Dejé las redes durante un mes y mi ansiedad desapareció

Haciendo una analogía fácil, si él fuera un Sim su ánimo pasaría de rojo profundo a verde. Y todo por dejar de exponerse a toda la basura que se suelta en redes sociales

Coge tu móvil y vete a tu actividad de Instagram. Mira cuánto tiempo dedicas a la app. ¿30 minutos? ¿1 hora? ¿3 horas? ¿Más? Y solo es una de las muchas aplicaciones que tenemos en el teléfono. Súmale Twitter, WhatsApp, YouTube, TikTok, Tinder, Pinterest… En resumen, estamos constantemente expuestos, y nuestra salud mental se resiente. No es nada nuevo, ya hemos hablado muchas veces de cómo vivir rodeados de redes nos provoca ansiedad, e incluso diversos gobiernos de todo el mundo están intentando limitar el impacto que tienen en nuestra salud emocional, para evitar una crisis psicológica a gran escala que está en auge.

Consciente de esto, el usuario de ReddIt @Lahaoe se propuso algo: dejarlas durante un mes. Estaba en un pozo, se sentía mal, con ansiedad por la situación política, económica y sanitaria, además de estar constantemente indignado, sin fe en la humanidad y con algunos complejos físicos. Pensó que, con tantos inputs que recibimos de las redes, era probable que muchos de estos problemas estuvieran agravados por la adicción que todos sufrimos. Así que dibujó una tabla, dividida en 9 ítems (mood general, ansiedad política, ansiedad por covid, ansiedad económica, imagen física, fe en la gente, enfado, cualidad del sueño, pensamiento blanco y negro) los cuales tenía que puntuar del 1 al 5 según se sintiera ese día. Por ejemplo, si se veía muy feo, un 1, si se veía muy guapo, un 5. Así, durante los 30 días que duraría su de desintoxicación de las redes.

Durante los primeros siete días de la tabla siguió usando las redes (“así podía puntuar cómo me hacían sentir”). Sus conclusiones: estaba constantemente enfadado. La exposición a malas noticias y opiniones polarizadas hacía que nunca subiera del 2 en cuanto a mood general. Fue a partir del día 8 que dejó de usar las redes. Obviamente, no esperaba una mejoría inmediata. De hecho, durante la primera semana de detox siguió sintiéndose mal. Tampoco era como si el mundo fuese a desaparecer, él, aunque no se metiera en debates interminables en Twitter, sabía lo que sucedía en el mundo exterior, así que tampoco le fue fácil desconectar.

Pero los resultados se empezaron a notar a partir del séptimo día sin redes sociales. Sin noticias constantes sobre el covid, dejó de pensar 24 horas en él. Sí, era consciente de la situación, pero no pensaba que se venía un segundo confinamiento y que las cifras estadounidenses no dejan de subir. También mejoró su perspectiva económica: sin los recordatorios de la crisis que se viene, se centró solo en su situación actual (“por suerte, con empleo”), en vez de despertarse cada día pidiendo que “por favor, no me despidan que la situación está muy mal”.

Al final de su experimento, su mood general pasó de una media de 1 a una media de 4. En términos parecidos a los juegos de Los Sims: su ánimo pasó de un rojo constante al verde. Estaba feliz. Sobre todo, porque se alejó de algunas formas de pensar muy nocivas. “Solía ver el mundo como una guerra entre víctimas contra perpetradores. Que aquellos que no pensaban como yo era idiotas. También, lo veía todo en blanco y negro, o estabas con nosotros o contra nosotros, no había pensamientos intermedios ni personas con opiniones grises. Además, había perdido la fe en la humanidad y odiaba a la gente, pensaba que eran estúpidos, malos y egoístas”, confiesa en las conclusiones.

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Alejándose de las redes y de sus escraches, trolls, opiniones ácidas y comentarios llenos de bilis, que vemos en dosis diarias, le permitió pensar con claridad y recordar que no es representativo de la sociedad. Todos somos más buenos, hay muchas formas de pensar y no se desea el mal a los demás por regla general. Como lo resume Juan García en Twitter, que ha compartido el gráfico de ReddIt: "más allá de otros factores que influyeran en esos primeros siete días, usar las redes sociales a favor de la estabilidad emocional, y no en contra, requiere un curro importante. Implica seleccionar muy bien las fuentes de información diarias: a quién vas a acudir para que te dé la razón y a quién para que te lleve la contraria". 

Eso sí, después de su experimento, la ansiedad política, aunque era manejable, seguía ahí: se acercan elecciones en EE. UU. y era imposible evitar pensar en ello, asegura. También su imagen corporal seguía igual que antes, en parte, porque no la tenía baja, pero también porque es imposible en un mes olvidarse de los estándares de belleza que llevamos consumiendo desde que éramos pequeños. No obstante, catalogó el experimento de necesario y recomendó que todo el mundo lo probase, especialmente si estás enganchado a las redes y sientes que eso te provoca malestar. “Cambiarás tu forma de pensar en solo un mes”, promete.