6 reflexiones sobre la masculinidad que todo hombre debería plantearse

Si algo quedó demostrado con la huelga feminista del pasado 8M, Día Internacional de la Mujer, es que ha llegado el momento de que algo cambie y que, para que eso ocurra, la otra mitad de la población, los hombres, deben darse por aludidos y responder activamente a las demandas planteadas por los feminismos. Ya no vale aquello de “pero si yo no soy machista” y las buenas intenciones deben dar paso a acciones concretas que consigan demoler el patriarcado desde su mismo núcleo. En definitiva, se debe asumir que, como diría Jokin Azpiazu, sociólogo docente en la Universidad del País Vasco y autor de Masculinidades y Feminismo (Editorial Virus), “es responsabilidad de los hombres acabar con los hombres”.

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Para entender un poquito mejor a qué se está refiriendo Azpiazu con esta ‘deconstrucción’ de la masculinidad, hemos repasado junto a él seis ideas clave que, según sus tesis, todo hombre debería tener claro para comenzar un cambio que cada día se hace más ineludible:

La masculinidad es el origen del problema

“Tal y como yo la concibo la masculinidad es una posición de poder, al menos en nuestras sociedades contemporáneas. La masculinidad es, por lo tanto, un problema y como tal es posible referirse a él en singular. Claro que los hombres son muchos y diversos, pero en la mayoría de los casos compartimos una serie de privilegios de poder a varios niveles. Se puede hablar del problema de la masculinidad igual que se puede hablar del problema de la pobreza, a pesar de que la experiencia de estar privado de recursos básicos sea en sí diversa”, explica Jokin.

Es decir, que, tal y como la hemos planteado históricamente, la masculinidad conlleva una posición en la que el hombre retiene el poder y subyuga a la mujer. Es por eso que, para Jokín, la solución al respecto pasa por “replantearnos nuestros lugares en las relaciones de poder en diferentes aspectos: economía, política, cultura, relaciones personales, familias, etc”.

El hombre usa el poder para mantener el status quo

“El factor central es el poder. Los hombres gozamos de una serie de privilegios asociados a nuestro género: somos más visibles, mejor valorados en lo intelectual, recibimos más dinero por le mismo trabajo, tomamos decisiones que afectan a terceras personas, nos desocupamos de toda una serie de tareas básicas (cuidar, alimentar, atender…) para que la vida siga rodando. Para defender estos privilegios a veces usamos la fuerza y la violencia, otras veces simplemente dejamos las cosas como están sin provocar ningún cambio, porque nos interesa”, resume el sociólogo.

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En este sentido, el experto se muestra cauto a la hora de plantear un futuro en el que los hombres no recurran al poder (o la violencia) para perpetuar su posición: “Espero que no respondamos defendiendo nuestra posición con más violencia, aunque puede suceder y sucede. En ese caso es nuestra responsabilidad romper con el corporativismo masculino y dejar de defendernos unos a otros”.

Cambiar la masculinidad no acabaría con nada

“Cuando queremos criticar la masculinidad imperante y pensar en qué tipo de hombres no queremos ser (hombres machistas, por ejemplo) tendemos también a simplificar y eso tampoco da buenos resultados: en lugar de hacer un proceso de revisión individual y colectivo de un mínimo de profundidad nos limitamos a cambiar algunas fórmulas a nivel superficial. Muchas veces nos conformamos con cambios estéticos que no cambian las situaciones de fondo”, opina Jokin que recuerda que para lograr un cambio profundo debemos guiarnos por “las pistas que los movimientos feministas no están dando”.

El cambio empieza por admitir los errores propios

“Nadie quiere ser el hombre como conjunto. Todo el mundo piensa que los demás son ‘los hombres’ y uno mismo es una particularidad total no comparable a nadie más. Por eso nos cuesta ver las relaciones de poder de las que formamos parte”, dice el sociólogo que, precisamente por eso, insta a cada uno de nosotros a mantener una imagen más global del panorama e iniciar un proceso de autocrítica sobre nuestro comportamiento individual y colectivo.

“Si entendemos las sociedades como relaciones de poder (complejas) los comportamientos masculinos que consideramos errores no son tanto errores sino formas de expresión de la desigualdad y formas de conseguir que la desigualdad que nos favorece siga intacta”, reflexiona Jokin.

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El feminismo debe ser el elemento transformador del hombre

El feminismo es un movimiento que quiere cambiar las sociedades de arriba abajo, y eso significa cambiarlo todo y a todas las personas. A nosotros nos toca repensar los privilegios masculinos en varios aspectos y estar listos para que nos los arrebaten de las manos”, señala el activista que, precisamente por ello, insta a los hombres a iniciar el proceso o, al menos, a estar preparados para el mismo: “A nosotros nos corresponde desestabilizar de forma profunda el ser hombre, desde lo más personal hasta lo más estructural. Repensar nuestra posición en nuestras sociedades no significa solo buscar masculinidades mejores, sino buscar formas de acabar con la masculinidad, de ser menos hombres”. Es por ello que, para él, “traicionar a nuestro género es una necesidad que tenemos que tomarnos en serio”.

Repensar el hombre es transformar el sistema capitalista

Las pensadoras feministas llevan décadas planteando cómo se articulan las diferencias de género y otras formas de explotación y opresión, como el clasismo, el racismo, el capacitismo o la heterosexualidad como sistema de valores y prácticas normativas. La huelga del 8 de marzo se presentó como una huelga de consumo también, porque se reivindicaba desde un modelo anticapitalista. Diría que los movimientos feministas no luchan por una idea simple de igualdad que equipare a hombres y mujeres en los sistemas actuales”, concluye Jokin.