Aprende A Apagar El Piloto Automático Y A Vivir Con Atención Plena

Amanece, abres los ojos y mantienes la mirada al techo durante unos segundos. Sientes la paz que habita dentro de ti una última vez antes del pistoletazo de salida: preparar el desayuno, engullir, cepillarse los dientes, ducharse, mirar el correo, dirigirse al trabajo, volver a casa. Una nueva carrera contrarreloj está a punto de comenzar mientras las prisas, el estrés y preocupación comienzan a inundar tu mente. Es el inicio de la misma carrera de todos los días. Y, como de costumbre, vas a correrla con el piloto automático encendido.

Un día más vas a desperdiciar una preciosa oportunidad de disfrutar la sensación de estar vivo. Porque actúas como un robot. Ejecutas cada actividad diaria como lo haría una Thermomix. Quizá incluso peor: ella está absolutamente pendiente de cada acción, pero tú estás siempre pensando en la tarea siguiente, en el problema siguiente. Reflexiona detenidamente, esa máquina presta más atención a la zanahoria que corta de lo que lo haces tú. Porque tu mente no anda concentrada en el cuchillo, el tacto de la zanahoria, su color o su olor. Tu mente anda divagando en cualquier otra cosa que no tengas entre las manos.

Según explica el equipo de Intimind —una app que te enseña a entrenar tu atención— esta automatización de las actividades tiene una explicación desde el punto de vista de la psicología evolutiva y la neurociencia: mecanizar hábitos reduce el empleo de nuestros recursos cognitivos y concede descanso al cerebro. Imagina lo agotador que sería tener que pensar y planificar todas y cada una de las microacciones que forman parte del acto de caminar o de sentarse. Una locura. El piloto automático nos permite liberar espacio en nuestra mente.

La pregunta es: ¿espacio para qué? ¿para perdernos en nuestros pensamientos? ¿para perdernos el instante presente, el ahora, lo único que existe, a cambio de darle vueltas como una lavadora a todo lo que pasó o está por pasar? ¿No hemos aprendido ya que el exceso de pasado conduce a la tristeza y el exceso de futuro conduce a la ansiedad? ¿No deberíamos aprovechar ese espacio liberado en el disco cerebral para simple y llanamente estar atentos a lo que nos rodea?

Luego te preguntas cómo es posible que no recuerdes qué has desayunado, si te lavaste el pelo cuando te duchaste o si estaba abierta la panadería que hay de camino del trabajo. Te lo estás perdiendo todo. Cada detalle que marca la diferencia, cada particularidad que esconden las mañanas, cada estado de ánimo único que envuelve la noche. Todo. Porque esa herramienta mental llamada piloto automático se ha hecho con el control de tu vida. Se está excediendo en sus funciones y tú lo estás consintiendo.

Además de las actividades cotidianas, el piloto automático actúa sobre tus emociones. Si no estás al mando cuando ocurren las cosas, la mente encontrará el camino neuronal preestablecido entre un estímulo y una respuesta. Un atasco te producirá frustración. Un empujón te producirá ira. Saludar a tu pareja será algo mecánico. Jamás tendrás la oportunidad de observar la emoción, entenderla y reconducirla. Te estás condenando a vivir lo mismo una y otra vez en un bucle. Y así no hay manera de crecer o de hacer crecer una relación afectiva.

Para ser feliz es necesario ser, es necesario estar. Que desempeñes con suma eficiencia tus tareas diarias en esa contrarreloj infernal no significa que estés vivo. Eso también puede hacerlo tu ordenador. Pero ser consciente, entregarse a la plena atención (eso que los ingleses llaman mindfulness), dedicarle todos tus sentidos a cada ínfima cosa que haces, eso no puede hacerlo ningún ordenador por mucha memoria RAM que tenga.

Por eso es trascendental que sepas regresar al presente cada vez que la mente comience a recordar o fantasear. Que sepas romper la continuidad de ese piloto automático tan vacuo y gélido que domina tu día a día. Que sepas detener el frenesí de la mente por saltar de una actividad a otra de manera automática y sin saborear absolutamente nada. Y para eso, es necesario tener en cuenta qué es lo realmente importante en la vida y ser conscientes de que un día, de golpe y porrazo, ya no estaremos aquí. Después de todo, vivir es lo fácil. Lo difícil, y absurdo, es correr como un autómata la misma carrera cada día de tu vida.