El Gobierno quiere crear un impuesto para las empresas que sustituyan trabajadores por IA

La recaudación puede utilizarse para promover empleo público y ofrecer prestaciones de apoyo para paliar el destrozo de la IA en el mercado laboral y en la vida de la gente

Durante toda la historia de la humanidad ha habido muchos inventos que han puesto patas arriba e incluso dinamitado sectores profesionales enteros. Pero lo de ahora es distinto: el surgimiento de la inteligencia artificial amenaza con ser crítica para prácticamente todos los puestos de trabajo a largo plazo. Y eso tiene preocupada a mucha gente. No es una preocupación agorera: ya se está viendo que algunas grandes corporaciones están reduciendo sus plantillas por, entre otros motivos, la implementación de la IA. Esto ha motivado un movimiento dentro del Gobierno: la ministra de Sanidad, Mónica García, ha propuesto en el Congreso un impuesto por la sustitución de trabajadores por IA.

¿Pero por qué exactamente? Pues parece haber varios motivos detrás de esta decisión. Para empezar, y como apunta el periodista Víctor Santos, porque el Gobierno español ha comprendido que “la sociedad actual no está percibiendo los réditos económicos de la automatización”. Una idea que el senador demócrata de los Estados Unidos, Bernie Sanders, lleva defendiendo desde hace varios años ya. Y es que la búsqueda de la igualdad social, del reparto del bienestar, tiene que pasar necesariamente por la buena redistribución de la riqueza, algo que no estaría ocurriendo con las inteligencias artificiales: las empresas se ahorran pasta en sueldos, pero ni trabajadores ni naciones ganan nada.

La otra razón es sencilla: la recaudación por ese impuesto puede utilizarse para promover empleo público, prestaciones de apoyo y otras ayudas que contribuyan a paliar el destrozo de la IA en el mercado laboral y, en consecuencia, en la vida de la gente. Y, quién sabe, quizás, y como han venido avisando ya muchos expertos a lo largo de estos últimos años, nos vayamos dirigiendo a una sociedad sin empleo con un ingreso universal. Es solo una posibilidad. Lo que está claro es que la financiación deberá salir de algún lugar y que sean las empresas que miran por su bolsillo y despiden gente las que corran con los gastos vía impuestos parece bastante justo. Al fin y al cabo, esta sociedad es de todos.

Una perspectiva valiente que puede toparse con la oposición de las grandes tecnológicas. Porque no les gusta que nada ni nadie les quite ni una pequeñísima parte del enorme pastel que tienen. Lo hemos visto recientemente con el anuncio de Pedro Sánchez desde Dubái sobre la intención de prohibir el acceso a las redes sociales a los menores de 18 años: la casta tecnológica, con Elon Musk o Pável Durov, se ha lanzado al cuello del ejecutivo. Pero es que nunca en la historia fue fácil hacer justicia quitándole a los que ostentan el poder para repartirlo entre todos. Nunca. Lo que pasa es que en este momento de la historia puede que no tengamos otra opción. La IA es una amenaza profunda y real.