Los seres humanos llevamos toda la vida atacándonos los unos a los otros, pero no fue hasta 1864, explica el experto en derecho Shannon Bosh, de la Universidad Edith Cowan de Australia, cuando entendimos que había que parar de atacar a los centros sanitarios y firmamos el primer tratado que protegía tanto al personal médico como a los soldados heridos. Se trataba del Convenio de Ginebra original. Más tarde, en 1949, los estados volvieron a acordar una normativa similar de guerra materializada en los nuevos Convenios de Ginebra. Creíamos haber avanzado moralmente. Creíamos ser mejores de lo que veníamos siendo. Pero ahora la barbarie está surgiendo de nuevo.
Y es que los ataques a centros sanitarios en zonas de guerra no paran de aumentar. “En enero, Médicos Sin Fronteras informó de que los ataques contra instalaciones y personal médico habían alcanzado niveles sin precedentes en todo el mundo. Solo en 2025 se produjeron 1.348, el doble de los registrados en 2024”, señala el propio Bosh. Y la cosa no ha hecho más que empeorar desde entonces. Según datos de la Organización Mundial de la Salud, la alianza Israel-EEUU ha lanzado en menos de un mes 27 ataques contra centros sanitarios solo en el Líbano. También viene pasando en Gaza, en Afganistán y en Irán, entre otros muchos lugares. El tratado ya no vale nada.
Ante este panorama, afirma este experto, “el Consejo de Seguridad de la ONU, la OMS, la MSF y ACNUDH han expresado su preocupación por el hecho de que los ataques contra el personal y las instalaciones médicas, y la falta de rendición de cuentas por ellos, se están normalizando de forma peligrosa”. Las consideran violaciones del derecho internacional. ¿Y qué dicen los agresores? Pues en general se amparan en una nota a pie de página de los convenios que protegen las instalaciones sanitarias: que si son utilizadas para dañar al enemigo pueden perder su protección especial. Es decir, que si Israel dice que Hamás u Hezbolá operan en un hospital puede atacarlo.
Aunque esto no es realmente así. Para empezar, apunta Bosh, “la protección solo puede perderse si los hospitales se utilizan para lanzar ataques, servir como puestos de observación, almacenar armas, actuar como centro de mando o dar refugio a combatientes sanos”. Pero, incluso así, ningún estado ni milicia puede atacarlo sin más, sino que antes debería emitir una advertencia y conceder un tiempo razonable para que se use debidamente. Algo que parece no suceder en algunos de los conflictos vigentes. Además, está la sombra de duda: ¿de verdad opera el enemigo desde ese hospital o es una coartada para dañar a la población civil sin dar muchas explicaciones?
