Carta abierta a esos colegas que acaban diciendo 'no' a todos los planes

Último aviso para embarcar en el puto tren de la amistad

Amigo del "no puedo quedar", compañera del "al final me quedo en casa", personaje que dominas todas las formas y matices posibles de escapatorias para no personarte en la quedada. A veces te imagino en un laboratorio casero a lo Breaking Bad pero en lugar de metanfetaminas, te veo fabricando excusas para no quedar. Sabemos que existes pero no te vemos, eres el espíritu santo de un grupo de Whatsapp en el que, por cierto, nadie te obliga a estar. Desde hace un tiempo, tu táctica favorita consiste en ignorar completamente las propuestas de planes, pero también parece que tengas programadas las respuestas automáticas de escaqueo. Y cuando no te funcionan el "estoy liado", o el "os digo algo luego", siempre te queda la cancelación a última hora y entonces sí, tus promesas desaparecen como lágrimas en la lluvia. 

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No eres el único ser humano que va de culo, y respetamos tu derecho fundamental a apagar el móvil y ser antisocial, pero te aplicas tanto el cuento de saber decir que no, que se te olvida cuidar a tus colegas. Una cosa es querer tener momentos para ti y otra ser el calientabragas de la amistad: si sabes que nos darás plantón, mejor que no nos hagas ilusiones. Todos sabemos que no veremos el jeto hasta que decidas volver del ostracismo y salir de tu cueva hecho todo un Smeagol. Entiendo que tengas tus prioridades, y ojalá fueran estar en un yacimiento arqueológico desempolvando el fémur un pterodáctilo, salvar a la ciudad de las garras de alienígenas pro-Trump, encontrar la cura para el VIH en tus ratos libres o sacar todo el plástico del fondo del mar. Pero es que la mayoría de veces que "al final no puedes" o "no llegas, nos vemos otro día" sé que estás viciándote a Netflix o a la Play, cabrón/a.

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Lo de brillar por tu ausencia ha pasado de hacerte interesante a ser más bien una tocada de ovarios. Cuando no dices que es porque el sitio está lejos, es porque estás cansad@, pero tú sabes que cuando se te gira, no vendrías ni a aunque la cena fuese debajo de tu casa, gratis, y con tu ídolo poniendo las cañas. Este pasotismo sería lógico si simplemente nos odiases, te aburriésemos o te diéremos sarna, y si es así, ojalá te armes de valor para empezar a comunicarlo, porque cualquier momento es bueno para decirles adiós a las personas que ya no te aportan.

Pero tú sabes perfectamente que cuando suena la flauta, se abren los cielos y conseguimos quedar, siempre nos echamos las risas, se te ve a gusto y hasta se te iluminan los ojos cuando planeamos la siguiente escapada o quedada, de la que acabarás desertando. Además, el fenómeno más paranormal ocurre cuando, tras diez planes a los que no vienes, nos puede el pragmatismo y, dando por hecho que no vendrás, directamente no te incluimos en alguna comida o salida. Entonces, al ver la foto en alguna red social, saltas ofendid@. "Anda que avisáis", sueltas. Qué pesadilla.

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Si dedicas todo tu tiempo libre a componer secretamente la obra de arte definitiva o a encontrarte a ti mism@ a través de la meditación, estaría bien saberlo, y nos parecerá fantástico porque no está escrito en ningún lado cuantas veces a la semana tienes que relacionarte con seres humanos. Pero si no, un poco de coherencia y sinceridad no te irían mal, querido amigo intermitente. No solo porque te echamos de menos, sino porque quizás el día que no estés bien no sabremos interpretar si necesitas espacio o compañía. Sin más dilación, nos vemos cuando su majestad nos conceda el honor de regalarnos su presencia.