Soy esa persona que siempre llega tarde

En mi CV pone "Graduado en procrastinación avanzada, Máster en mala gestión de imprevistos"

Tengo llegatardismo. Vivo en un ciclo eterno de "estar saliendo de casa" y "estar llegando", en un vaivén entre el "perdona, me he liado" y el "me retraso un poco". Mis encuentros siempre se preceden por un "se ha averiado el metro" o un "hay atasco", y a medida que avanza el minutero, navego por mi universo mental de excusas semirrealistas, calibrando cuál va a colar más esta vez o si es mejor tirar de sinceridad. Una vez fui puntual sin querer, y no sentí nada extraordinario, así que no lo he vuelto a hacer. Te cuento por qué.

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Quiero pensar que llegar tarde forma parte de mí, que es una característica tierna, excéntrica e interesante, como una marca de nacimiento en forma de continente o de flor de lis. Pero en realidad es una mierda. Indigna a mis amigos y a mi familia hasta el punto que creo que todo es un contubernio y su reloj funciona más lento que el mío. A ti, persona puntual que te has metido en este artículo por interés antropológico condescendiente en plan "voy a entender a estos salvajes llegatardistas", tengo algo que decirte. Se nota que no has caído nunca en el abismo temporal infinito que se da entre el momento en el que me dispongo a salir de casa y el momento en el que consigo salir.

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Tienes que saber que mi día transcurre con mediocridad y sin sobresaltos hasta que me doy cuenta de que hemos quedado a las 17:00 y son las 16:55 y, justo en ese instante, se catapultan en mi cerebro todas mis obligaciones. Recuerdo simultáneamente que tengo perro y tengo que bajarlo, que tengo sobacos y quizás debería ducharme, que tengo el fregadero lleno de platos, y ,de repente, "¿¡dónde está la correa!?" Y luego suena el móvil y es mi abuela y ocurren de golpe 648 cosas más que, querido amigo puntual, ojalá me expliques cómo iba a prever. ¿Acaso previó Odiseo lo que le pasaría cuando le dijo a Penélope que iba a por tabaco? Vale que Odiseo no tenía Google maps, pero yo tampoco tengo una bola de cristal. 

Que no, que tienes razón, que no merezco tu respeto, ni tampoco un trabajo serio. Pero de forma inexplicable mantengo ambas cosas, y es que todos tenemos defectos; el mío es que sin querer pospongo mi presencia regularmente. No creas que la vida del tardón es fácil, ¿eh? Me he planteado qué voy a decir cuando llegue tarde a mi boda, porque no colará que he perdido el bus. A veces, a partir del momento en el que empiezo a llegar tarde (que para mí es pasados diez minutos de la hora estipulada) el trayecto es un verdadero festival de estrés y de miedo a quedar mal u ofender, y empiezo a imaginarme que todos me dejáis de querer para siempre y que envejeceré sola entre gatos que me comerán los ojos porque les daré tarde de comer. 

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Otras veces, lo reconozco, voy de tranquis y me la pela un poco todo. Sobre todo si hemos quedado más de dos personas, cuando delego la responsabilidad de la compañía a los puntuales, que entre ellos ya se entienden y les gusta mucho rajar de los que no lo somos. Si lo piensas, llegando tarde te estoy dando un delicioso espacio para jactarte del defecto ajeno y sentirte mejor persona. Deberías agradecérmelo.

Pero, ¿qué digo? Soy yo quien agradece tu paciencia, persona puntual que espera y no desespera, ángel de la guardia que tras pegarme la bronquita me acepta tal y como soy. Gracias por entender que de poco te servirá esta técnica sibilina de citarme media hora antes a partir de ahora, porque en cuanto me de cuenta adaptaré mis horarios en consecuencia para seguir siendo llegatardista. Como cuando en clase nos daban hasta las 9:10 para dejarnos entrar en clase y a mí me parecía una proeza llegar a y cuarto, jadeante y exculpándome. Gracias, amigo puntual, por entender que no es una cuestión de prioridades, que valoro el tiempo a tu lado. Te lo demostraré llegando tarde a mi siguiente quedada u obligación por estar contigo. Verás como alargo con destreza los minutos que me faltan para irme, como quien tira de la cinta de un tirachinas, solo que al soltarla yo soy una piedra que va a cámara lenta. Me voy, que he quedado ayer por la tarde.

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