Por qué las terapias asistidas con perros ayudan a tanta gente

Los perros actúan como puente entre los profesionales médicos y los pacientes para fortalecer la alianza terapéutica

Te quieren. Te reciben como si vinieras de una expedición antártica de nueve años. Te miran como si fueras lo único importante en el mundo. Y te responden una y otra vez con una nobleza y gratitud que la mente humana es incapaz de comprender. Pero los perros sirven para mucho más. Porque, además de ser los mejores compañeros del mundo, también son los mejores expertos del reino animal a la hora de mediar entre profesionales sanitarios y pacientes de todo tipo. Son las llamadas terapias asistidas con perros o TAP. Un tratamiento completamente al alza.

"Las terapias con perros han crecido muchísimo en nuestro país en la última década. Podemos verlas aplicadas en cárceles, escuelas infantiles, institutos, universidades (donde se incorporan para relajar a los alumnos durante las épocas estresantes de exámenes), centros deportivos u hospitales. Pero los dos sectores que más las utilizan son el del tratamiento de discapacidades y el del cuidado geriátrico. Ellos fueron los primeros en comprender las oportunidades que ofrecen los perros en este sentido", cuenta Natalia Pérez, psicóloga y directora de la asociación Humanymal dedicada al desarrollo y promoción de las intervenciones asistidas con animales.

Pero no es tan sencillo como poner un perro frente a una persona y listo. Estas terapias son bastante más complejas de lo que podríamos imaginar. Según explica la psicóloga, requieren de una planificación de objetivos, de un seguimiento de la intervención y de una medición de resultados. Y todo llevado a cabo por un profesional médico, sea terapeuta, psicólogo o fisioterapeuta. Porque, como insiste Natalia Pérez, "los perros no hacen el trabajo del profesional humano, sino que son una herramienta puente entre el profesional y el paciente".

En este sentido, la directora de Humanymal detalla qué función específica cumplen nuestros amigos peludos en terapia: "Gracias al perro obtenemos una apertura emocional mucho mayor, sobre todo en personas con enfermedades mentales. Por ejemplo, con niños o adultos que sufren autismo. En estos casos nos resulta difícil intervenir porque el paciente está ensimismado en su mundo interior, pero el perro consigue desfocalizarlo de ese mundo y permitir así que el terapeuta haga su trabajo una vez que el paciente está presente y atendiendo a los estímulos que están ocurriendo a su alrededor".

"También con niños que han sido víctimas de abusos sexuales. En estos casos, el paciente se centra en interactuar con el perro y termina también por desfocalizar. Ya no son conscientes de que el terapeuta le está haciendo una entrevista para averiguar qué le ha ocurrido o de que estás trabajando aspectos emocionales que han quedado dañados por la experiencia", añade la psicóloga. En resumen, los perros consiguen que la alianza terapéutica, tan vital, se construya más rápido y más profundamente.

Esto sirve para una lista casi infinita de problemáticas. Los perros intervienen también en terapias con personas con depresión, personas con ansiedad, ancianos con Alzheimer, niños con TDAH, pacientes de quimioterapia, enfermos de sida y un largo etcétera. Pero no todos los perros sirven para este trabajo. "Debe ser un perro capaz de vincular emocionalmente con una persona que acaba de conocer, lo cual no es tan sencillo como parece. Y debe también ser consciente de estar apoyando a un profesional para conseguir algo positivo de un paciente", recuerda Natalia.

Porque lo son, por extraño que parezca. Tal y como cuenta la especialista, "los perros de terapia bien seleccionados y formados tienen tal nivel de madurez que cuando les colocas el chaleco de terapia entran inmediatamente en modo trabajo y tienen claro qué esperas de ellos". Y no es otra cosa que tres sencillas pero al mismo tiempo complicadas tareas: saber quedarse quietos y tranquilos durante un tiempo prolongado, saber aceptar todo tipo de ambientes y personas, y no ser susceptibles a grandes distracciones por causa del entorno.

Vale, la valiosísima aportación de estos animales queda clara. Pero, ¿qué sacan los perros de todo esto? Natalia agradece mucho poder hablar de este tema, ya que considera que en nuestro país existen ahora mismo dos tipos de entidades diferentes dedicadas a las terapias asistidas con perros: "las que plantean un trabajo unidireccional donde el perro se limita a obedecer y solo obtiene beneficio el paciente, y las que velamos porque exista un equilibrio y de esa forma la terapia también sea una actividad positiva para el animal".

De hecho, Humanymal, la organización que dirige, solo trabaja con perros rescatados. Donde muchos ven un handicap, ellos han sabido ver un plus. "No compramos perros. Los rescatamos de perreras o protectoras, los rehabilitamos y los formamos. A pesar de haber vivido el maltrato, siguen manteniendo una vinculación maravillosa con la gente. Es más, incluso se produce un vínculo especial con colectivos como los niños desamparados, ya que empatizan antes con un perro que también ha conocido la adversidad de ser abandonado", apunta la psicóloga.

La protección de los perros por parte de esta organización, es tal que se niegan a trabajar en condiciones estresantes o con colectivos donde haya riesgo de agresión al animal. El ratio máximo de personas por perro de terapia lo limitan a cinco, aunque suelen ser solo dos. La jornada laboral canina nunca excede las dos horas diarias ni los tres días semanales. Y, además, reciben una atención especial durante esos días: paseos más largos, más actividades estimulantes y masajes al acabar. Luego marchan a casa con su familia, no permanecen en un centro como meras herramientas. Y es lógico: nos dan muchísimo. Que menos que devolvérselo en forma de amor.