Estar encerrado en casa está despertando mi yo adolescente

Pensaba que los días de videojuegos y pajas hasta que salía el sol se habían acabado. Pero el confinamiento me ha quitado diez años de encima: ahora vuelvo a mis adicciones 'teen' y seguramente tú también

Me miro al espejo y tengo los ojos bañados en sangre. Confinado en casa y con esta cara, parece que la pandemia que nos tiene encerrados no es un virus, sino un brote zombi. Es en lo que pienso mientras me lavo la cara antes de cenar, con la mente absorbida por el shooter zombi (videojuego de disparos a muertos vivientes) al que llevo viciándome toda la tarde y que me ha dejado los ojos así. Por suerte, 'solo' he jugado cinco horas. Y digo 'solo' porque, aunque objetivamente son un montón, comparadas con el maratón que hice en el finde, que solo descansé para alimentarme, tocarme y hacer un poco de ejercicio, parecen hasta saludables. Ni yoga, ni aprender un idioma, ni leer, ni ser super creativo. Esta es la actividad que más hago esta cuarentena: jugar a videojuegos.

Me vienen flashbacks de mi adolescencia, cuando mis días se resumían en ir al instituto, jugar a videojuegos y masturbarme. La cuarentena me ha quitado diez años mentales de encima y he vuelto a las mismas dinámicas. Después del teletrabajo, paja, videojuegos, paja, cena, videojuegos, paja y a dormir. Mis compañeros de piso ya me han hecho notar su preocupación al ver que el sofá y yo nos estamos fusionando en un mismo ser, así que para tranquilizarlos he buscado en Twitter a más personas que están como yo y demostrar que es algo normal... sin demasiado éxito, porque más allá de un par de adultos viciándose a Los Sims, la gran mayoría de gente que he encontrado tiene de 15 a 18 años. Así que, qué bien, queda claro que me he convertido en ese adolescente que creía que ya tenía superado.

Mis vistas las últimas semanas

Pero, por suerte, no es tan raro como pensaba al principio. “Es importante tener control sobre tu vida. Y cuando no, encontramos pequeñas formas de encontrar un tipo de control. Como ahora los adultos estamos encerrados en casa bajo la amenaza de castigo, como cuando éramos adolescentes y no teníamos la autonomía para salir cuando y donde quisiéramos, hemos perdido el control de nuestras vidas. Es por lo que es fácil que entremos en dinámicas de la juventud”, explica la psicóloga Katherine M. Hertlein al portal Mashable.

Mientras leo estas declaraciones pienso en ese día que mis padres preguntaron preocupados en el colegio si era normal que me hubiera pasado de ocho de la tarde a cuatro de la mañana jugando al World of Warcraft. La respuesta, obviamente, fue que no. El paralelismo con mi situación actual es obvio: mismamente ayer, cuando me puse en el sofá con la Nintendo Switch y mi compañero se fue a hacer una siesta y un Skype. Cuando salió de su habitación me preguntó: “¿todavía sigues en la misma pose?”, mientras yo, tirado como una morsa varada en la orilla sin moverme en cuatro horas, alzaba la mirada y le respondía un seco “sí”, volviendo mis ojos al televisor de donde solo se despegaron dos horas más tarde para hacer un poco de deporte y cenar.

La papelera de mi habitación como no la veía desde mi adolescencia: con los restos de haber usado mucho papel

En su momento yo era así porque no tenía ningún tipo de control sobre mi vida. Me acuerdo de que unos chicos me dijeron que acabaría virgen hasta los cuarenta viviendo con mis padres. Era normal, no tenía pareja ni demasiados amigos, además estudiar no me gustaba y suspendía. Lo único que me procuraba satisfacción en mi vida era jugar y masturbarme, y lo hacía hasta el exceso y la adicción (la basura llena de rollos de cartón de váter lo demostraban... antes y ahora, porque con la de pajas que me estoy haciendo mi basura sigue igual). Por el COVID ya no puedo salir, quedar con mi pareja, tener sexo o avanzar en proyectos personales. Estoy viviendo a la espera de que acabe esta larga cuarentena que nos ha paralizado la vida y, ante tal desafección, estoy resucitando estos patrones tan adolescentes y obsesivos de pajas y videojuegos.

Pero no soy el único que está viviendo un eterno retorno nietzscheano de su adolescencia. Según Hertlein, el uso que hacemos de las redes sociales responde al mismo fenómeno psicológico: por ejemplo, volver a hablar con gente con la que no queremos nada, ya sean exrollos o amigos de la infancia y el instituto. Ante el aburrimiento y el descontrol, abrimos nuestra vida social por la nostalgia y por esa necesidad tan adolescente de no sentirnos solos, de cotillear y de creer que tenemos muchos amigos, aunque sean relaciones superficiales. “Vivimos una distancia física, pero no social, ya que como ya no tenemos contacto diario con gente, lo suplantamos con el contacto excesivo y superfluo en redes sociales”, añade.

Otro ejemplo que pone: los retos virales con los que estamos inundando Instagram (que, si ya de por sí solemos hacerlos, ahora se han reproducido como setas). Hertelin los asocia con una forma de tirarse al carro de las tendencias más populares, un sentimiento que relaciona con las dinámicas de instituto de querer pertenecer constantemente a todos los grupos para no sentirte solo.

Uno de los juegos que empecé esta cuarentena: The Witcher III, con 50 horas jugadas

Pese a que mis redes sociales son un desierto (a penas he subido una story cada tres días, tampoco es que los videojuegos me den para más), mis actitudes demuestran que me he quedado atrapado en ese ciclo vicioso de resucitar actitudes infantiles. Y aunque mi compañero de piso me pregunte: “¿estás bien?”, mientras lo miro con los ojos ensangrentados por haberlos forzado a estar pendientes de una pantalla sin apenas descansar, sé que tras sus casi diez stories diarias se esconde el mismo sentimiento de descontrol vital. No estoy solo, todos volvemos a ser un poco adolescentes. Espero que, al menos, podamos madurar de verdad cuando acabe la cuarentena.