Convertir a tu follamigo en novio improvisado es la peor idea para la cuarentena

El reclutamiento forzado ha hecho que algunas personas tomen decisiones precipitadas de las que ya se está arrepintiendo

Acabo de hacer videollamada con dos amigas para animarnos mutualmente. Ellas lo llevan mejor que yo, pero es normal cuando te has montado una cuarentena sexual. En el momento en el que el gobierno nos chapó el chiringuito, huyeron a buscar cobijo bajo las sábanas (de dudosa higiene) de sus follamigos. Mi amiga Marta recurrió a su “rollo de confianza”. Es ese tío con el que solo follas, pero que a lo tonto ya lleváis un año quedando. Por ahora, dice que lo lleva guay, porque ya se conocen bien a un nivel que no tienen que fingir que se están dando una ducha larga para poder cagar.

Han habilitado un espacio para teletrabajar y se han marcado unos horarios en un postit en la nevera. Por la mañana hacen yoga juntos con Xuan Lang, luego trabajan y ya por la tarde es el momento de ocio que incluye: visita al supermercado (por separado), aplausos y ver una serie. Cuando nos ha contado todo esto, nos hemos quedado flipando. Parecen la típica pareja perfecta, ¿no? Puede que todo esto acabe en un noviazgo o eso es lo que le hemos dicho. Los primeros días se los pasaban en la cama, pero que ahora, va disminuyendo a medida que aumenta la tensión por la clausura en un bajo interior de Malasaña sin luz natural y de 30 metros cuadrados. De ahí que no hayan incluido tener relaciones sexuales en su postit. Prefieren que fluya o masturbarse cada uno por su cuenta.

Por otra parte, mi amiga Raquel se ha lanzado a la piscina (un poco en plancha) y ha optado por mudarse a la casa de un tío con el que tan solo llevaba quedando un par de findes y por la noche, lo que significa que nunca se han visto las caras a plena luz del día. Metió en su bolsa del gimnasio algo de ropa de diario, también algunos tangas sexy, varios cargadores para el móvil y se plantó en su nueva residencia. Lo mejor de todo es que no solo se ha ido con él, sino que también comparte aislamiento con los otros dos compañeros de piso de su crush. No sabe todavía cómo se llaman, pero por las noches juegan al parchís para socializar un poco sin tener la presión de mantener una conversación. Todos sabemos que de aquí a unos días, ese inocente juego de mesa evolucionará al ‘Streap-pachís’.

En cuanto al sexo, follan bastante. Raquel dice que es porque no tienen mucho tema de conversación y se les da mejor estar en la cama. No tienen horario establecido para nada. Cada uno va a su bola. Lo único bueno es que tienen balcón y van haciendo turnos para tomar el sol. La verdad es que no le vaticino una muy buena cuarentena a mi amiga. La empezó como una luna de miel en el Caribe, pero la va a terminar como un fin de semana en Torrevieja. El sexo relaja y alivia el estrés, pero no de forma continuada durante dos semanas (o más tiempo, como todos sospechamos). 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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El otro día estuve pensando en que el Coronavirus ha dejado en stand by muchos inicios de pareja y también rupturas. Y no solo eso, sino que también ha sacado a relucir toda la mierda que había en nuestro interior. Yo me lo tomo como una prueba más para conocerme un poco más a mí misma. Después de esto, siento que estaré preparada para todo tipo de experiencias, incluso para hacer al Camino de Santiago. En mi caso, estoy pasando la cuarentena sola. Vivo en un patio interior y, cada día, salgo a las ocho de la tarde a aplaudir a pesar de que la única respuesta que recibo es el eco de mis aplausos. No sé si estaría mejor encerrada entre paredes con alguien. Puede que sí porque me duraría más la batería del móvil y no tendría que cargar tanto el Satisfyer, pero nunca lo sabremos porque ya nadie puede salir de su casa para venir a la mía.  

Por último, solo quería daros mucho ánimo. Me gusta pensar que el hecho de que todos estemos igual de jodidos nos ha acercado y nos ha hecho un poco más empáticos. Ahora mismo, todos tenemos nuestros dramas personales, pero también uno en común y eso une… Bueno, os dejo ya porque es mi momento de libertad. Voy a tirar el reciclado, lo que significa que estaré más tiempo porque debo visitar varios contenedores. Con un poco de suerte, me encontraré a alguien recogiendo la mierda de su perrito.