Materia fecal llena las playas de Ibiza debido al turismo masivo

El aeropuerto de Ibiza vierte aguas fecales muy por encima del límite legal directamente al Torrent de sa Font

El turismo masivo lleva décadas siendo un problema en Ibiza, pero el incremento de los visitantes de estos últimos años, tras la pandemia, está llevando a la isla a una situación insostenible. En muchos sentidos: el de la tranquilidad vecinal, el del alojamiento y, ahora, además, el de la salubridad, pues la afluencia descontrolada de turistas está generando poco a poco una saturación de las depuradoras con graves consecuencias en las playas de la isla. Sí, algunas de ellas se están llenando de materia fecal, entre las que se encuentran zonas localizadas en parques naturales protegidos. Dicho de un modo poco elegante, hay más mierda en Ibiza de la que sus infraestructuras parecen poder soportar.

El periodista Isra Fdez pone como ejemplo el propio aeropuerto de Ibiza. Según su investigación, “se diseñó para tratar los residuos de entre 5 y 6 millones de pasajeros al año”, pero el aumento desproporcionado del turismo está haciendo que “ahora mismo gestione más de 9”. Estamos hablando de que la infraestructura lidia con casi el doble de la materia fecal de la que debería. En consecuencia, advierte Fdez, “la depuradora vierte aguas fecales muy por encima del límite legal directamente al Torrent de sa Font, un cauce que nace en la Serra Grossa, recorre nueve kilómetros y desemboca en la playa de Es Codolar, dentro del precioso Parc Natural de ses Salines de Eivissa i Formentera”.

Es muy triste. Y muy peligroso. Hasta tal punto que, según análisis de Alianza por el Agua, casi 150.000 personas en Ibiza no pueden beber agua directamente del grifo. Se ven obligados a comprarla embotellada para no caer víctimas de bacterias fecales. Lo más trágico de todo esto es que estas aguas contaminadas forman parte de la vida natural de la isla, lo que implica que puede ser un problema no solo humano, sino también animal. Mientras tanto, apunta Fdez, “AENA se defiende alegando que algo de agua ya tratada se puede escapar a veces”, aunque los análisis científicos prueben concentraciones bacterianas muy por encima de lo recomendado por las autoridades sanitarias.

Pero haríamos mal en considerar esto una tragedia aislada de Ibiza. Las Islas Baleares en general, así como otras áreas extremadamente turísticas de nuestro país se encuentran sometidas a la misma presión. La premisa es sencilla: no hay una infraestructura civil suficiente para la cantidad de personas que se concentran en ellas durante varias semanas al año. Simplemente los recursos no dan. En este sentido, escribe este periodista, “España arrastra este problema como un tronco: el Tribunal de Justicia de la Unión Europea condenó al Estado español en diciembre de 2025 por incumplir de forma reiterada la directiva europea sobre aguas residuales urbanas”. Y no parece que tenga fácil solución.