La violencia contra las mujeres comienza en la infancia y en la adolescencia. No es un mal que aparezca en sus vidas de repente y sin avisar cuando cumplen 18 años. Algo que el nuevo informe de Red.es y UNICEF, Infancia, adolescencia y bienestar digital, acaba de confirmar de manera tajante: una de cada tres chicas de entre 9 y 17 años con pareja padece o ha padecido en algún momento algún tipo de control digital, lo que incluye control del móvil, revisión de mensajes, exigencia de contraseñas, imposición de normas sobre con quién puede hablar o imposición de normas sobre qué hacer dentro de las redes sociales.
Y lo peor de todo, apunta la periodista Diana Valdecantos, especializada en Igualdad por el Cambridge Judge Business School, “es la normalización del control dentro de las relaciones adolescentes”. Sí, pese a los esfuerzos por cambiar la mentalidad machista de la sociedad, por favorecer la libertad de las mujeres, muchos chavales siguen pensando que lo de revisar el móvil de sus parejas sin permiso o lo de exigir ubicación constante no es ni tan raro ni tan malo. Y, aunque algunos chicos también sufren este acoso por parte de sus novias, la cifra es mucho mayor entre las chicas, muchas de las cuales también lo normalizan.
“Esta violencia no siempre se percibe como tal. Muchas adolescentes interpretan estas conductas como muestras de interés o cuidado, lo que dificulta su identificación y perpetúa relaciones abusivas desde edades muy tempranas”. Y esto tiene dos consecuencias muy graves. La primera de ellas es que la salud mental de las niñas y adolescentes sufre mucho más que la de los niños y adolescentes: “Las chicas presentan peores indicadores de bienestar emocional que los chicos en casi todas las variables analizadas”, dice Valdecantos, lo que incluye satisfacción vital, niveles de ansiedad y niveles de síntomas depresivos.
La segunda es que muchas niñas interiorizan estas experiencias como la normalidad de sus relaciones, lo que conlleva el riesgo de tolerarlas en la vida adulta. Sin ninguna duda, el entorno digital, lleno de pornografía sexista y de reels que hablan de cómo el feminismo está acabando con la masculinidad, influyen mucho en la percepción que se tiene de cómo han de ser las relaciones. Y ellas como siempre se llevan la peor parte. De hecho, un dato más para reflexionar: el 12,5% de las adolescentes ha recibido presiones para hacer sexting frente al 5% de los adolescentes. El acoso que padecen es más sexualizado y humillante.
