generan sentimientos de felicidad y bienestar. Además, y como él mismo explicó en The New York Times, “otros procesos como exhalar, orinar, defecar o sudar liberan sustancias tóxicas del cuerpo, y hay razones para pensar que el llanto hace lo mismo liberando sustancias químicas que el cuerpo produce en respuesta al estrés”.

Fuera represiones

Mirémoslo de otra manera: llevamos casi 30 años sabiendo científicamente que llorar es beneficioso para nuestro equilibrio mental, para nuestra paz interna, y aún así todavía tienen que aparecer personas como Yoshida para motivarnos a hacerlo. O al menos para hacernos sentir un poquito menos mal por mostrarnos vulnerables. Frente a los demás y frente a nosotros mismos. ¿Quién no se ha sentido débil alguna vez por rendirse al maremoto emocional que provoca el llanto? Son los clásicos imperativos sociales tipo “hay que ser fuerte” o “hay que plantarle cara al dolor” haciendo su trabajo.

“Es algo común y ocurre especialmente con los hombres. Lo tenemos tatuado en la cabeza. Es un juicio crítico automático que nos hunde. Connotaciones que vienen provocadas por el constructo social y cultural en el que nos movemos. Por eso tendemos a reprimirlo. Por hacernos los duros, por no dejarnos afectar en ciertos momentos, por avengonzarnos”, dice Gerardo. ¿Necesitas un motivo sólido para llorar? Quizá sea este. Que sigamos tragándonos esos mensajes ridículos. En su lugar, dice Gerardo, “debemos intentar ganar consciencia” de nuestras emociones y, llegado el momento, llorar tanto como pida el alma.