Amigos, pareja y trabajo: una experta en autoestima me enseña a ser la mejor versión de mí misma

Herminia Gomà es una pionera de la psicología y el coaching autora del libro 'Autoestima para vivir'

"No me saldrá bien", "no le voy a gustar" o "van a dejar de quererme", son algunos de los pensamientos que nos persiguen a las personas que tenemos poca autoestima. Como la gran mayoría, contamos con cualidades de sobra pero no creemos en nosotras como deberíamos y, por tanto, no siempre disfrutamos de nuestra vida como nos gustaría. Así que para entender cómo podría acabar con este lastre que ha hecho que me pierda muchas cosas a lo largo de los años, hice una terapia express con Herminia Gomà. Ella, que es psicóloga, coach, directora del Instituto Gomà y autora del libro Autoestima para vivir, cuenta con una larga trayectoria que empezó en el 1981 al estudiar sexología.

"Lo hice para ayudar a los demás. Piensa que salíamos de 40 años de dictadura, aislamiento, ignorancia y represión. Pero en los cinco años de carrera no aprendí nada sobre sexualidad y sí sobre psicoterapia”, explica Herminia al exponer la razón por la cual acabó decantándose por la psicología. Una profesión que empezó a ejercer en el 1986 haciendo terapias de autoconocimiento antes incluso de que se inventara el concepto.

En 1996 volvió a ser una pionera en la psicología al crear los primeros cursos en Cataluña de desarrollo de la inteligencia emocional, autoestima y resolución de conflictos, entre otros, y más tarde, un curso de coaching cuando en España todavía estaba aterrizando este anglicismo y todo esto culminó con la fundación en 2001 de su propio centro de atención psicológica.

Así que no cabe duda de que estoy en buenas manos. "Confío plenamente en el gran poder de cambio que tenemos las personas para hacerlo”, cuenta Herminia desde la terraza del Instituto Gomà, donde estoy a punto de comprobar si con su ayuda entenderé, de una vez, qué herramientas necesito para acabar con esta falta de autoestima que condiciona mis amistades, relaciones afectivas y trabajo. Estos tres ámbitos que más nos preocupan a los jóvenes y en los que no paramos de meter la pata. 

Miedo a no ser querida por mis amigos

Le cuento a la experta que crecí entre dos polos opuestos, con una madre demasiado atenta y un padre muy pasota. Algo que, aunque es habitual entre muchos niños, puede quedar arraigado en nuestro interior y socavar nuestra autoestima. Prueba de ello es que, según Herminia, ese pasado es el que hoy hace que tenga un miedo inexplicable a ser rechazada por mis amigos, a que un día se alejen de mí por algún un gesto o unas palabras "inapropiadas". "Cuando eras pequeña interpretaste el pasotismo de tu padre como un rechazo, y ahora, proyectas tu infancia en tus amigos y, por tanto, tienes miedo a ser repudiada", cuenta Herminia sobre una realidad que hace que no me vea del mismo modo que me miran los demás y que, a veces, no diga lo que pienso por miedo a ser apartada.

Un caso similar en el que trabajó la experta es el de unos adolescentes que bebían y consumían drogas para encajar en su grupo de amigos. Ellos no querían hacerlo, pero les importaba más sentirse arropados por los demás que ser fieles a sí mismos. Afortunadamente, la psicóloga les despojó de ese comportamiento haciéndoles entender que los buenos amigos son los que nos quieren tal y como somos y, en definitiva, aquellos con los que podemos disfrutar del aquí y ahora. Y precisamente esto, vivir el presente, es lo que Herminia dice que necesito para que no me duela un posible rechazo que, en realidad, solo existe en mi cabeza.

"Pasas el día recordando si dijiste algo inapropiado —ocurrió en el pasado— y pensando si algún día te rechazarán —futuro—, y eso te genera ansiedad. Para evitarlo tienes que aprender a disfrutar de los momentos en los que te toca estar sola, leer o mirar una película, y de aquellos en los que estás con tus amigos", cuenta Herminia al hablar de una solución que, como refleja ahora mi expresión, no tengo ni idea de como materializar. Ella lo nota y me lo aclara: "es crucial que eches de menos a tus amigos sin pensar regularmente en ellos porque, de lo contrario, no disfrutarías de su compañía cuando estás con ellos, no los valorarías como toca". Y entiendo que debo aprender a valorar mi propia compañía tanto como la de los demás.

