Tu obsesión por perder peso se la inventaron unos artistas que romantizaban a la gente enferma

Hasta el siglo XIX lo que molaba era demostrar que podías comer sin reparar en gastos

Estamos en un momento en el que se habla mucho sobre que romantizar las cosas supone un privilegio. Si romantizas la cuarentena es porque no te falta ni comida, ni entretenimiento, ni una buena casa en la que pasar el confinamiento. Si romantizas los países pobres del mundo como lugares mucho más espirituales y solidarios, probablemente es porque estés en ellos solo un par de semanas, durmiendo en un hotel sin cucarachas y bebiendo agua embotellada mientras te sacas fotos. Uno de los mayores ejemplos de romantización en los últimos siglos fue el que tuvo el romanticismo con la enfermedad, concretamente con la tuberculosis. Cuando estar delgado hasta parecer enfermo era la última moda.

¿Quiénes eran los románticos?

Fue el movimiento artístico de principios del siglo XIX. Después de la Revolución Industrial, en las principales ciudades europeas apareció una clase burguesa más o menos sólida. Muchos de los hijos y nietos de esa clase burguesa eran, como principal ocupación, ociosos. Así que dedicaban todo ese tiempo libre a escribir versos, a tener orgías, a quejarse mucho y a romantizar todo lo romantizable. Esto, evidentemente, no quita que fuesen unos verdaderos artistas que generaran obras de tremendo valor. Y, evidentemente, no todos ellos venían de tan buena cuna, aunque sí la mayoría.

Leonardo Alenza

¿Qué inspiraba el arte romántico? Pues tenían un cierto nivel de intensidad que les llevaba a quererlo todo, y a quererlo cuanto antes. Y la romantización fue uno de sus pilares. Alababan a los soldados, piratas, ladrones o monstruos y todas aquellas figuras que estaban más o menos fuera de la ley. Querían ser exploradores o aventureros, y llenaban de flores un mundo que, realmente, nunca llegaron a conocer tal cual era, sin tener que enfrentarse a las penalidades reales de las que hablaban.

Hacia una romantización de la tuberculosis

Una de las cosas que más llamaba la atención de los románticos era la enfermedad. Concretamente, la tuberculosis (una infección pulmonar que mataba a mucha gente por aquella época). Para los románticos, la enfermedad representaba una forma más trascendental de comprender la existencia. Obligaba al individuo a enfrentarse con su propia finitud, a definir su lugar en el mundo y ver de cerca el más allá. Además, muchos de ellos veían la salud como un producto burgués de la época (siendo la mayoría de ellos burgueses), y la enfermedad suponía precisamente lo contrario. Enfrentarse realmente con las cosas y conocerlas de una forma diferente y más profunda o incisiva.

Tate

Aunque no todos los artistas románticos tuvieron una vida breve y enfermiza, sí la tuvieron la mayoría. Novalis, un poeta alemán que murió apenas a los 28 años, fue uno de los más destacados. Convirtiéndose en uno de esos genios fugaces que de vez en cuando alumbran el mundo. Murió, evidentemente, de tuberculosis. Así pues, los artistas románticos consideraron la tuberculosis el no va más de su tiempo. Aunque había una serie de argumentos intelectuales o creativos en los que se apoyaban, también había una fuerte dosis de postureo en todo eso.

El ideal de belleza de un esqueleto

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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La enfermedad no les servía exclusivamente para la creación, también era algo que había que lucir. No eran pocos los artistas y aspirantes a artistas que acentuaban su aspecto enfermizo. Dejaban de comer, dormían poco de manera voluntaria y, en general, no hacían demasiado caso de los médicos. Lord Byron, otro poeta romántico tremendamente genial, murió de fiebre tifoidea porque no dejó que los médicos le atendieran correctamente. Para ellos la enfermedad era la iluminación, y no solo buscaban estar enfermos, también buscaban parecerlo. Se había convertido en una cuestión estética.

¿Y qué pasa cuando la élite cultural decide que algo tiene belleza? Que, por lo general, las clases altas empiezan a imitar esa tendencia. El aspecto cadavérico y delgado que buscaban los artistas para acercarse a la muerte y producir un arte mucho más real y puro fue copiado por los hombres y las mujeres de la alta sociedad. Empezaron a pasar la noche en vela, beber vinagre con agua como única dieta y a tratar de no tomar el sol para estar pálidos, ojerosos y muy delgados durante todo el año. 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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Esto no solo era una buena señal de estupidez de los tiempos y de lo influenciable que es alguna gente (aparte de suponer casi un insulto para los verdaderos enfermos de tuberculosis que no eran artistas y que solo querían estar sanos). También fue un elemento que se quedó en el subconsciente colectivo y que determinó con el tiempo el ideal de belleza. Hoy en día el aspecto ojeroso o cadavérico parece que está volviendo con personajes como Yung Beef o Anwar Hadid. Seguimos viendo cómo el canon de la delgadez condiciona y condicionará los cuerpos de muchas personas, incluso hasta el nivel de la anorexia. Cuando uno de los motivos de su origen, pero no el único, no deja de ser la romantización de una enfermedad.