Desde el principio supe que lo nuestro iba a ser una amistad a primera vista

Todo empezó como cualquier otra relación: con dos besos, un 'encantada de conocerte' y poco más. Lo siguiente fueron unas risas, alguna que otra confidencia inocente, el descubrimiento de coincidencias inusuales. Poco más tarde, comencé a hacer planes contigo. Sí, contigo, que acababas de entrar en mi vida cuando ya pensaba que mi cupo de personas con las que de verdad quiero contar estaba ya más que cerrado. Me sorprendí teniendo la necesidad de contarte algo a ti y sólo a ti, pensando un plan hecho para las dos, imaginando experiencias que compartir a tu lado. Y todo ello, aunque me daba un poco de vértigo, me encantaba. Ahora solo sé que te veo como un espejo en el que mirarme, como un inesperado compañero/a de viaje que se ha subido a mi vagón a mitad de camino, un nuevo pilar y apoyo imprescindible. Fuiste amistad a primera vista, y ahora me pregunto: ¿con quién invertía todas estas horas de charlas -unas más tontas y otras más profundas- hasta ahora? Me cuesta pensar que ha existido una gran parte de mi vida en la que no has estado presente, cuando hoy eres una de las personas a las que confiar lo más oculto de mí. Ya tenemos códigos propios e íntimos que nos ayudan a enfrentar la vida, bromas que nadie más comprende, anécdotas para llenar un libro y momentos para guardar en el apartado de nuestra memoria reservado a los recuerdos especiales.

Te has convertido en esa persona a la que no tengo que decirle con palabras lo que muestran mis ojos, la que me manda un mensaje de apoyo en mis días grises, la que se alegra sinceramente de mis triunfos y la que más sufre con mis decepciones. Resulta increíble tu capacidad para adivinar antes que nadie lo que pasa por mi cabeza y tu forma de anticiparte a mis reacciones. ¿Dónde has estado todo este tiempo? Si existe una mitad de cada uno de nosotros perdida por el mundo, alguien que comprende y acepta todos nuestros defectos y virtudes, estoy segura de que tú eres lo más parecido a la mía.

Soy consciente de que nada es perfecto; de que, tarde o temprano, discutiremos, porque siempre habrá cosas en la que no estemos de acuerdo. Incluso puede que nos dejemos de hablar durante unas horas, o tal vez un día. Pero también estoy convencida de que nada es casualidad y que si nuestros caminos se cruzaron en un momento, tiene que haber un motivo. Sé que te quiero presente en los momentos importantes de mi vida y también en los que no significan nada, porque es la persona con la que los compartes la que les aporta realmente el sentido. 

Fuiste amistad a primera vista. Y, por eso, muchos se sorprenden y recelan ante una relación tan intensa. Sé que lo que ha surgido entre tú y yo puede parecer sospechoso e incluso infantil, pero simplemente prefiero disfrutar del hecho de haberme cruzado contigo y del modo en que nos complementamos. De nuestros intercambios de mensajes de madrugada, cuando la casualidad hace que nuestros insomnios coincidan. De nuestras escapadas, de nuestras noches de locura, de secretos que sólo nosotros conocemos, de abrazos que representan la amistad más auténtica. De todo ello. Contigo. Porque debes saber algo: fuiste amistad a primera vista, y va a ser para siempre.

Crédito de la imagen: Theo Gosselin