La crisis de los 25 existe y me ha dejado desubicada en la vida

Cuando era pequeña pensaba que a los 25 tendría la vida resuelta. El trabajo de mis sueños, independencia económica y un estado de felicidad envidiable. ¿Por qué no se han cumplido mis previsiones? ¿Qué he hecho mal?

Todo iba bien. Acabamos el colegio, el instituto y aprobamos selectividad. Teníamos sueños. Parecía la hostia. Elegimos una carrera. Tuvimos varias parejas. Follamos mucho. Conservamos los amigos del cole e hicimos nuevos. Salimos de fiesta. No teníamos resaca. Nos creíamos los reyes del mundo, los dueños de internet. Acabamos la carrera, algo más tarde de lo previsto, pero todo guay. Viajamos al extranjero, crecimos en redes. Seguimos viviendo con nuestros padres. No hay trabajo. No pasa nada. ¿Empezamos un máster? ¿Otro? Llegan las desilusiones. Unas prácticas no remuneradas. Aceptamos un trabajo de mierda. ¿Qué hacemos con toda esta incertidumbre? ¿Y los seguidores? ¿Tienes pareja? Hace tiempo que no vemos a este colega que ya no sabemos ni qué hace con su vida. No tenemos dinero para independizarnos. Ni para ir terapia. ¿Queremos ir al psicólogo? ¿Dónde está lo que nos prometieron, todas nuestras expectativas, nuestros sueños? Felices veinticinco.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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Cuando mi abuela tenía mi edad ya tenía dos hijos. Cuando mi madre tenía mi edad ya vivía con mi padre y tenían un sueldo fijo. Los tiempos cambian, me dicen. Me imagino con dos bebés y me da algo. Tampoco quiero comprarme una casa ni tener una propuesta de matrimonio. Busco algo aparentemente más simple: el éxito.

Busco el éxito laboral, el éxito en mi pareja y la felicidad. Lo de simple era una broma. ¿Qué es el éxito para ti? En mi imagen mental no aparecen billetes ni mansiones ni la fama. Visualizo poder vivir de lo que me gusta (ojalá llegue pronto), tener con mi pareja el tipo de pareja que nos gustaría tener (ojalá saber cuál), disfrutar con mi familia y que entre mis amigos sigan triunfando las bromas de siempre (crecer, pero que todo siga igual).

He preguntado a mucha gente de mi edad qué es el éxito para ellos durante estos días. Para la mayoría el éxito reside en triunfar en algo, aunque sea algo pequeñito. Muchos mencionan la tranquilidad, poder vivir en paz con uno mismo o morir con la conciencia tranquila. Otros hablan de conseguir aquello que les hace felices, lograr sus objetivos y cumplir sus sueños. Confiar en sus deseos. Saber qué es lo que quieren hacer y tener la capacidad de poder hacerlo. Muy bien, ¿y eso cómo se logra? Todas las palabras que he usado en este párrafo son tan abstractas que empiezo a entender por dónde va la famosa crisis de los 25. El éxito es algo intocable, no tenemos ni idea de dónde se consigue. Solo lo ansiamos con todas nuestras fuerzas. Llevamos un cuarto de siglo lidiando con la vida. Lo hemos inflado todo de expectativas y deseos y, ahora, vemos que otros triunfan, otros alcanzan el famoso éxito y nosotros no. Y nos sentimos fracasados.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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Es complicado hacerse adulta. Es una movida. En este cuarto de vida que llevo en el mundo han cambiado muchas cosas. Se han ido transformando mis prioridades. Me he ido dando cuenta de qué personas quiero que estén a mi lado siempre y de cuáles quiero bien lejos. Creo que me estoy acercando hacia un lugar menos tóxico, entendiendo esto por elegir aquello que me aporta y me hace bien. He descubierto que no me gustan tanto las discotecas y que no pasa nada por quedarme un día entero en casa. Ni una noche de viernes. He aprendido a quererme a mí primero y a asumir ciertas verdades como propias:

  • Ir al psicólogo. Y lo digo como psicóloga que soy y que muchas veces lo ha juzgado. Cuidar nuestra salud mental es prioritario y no nos han educado en ello. Normalicemos pedir ayuda. (El suicidio es la segunda causa principal de defunción entre los 15 y 29 años. Las consecuencias de no abordar los trastornos mentales de los jóvenes se extienden a la edad adulta. La generación Z está estresada y deprimida y todavía no tienen 25)

  • Aprender a decir que no.

     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     

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  • Beber mucha agua cuando llego de fiesta me cura (un poco) de la resaca del día siguiente. Dormir, o mejor, descansar, cura todos los males.

  • No pasa nada por dudar. Permítetelo.

  • Aún no puedo independizarme pero en el fondo no estoy tan mal viviendo en casa de mis padres y me siento afortunada por ello.

  • Que otros alcancen sus metas no significa que yo no vaya a alcanzarlas. No te compares.

  • Invertir en un taxi de camino a casa es salud.

  • La monogamia es una mierda.

  • Mientras solucionas, folla más.

No tengo ni idea de si a los treinta la cosa mejora o va a ir peor. No sé si llegaremos a esa cima que tanto deseamos. Tampoco sé si con los años aprenderé a gestionar mejor la frustración ni si eso me permitirá ganar algo de tranquilidad… estoy llena de preguntas, de futuros inciertos y de ganas. La crisis de los 25 existe y viene con mazo dudas y responsabilidades, pero prefiero acostumbrarme a vivir así que resignarme a tener el futuro escrito. Tenemos 25 años y vivimos con nuestros padres, pero el éxito llegará pronto (o al menos eso me digo antes de acostarme). Sea lo que sea el dichoso éxito.