Inseguridad ante la persona que me gusta

Todos nos hemos puesto nerviosos o hemos sentido vergüenza al estar con alguien que nos gusta de verdad. Pero las personas con poca autoestima podemos también sentir otras sensaciones que anulan todas las posibilidades de ser correspondidas. En mi caso, me invade una inseguridad que entorpece cada uno de mis movimientos y palabras y, entonces, dejo de ser yo misma. Algo que Herminia considera que tiene que ver con mi homosexualidad no revelada: "Al estar dentro del armario cuando eras más joven, sentiste que no eras correspondida por las personas que te gustaban y, por tanto, ahora crees que no gustarás a los demás". Cosa que coincide con mi experiencia ya que durante años pensé que había algo malo en mí porque las personas a las que deseé durante infinitas horas nunca me besaron, acariciaron ni se acostaron conmigo.

Pero afortunadamente, no todo está perdido. Para evitar que mis demonios del pasado perjudiquen a mi presente, la experta indica que la clave es ser yo misma, ser coherente con lo que toca en cada momento —hacer bromas cuando sea oportuno y estar seria cuando lo sea—. “Es el modo de gustarte a ti misma y, en consecuencia, de poder gustarle a la otra persona”, cuenta Herminia y me asegura de que, si no me muestro, nunca saldré de esta espiral que no me lleva a ninguna parte. "Si no aprendes a ser espontánea, no gustarás a la otra persona porque pensará que eres una falsa. Así que, en lugar de conseguir que se acerque a ti, solo conseguirás que se aleje", dice Herminia al hablar de una premisa capaz de empujarme a conseguir lo que nunca he llegado a tocar y, acto seguido, añade: "no hay nada peor que no ser uno mismo". 

A lo largo de los años, Herminia Gomà ha trabajado con mujeres que se dejaban maltratar por sus parejas porque pensaban que, de lo contrario, las abandonarían y, por tanto, se quedarían solas. Obviamente su situación no es comparable a la mía, pero refleja hasta qué punto nos podemos dejar denigrar si no nos valoramos a nosotros mismos. 

Terror a los errores

A pesar de llevar dos años trabajando en el mismo sector, aún hay ocasiones en las que una sensación de inseguridad me invade y pienso que lo que estoy escribiendo es una mierda que mis jefes acabarán tirándome por la cabeza. En ese momento mis dedos se quedan agarrotados sobre el teclado y aparece un irracional miedo a equivocarme, como si pensara que una errata puede desencadenar algo terrible que es capaz de joder todo lo conseguido. Y eso me impide disfrutar de lo que más me gusta: escribir. 

A Herminia le llegó una joven de 25 años con un problema similar: no sabía decir que no a ningún encargo —aunque no tuviese tiempo de terminarlos todos—. Creía que, si no lo hacía sus superiores pensarían que no era útil y, por tanto, se quedaría sin trabajo. Aunque esa dinámica le hacía ir siempre cansada y estresada, tuvo que llegar a estar "quemadísima" y a punto de dejar el trabajo para acudir a la consulta de la experta, que acabó sacándole las inseguridades que estaban acabando con ella.

La psicóloga asegura que yo también puedo evitar caer en esta situación minimizando las posibles consecuencias de cometer errores: "piensa: ¿qué es lo peor que puede ocurrir? Que me corrijan y acabe aprendiendo". Algo que puedo llegar a creer de verdad si me lo repito a diario y, al mismo tiempo, recuerdo que "equivocarse es necesario porque si no me equivoco no me corregirán y, por tanto, no aprenderé nada. Tienes que ser consciente, agarrar a tu mente y decirle: ‘no me vas a engañar'".

Si has leído hasta aquí debe ser porque la autoestima tampoco es tu fuerte. Quererse a uno mismo debería ser lo más natural del mundo y la conversación con Herminia Gomà nos demuestra lo mucho más fáciles que serían nuestras vidas si partiéramos de esa base. Es decir que la autoestima debería ser un punto de partida, no uno de llegada para que luego podamos dedicar nuestros esfuerzos a conseguir lo que realmente queremos porque, como dice la experta: "cualquier persona que está dispuesta a luchar por sus sueños, puede conseguir lo que quiere".