Nuestra sociedad siempre ha encapsulado el amor romántico en las relaciones de pareja: los regalos inesperados, las declaraciones de afecto o los gestos apasionados han sidos históricamente potestad de este tipo de vínculos. El problema es que en la actualidad, y con una brecha política y emocional cada vez mayor entre las mujeres y los hombres de la generación Z y posteriores, como ya te contamos en nuestro artículo sobre el heteropesimismo, cada vez más porcentaje de mujeres tiene problemas para encontrar una pareja que cumpla sus espectativas. Y eso lleva a dos lugares muy diferentes: renunciar al amor romántico como ejercicio de inconformismo con el mercado de citas o integrarlo dentro de otro tipo de relaciones. Como en las de amistad.
Y esto último está pasando cada vez más. Como explica la periodista Laura Pitcher, “en internet, especialmente entre las mujeres jóvenes, existe un creciente debate sobre el carácter romántico de las amistades, y muchas comparten que las encuentran más íntimas que sus relaciones románticas”. No es que sean más estables o sólidas. No es que sean más sencillas o satisfactorias. No es que sean más profundas. Es que son literalmente más románticas. Y esto es un cambio de paradigma en el que las mujeres, hartas de hombres que arrastran conductas sexistas, o incluso las intensifican fruto de la ola reaccionaria que afecta a los hombres jóvenes en muchos países, deciden que necesitan ese romanticismo y se lo van a proporcionar entre ellas mismas.
En palabras de una de las entrevistadas por Pitcher, “la forma en que me siento con mis amigas es algo que nunca he sentido con mis relaciones heterosexuales”. Esa sensación de que el vínculo será eterno. Esa absoluta comodidad que te hace sentir que estas en casa. Ese enfocar tus esfuerzos en hacer feliz a la otra persona. Todo ese se empaqueta ahora y cada vez más en las relaciones de amistad. Unas relaciones que se están resignificando y renombrando: ahora se las viene llamando relaciones platónicas, pues hay un amor muy intenso que no se materializa en deseo sexual. Se produce en ellas, además, un fenómeno de refuerzo puesto que ver lo buenas que son esas amistades eleva las exigencias para las relaciones de pareja.
Una tendencia en la que tiene mucho que ver la saturación del universo de las citas y las aplicaciones a través de las que habita en nuestras vidas. Como dice otra de las entrevistadas, “en este momento, las citas se sienten bastante transaccionales, y todos extrañamos la autenticidad, la franqueza y la vulnerabilidad de las relaciones que se han perdido por el camino”. En el fondo, todo esto es una manera de decir que lo que buscamos en una pareja es un amigo con el que además hay una relación de intimidad más física y sexual, pero que ante todo debe tener esas cualidades propias de la amistad. Una de las mujeres que entrevista esta periodista lo resume a la perfección: “Creo que lo más radical que puedes hacer ahora mismo es ser un buen amigo”.
