Me estoy pasando la cuarentena enganchada a mi vida idealizada de los Sims

Jugar a videojuegos es uno de los planes de la cuarentena. Yo, al menos de forma virtual, puedo hacer 'ñiqui-ñiqui'

Paso la cuarentena entre dos casas: la mía real con vistas a un patio interior y la virtual que me he creado en Los Sims. Sin duda, estoy más a gusto en la segunda. No jugaba desde que tenía 11 años. Me centraba en crear personajes cuya única finalidad era ‘coquetear’ y luego hacer ‘ñiqui-ñiqui’. No creaba hogares, sino orgías continuas. Supongo que como hacíamos todos. O eso espero. 

Hace poco leí que una de las recomendaciones de la OMS para frenar el Covid-19 era la de jugar a videojuegos. Aunque lo que recomendaban era divertirse con juegos "activos" que promuevan la actividad física, desde entonces se ha lanzado el hashtag #PlayApartTogether para impulsar a la comunidad. Desde que el Gobierno decretó el estado de alarma, el consumo de videojuegos en España se ha triplicado, según los datos de Telefónica. Para ser sincera, no tenía ni idea de estos datos. Los he buscado para escribir este artículo. Sin embargo, empecé a sospechar un poco cuando los grupos de WhatsApp de mis amigas se llenaban de conversaciones sobre videojuegos, sobre todo, de Los Sims. 

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Mis amigas Raquel y Susana también están pasando el aislamiento solas y están igual o más viciadas que yo. A diferencia de mí, ellas ya jugaban antes de la cuarentena. “Echo toda la mañana jugando y, al final del día, no he sido ni la mitad de productiva que mi Sim”, me cuenta Raquel por WhatsApp. Le ocurre lo mismo a Susana: “Los primeros días de cuarentena podía estar hasta seis horas jugando, pero luego decidí rebajarlas para poder hacer otras cosas productivas”. En mi caso, no sé cuántas horas juego al día. Prefiero no llevar la cuenta para no agobiarme. Seguimos hablando y compartiendo algunos memes de Sims hasta que Raquel se despide. “Bueno, chicas, os dejo que voy a seguir con mi pareja recién casada”.

Estos días está muy a tope con estos personajes en los que la tía es el personaje principal y el tío, “un complemento”. Nos quedamos Susana y yo comentando cómo están las Sims que hemos creado de nosotras mismas, pero en versión mejorada. “Mi Sim es mucho más sexy que yo”, me dice Susana. “El mío también jajajajaja”, le respondo. Estos días está jugando con una chica que vive con sus mascotas: un perro afgano y un gato persa. “Es mi vida idealizada porque mi gata persa en la vida real no me quiere así”, me explica con muchos ‘jajaja’. 

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Los videojuegos nos vician porque nos evaden a otras realidades en las que nos sentimos más cómodos porque no hay que pagar ni alquiler ni cuota de autónomos a final de mes. Ahora bien, ¿únicamente pasamos tanto tiempo en la casa de nuestro Sim por esto? Hace 20 años que se inventó este videojuego tan adictivo. (Sí, siéntete mayor como lo he hecho yo al enterarme de esto). Desde que salieron han registrado éxito en ventas y descargas. En 2010, se convirtió en el videojuego para ordenador más vendido de la historia.

Pero, ¿por qué nos enganchan Los Sims igual o más que ver los stories de nuestro/a crush? Según Vanesa Pérez, investigadora y profesora de Psicología de la URJC, su éxito se debe a que “aumenta la motivación intrínseca determinada por la necesidad de competencia, autonomía y de relacionarnos con los demás”. En resumen, el principal incentivo es que nos permite vivir la vida con la que siempre hemos soñado y que nunca conseguiremos alcanzar. Además, el juego nos otorga el control total sobre el escenario, el aspecto y carácter del personaje, así como las personas con las que se va a relacionar.

Me resulta gracioso. Nos pasamos la vida intentando que otros tomen decisiones por nosotros por miedo a cagarla y estamos deseando meternos en Los Sims para decidir la vida de otros. Pero, claro, tomar las riendas en la realidad virtual es mucho más fácil. Nada tiene consecuencias negativas. Si te rayas, clicas sobre el botón de salir y solucionado. 

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Ojalá la vida fuera un poco más como la que he creado en Los Sims. Puede que, tras tantas semanas jugando sin parar, aprendamos a gestionarnos mejor la vida real. O puede que olvidemos las habilidades sociales que habíamos adquirido hasta ahora y cuando queramos follar con alguien le demos un toque con el dedo exigiendo que nos dé la opción de ‘ñiqui-ñiqui’. Habrá que esperar a que el Covid se relaje un poco. Por el momento, me vuelvo a mi mundo en Los Sims, sin mascarillas, sin virus y con mucho coqueteo.