Hacer las cosas en slow motion es la meditación perfecta para quienes no quieren meditar

Disminuir la velocidad permite percibir más detalles del presente y conectar con lo que haces

Tenemos la palabra meditación hasta en la sopa. La presión entusiasmada para que tú también la pruebes y te unas al club de los iluminados es real. "A mí me ha cambiado la vida". "Yo también sufría mucha ansiedad hasta que empecé a meditar todas las mañanas". "Ya no imagino mi vida sin esos diez minutos diarios". Y aunque algunas personas sean un poquito cansinas, el trasfondo es cierto: la meditación mejora nuestras habilidades de atención, nuestra gestión emocional y, en última instancia, nuestro bienestar mental. Pero requiere entrenamiento. Uno que no todo el mundo desea realizar.

Por eso Steven Hayes, profesor de psicología de la Universidad de Nevada, propone una estrategia alternativa. "Algunas personas carecen de tiempo o disciplina para practicar. Otras se confunden sobre si lo están haciendo "correctamente" y se rinden. Y a otras simplemente no les gusta la meditación. Pero todos sabemos que necesitamos más flexibilidad atencional, emocional y cognitiva en nuestra cultura. No permitamos que los métodos y que las etiquetas interfieran. Busquemos formas de avanzar que no asusten a nadie y puedan incorporarse fácilmente en la vida diaria".

Como el slow motion. Sí, has leído bien: slow motion. Según Hayes, autor de decenas de libros sobre salud mental, con esta técnica puedes practicar la atención plena "en cualquier momento y en cualquier lugar" sin tener que sentarte en la posición de loto mientras entonas unos cuantos mantras Om. "Elige una actividad y hazla a media velocidad. Tus patrones de atención cambian naturalmente a medida que disminuyes la velocidad. Te das cuenta de que hay secuencias de eventos dentro de las acciones y que las coordinas de una manera intencional que requiere cierto grado de atención consciente".

Puedes practicar el slow motion mientras te pegas una ducha. O mientras cocinas, cortando las verduras lentamente en comparación con cómo lo harías normalmente. O al vestirte. "Notarás la necesidad de moverte rápido y tal vez incluso dudas al estilo 'esto es una estupidez' o 'esto no funciona'. Está bien. Notando esos impulsos y pensamientos, y luego continuando en cámara lenta, practicas las habilidades de aceptación", explica el psicólogo, que recomienda ir aumentando progresivamente el tiempo que te mueves a menor velocidad. "30 segundos. Luego un minuto. Y luego tal vez incluso tres minutos".

El objetivo está claro: reducir la endiablada velocidad con la que vamos por la vida para percibir muchas más cosas y estar mucho más presente. Como añade Hayes, "notarás automáticamente más facetas de la experiencia y más riqueza y complejidad, incluso en las acciones 'simples'". Aquí y ahora sin tener que meditar. Desde luego merece la pena intentarlo. Eso sí, y por favor, avisa a tus compañeros de piso de que estás practicando un slow motion consciente. Si entran en casa y te ven moviéndote como un perezoso de tres dedos podrían pensar que se te ha ido la cabeza.