El próximo 27 de octubre será un momento clave para la situación en Oriente Medio: tendrán lugar las nuevas elecciones nacionales de Israel. Y la cosa no pinta demasiado bien para Benjamin Netanyahu. Como asegura el periodista Mikel Ayestaran, “los sondeos sitúan al primer ministro israelí, que suma dos décadas en el poder, lejos de la mayoría necesaria para formar gobierno”. Un panorama que está llevando a Netanyahu a tomar decisiones orientadas a ganar puntos tanto frente a la ciudadanía como frente a sus socios de gobierno. Entre ellas, la de intensificar los ataques hacia el pueblo palestino. Sí, a estas alturas, ya sabemos que el supuesto alto al fuego es una ilusión.
Así lo explica la especialista en la región Gwenaelle Lenoir: “El lunes 24 de agosto, ataques aéreos y disparos israelíes mataron a siete personas en la Franja de Gaza, entre ellas un niño pequeño y una niña. Hassan al-Hafi, de 4 años, murió cuando su casa, situada en el campo de refugiados de Al-Bureij, fue blanco de un ataque. Amal Nash’at Abu Khater, cuya edad no se ha precisado, falleció a causa de las heridas provocadas por disparos israelíes en la zona de Jan Yunis”. Y no solo está ocurriendo en la franja: Netanyahu también está intensificando el genocidio en otras zonas paslestinas como Cisjordania. Las vidas de todas estas personas son solo piezas de su tablero político.
“A medida que avanza la campaña se endurecen las medidas contra los palestinos porque históricamente la mano dura ha servido para ganar votos. En la carrera hacia el 27 de octubre se han multiplicado los puestos avanzados ilegales, las demoliciones y los desalojos en Cisjordania y Jerusalén Este y en Gaza van más allá de los ‘asesinatos selectivos’ a pesar del alto al fuego acordado”, señala el propio Ayestaran. Mientras tanto, para desgracia de la mayoría, para sorpresa de nadie, la comunidad internacional sigue sin lucir la determinación suficiente para frenar esta barbarie. No existe perdón ninguno ni para los genocidas ni para quienes pueden pararlos y no lo hacen.
Lo más triste de todos es que las elecciones no van a solucionar el problema: ni uno solo de los partidos políticos que se pueden hacer con el gobierno israelí el próximo 27 de octubre apoya la solución de los dos Estados. Esto implica que el fondo de la cuestión seguirá intacto. De hecho, todo parece indicar que las elecciones no serán un momento de juicio hacia los crímenes de guerra de Netanyahu, sino hacia su papel en los atentados del 7 de octubre de 2023, hacia si pudo hacer las cosas mejor para salvar vidas israelíes. Mientras tanto, niños y adultos palestinos son víctimas de la violencia militar diariamente. Ellos no votan. Ellos no deciden. Ellos no importan.
