Por qué tu concepto de masculinidad te está impidiendo echar un buen polvo

Que ellas tomen la iniciativa sexual, les toquen cariñosamente o les hagan cumplidos eleva la libido masculina

Las investigaciones científicas lo han confirmado una y otra vez: sentirse sexualmente deseadas es un componente fundamental del deseo sexual femenino. Y, sin embargo, nadie parecía haber explorado esta misma relación en los hombres. Probablemente porque los estereotipos masculinos prometen que los hombres están cachondos el 100% del tiempo como sementales robóticos, sin requerir jamás de recibir cumplidos, de ser coqueteados o de ver cómo son ellas quienes inician la actividad sexual en señal de interés. Pero es una mentira como una catedral.

Y la sexóloga Sarah Hunter, especializada en cómo las expectativas sociales sobre el deseo sexual afectan a las relaciones sexuales, lo ha confirmado mediante una encuesta que acabaría articulando su libro Not always in the mood. En concreto, Hunter preguntó a 237 hombres heterosexuales inmersos en relaciones sentimentales de media o larga duración cuán importante era para ellos sentirse deseados por sus parejas a la hora de disfrutar de su sexualidad. La respuesta fue casi unánime: el 94,5% de los participantes del estudio señaló que era “extremadamente” o “muy” importante.

En esa misma encuesta, Hunter explotó además qué elementos les hacían sentirse más deseados. Los cumplidos sobre apariencia física, los coqueteos eróticos, el contacto físico romántico o cariñoso, la iniciativa sexual y el entusiasmo sexual de sus parejas fueron los más señalados. En otras palabras: ellos también necesitan sentirse bonitos, atractivos, amados y deseados para tener ganas de sexo. Y no solo el 95,5%. Probablemente también ese 5,5% que afirmó ser indiferente a la mirada femenina, pero aún pesan demasiado los dictados de la masculindad clásica sobre sus cabezas.

Porque para esta masculinidad, reconocer que el deseo sexual de los hombres también está en manos de las mujeres, que también quieren sentirse hermosos, que también son vulnerables incluso en la cama, es una muestra inequívoca de debilidad que no puede permitirse. La libido masculina debe ser inquebrantable. Por eso solo el 12% de los encuestados aseguró estar recibiendo de su pareja esas dosis de interacción que les hagan sentir deseados. Y no es culpa de ellas. Son ellos quienes deben luchar contra esa masculinidad tóxica que los amordaza. Tod@s ganaremos con ello.