Los centros de datos de las grandes tecnológicas amenazan la calidad de vida de nuestras zonas rurales

Parece ser, según los expertos, que la automatización de los centros de datos conduce a que la creación de puestos de trabajo sea puramente anecdótica

En esta sociedad hiperdigital nuestra todo parece hecho de intangibilidad. Los datos. La nube. Pero no es así: las grandes compañías tecnológicas necesitan de millones de discos duros encendidos en todo momento para ofrecer los servicios que ofrecen. Son los llamados centros de datos. Grandes granjas de servidores que, como explica el periodista Alberto Mesas, “consumen una enorme cantidad de electricidad, gastan miles de litros de agua y amenazan con convertirse en un nuevo pelotazo inmobiliario que destroce el medioambiente”. Especialmente el de las zonas rurales. Sí, son ellas, las más despobladas, las más abandonadas, las que las tecnológicas están eligiendo para plantar sus granjas.

Las razones son diversas. Para empezar, estas regiones de la España vacía, como muchas de las que conforman Aragón o Castilla-La Mancha, son muy susceptibles a las promesas de desarrollo laboral. Sí, es más fácil convencer a la gente de que es una buena idea ponerles un colosal centro de datos frente a sus hogares cuando llevan años viendo cómo la escasez de trabajo obliga a las nuevas generaciones a abandonar sus pueblos. Pero no es solo eso. Como apunta este mismo periodista, “varios gobiernos autonómicos están priorizando y agilizando la construcción de estos centros de datos en sus territorios”. Especialmente desde el boom de la inteligencia artificial generativa de estos años.

Aunque no todo es conformidad. Como recoge Mesas, de forma paralela se ha ido gestando en estos últimos tiempos un sentimiento de resistencia en parte de estas regiones. La visión de todo este asunto, refleja la portavoz de la asociación sin ánimo de lucro Tu nube seca mi río, Aurora Gómez, a El Salto, es que las zonas elegidas por las compañías “son zonas de sacrificio donde van recayendo los daños que deja el capitalismo, sin que a las multinacionales les importen ni las vidas ni la salud de la gente que vive en ellas”. Y es que estos enormes centros de datos drenan los recursos naturales a una velocidad desproporcionada. Esto afecta a las personas, a los animales y a los ecosistemas.

¿Y la promesa de empleo? Parece ser, según los expertos, que la automatización de los centros de datos conduce a que la creación de puestos de trabajo sea puramente anecdótica. En absoluto compensaría los daños medioambientales y, por lo tanto, también económicos, que provoca la voracidad hídrica y eléctrica de estas granjas. En palabras de uno de los portavoces de Ecologistas en Acción de La Manchuela, Toni Jorge, para el citado medio, “de esta inversión no va a haber retorno alguno al territorio y los beneficios se van a ir fuera. Europa y España continúan con su carrera suicida para no quedarse atrás en una tecnología que no va a aumentar el bienestar de la población”.