Follar, beber y abrazar: los tres planes favoritos para el final de la cuarentena

Mis amigos lo único que quieren es poder abrazar a alguien y volver a la normalidad y la verdad es que yo también

“Lo primero que haré cuando se acabe todo esto será daros un abrazo y, luego, tirarme un pedo sin que haya nadie porque estoy harto de estar rodeado”, suelta mi amigo Fer en nuestro grupo de Whatsapp. Está pasando la cuarentena con su novio y su familia. Por otra parte, mi otro amigo Javi dice: “Yo quedaré con vosotros y me iré a Nueva York”. Les respondo con un jaja bastante largo y sincero seguido de un “Pues yo todavía no lo sé. Solo quiero que mi vida vuelva a ser como antes ☹”. 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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Ante mis escasas ideas para planes post-cuarentena, decidí recurrir a la fuente de sabiduría por antonomasia, después de la enciclopedia Larousse. Instagram. Pregunté a mis seguidores qué pensaban hacer cuando acabase este capítulo de Black Mirror que estamos protagonizando. Lo que me respondieron me llamó bastante la atención por dos cosas: por lo claro que lo tenían y por la repetición de muchas de las opciones. Las respuestas que más me dieron fueron: follar, salir de fiesta (y emborracharse) y, por último, dar abrazos. No había ningún plan loco del tipo subir al Machu Pichu o bañarse con tiburones en el Caribe, que era con lo que esperaba toparme. Me di cuenta de que la gente lo único que quiere es retomar su vida. El gobierno acaba de anunciar que esto va a durar dos semanas más y nosotros solo estamos deseando recuperar el contacto humano porque ya estamos hartos de ver la cara de nuestro/a crush llena de píxeles (aunque la verdad es que yo lo agradezco porque me están saliendo un montón de granos y los píxeles me los ‘exfolian’).

Además, en las respuestas percibí un poco de desilusión y cansancio. Una de ellas decía lo siguiente: “Depende de la época del año en la que salgamos. Ojalá saberlo”. Me sentí triste y también muy identificada con este mensaje. A mí también me cuesta divisar el final de todo esto. Y sí, ya sé que existe, que saldremos de esta y todo eso, pero cada día me resulta más complicado creerlo. ¿Sabes cuando te compras tus pantalones favoritos por Internet y no hacen más que retrasarte la fecha de entrega? Lo que nos está pasando (por lo menos a mí) es un poco así. Estás deseando que el repartidor llame a tu timbre, pero tarda tanto que dejas de imaginarte con qué camiseta los combinarás, en qué cita los estrenarás y otras ideas que habías imaginado con ellos. 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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No sé si os pasa a vosotros, pero a veces, siento que estamos viviendo una segunda Navidad. No paramos de compartir fotos de esos tiempos en los que salíamos a la calle, igual que cuando se acerca fin de año con los #bestnine y todos esos ‘remembers’ insufribles. Tenemos planes de obligado cumplimiento: el de ahora es el confinamiento (y los aplausos a las ocho) y el navideño, las cenas familiares. En ambas épocas, engordamos bastante. También escribimos a gente de nuestro pasado para felicitarle las fiestas (y, de paso, ver si cae algún polvo) y, ahora, proponemos videollamadas con el fin de retomar amistades (y “follamistades”). Y, cómo no, mostramos al mundo nuestra mejor versión. En Navidad compramos paquetes de arroz y mandamos SMS para ayudar a los que más lo necesitan, mientras que en la cuarentena, le cedemos el turno de bajar la basura a nuestro compi de piso para que pueda salir a la calle y despejarse.   

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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Todavía no hemos llegado a los 15 días de aislamiento, por lo que no descarto que la gente cambie de opinión con respecto a sus planes de futuro y pase de querer follar en su casa a marcarse el objetivo de montarse una orgía en el Gran Cañón. Habrá que esperar para saberlo. Los estudios chinos dicen que, a partir de la quincena, el cuerpo empieza a adaptarse a no salir de casa. Eso espero. Lo único que sé es que después de esto, no volveremos a ser los mismos. No sé si cambiaremos a mejor o a peor, pero será un episodio de nuestra vida que siempre recordaremos y del que presumiremos ante nuestra descendencia. La verdad es que es todo un alivio. Estaba preocupada pensando que lo único que podría contarles a mis nietos sería que mi ex cambió la contraseña de Netflix y que tuve que recurrir a pagar una suscripción yo sola. Ánimo, amiguis. Ya queda menos para recuperar nuestras vidas, para que salgamos de fiesta y para que nos abracemos fuerte. Lo de follar ya no sé, pero tened fe. Es lo único que nos queda.