Averiguamos si el don para detectar la orientación sexual es un superpoder o superhomófobo

El debate sobre el ‘gaydar’ sigue muy activo: ¿es un sexto sentido de base biológica o un montón de prejuicios homófobos?

“Es un sexto sentido, como un control del aeropuerto que pita cada vez que creo que un chico es gay. Tengo un gaydar muy preciso”, explica Marta, una mujer heterosexual que asegura poseer el gaydar, el radar para detectar la orientación sexual de alguien. “Mis amigos gais siempre me dicen de broma que es mi superpoder. Hasta me utilizan para identificar quién es gay y quién no en una discoteca”, insiste. Aunque es consciente de que no es algo precisamente objetivo asegura que es algo que surge dentro de ella y que es difícil de explicar: “No sé cómo, pero lo sé”.

El gaydar: ¿realidad o mito?

El gaydar ha despertado muchas preguntas. ¿Realmente existe? ¿Es una herramienta biológica? ¿O es algo que surge de los prejuicios? Para responder estas preguntas, diversos investigadores han realizado sus pertinentes estudios, como por ejemplo el del psicólogo William Cox.  

Según sus investigaciones, el gaydar funciona a base de los prejuicios de género que tenemos sobre las personas homosexuales. Si una mujer es masculina o un hombre femenino, el gaydar se activará. “Si bien muchas personas creen que estereotipar es incorrecto, llamándolo gaydar puedes usar los estereotipos para definir a los demás. Como, por ejemplo, puedes juzgar el sentido de la moda, la profesión o el peinado de una persona, y asegurar que es tu gaydar quien te dice que es gay y no admitir que lo estás determinando por tus prejuicios”.

Aun así, su estudio cree que este proceso no se hace con ánimo de discriminar, sino que los estereotipos y prejuicios los tenemos asimilados inconscientemente y los usamos para crear las primeras impresiones sin darnos cuenta. Por lo tanto, Cox concluye que el gaydar no es más que un montón de tópicos y prejuicios que actúan de forma inconsciente, aunque sin malicia.

Estereotipando, pero de base biológica

No solo Cox ha intentado determinar cómo personas como Marta “detectan la homosexualidad”. El psicólogo queer Nicholas Rule también cree que hay estereotipos en el funcionamiento gaydar, pero también ciertos aspectos biológicos. Según sus estudios, nuestro cerebro usa la regla de las cuatro A: adornos, acciones, acústica y apariencia. Con Adornos, Rule hace referencia a la forma de vestir y de peinarse. Acciones se basa en los manierismos de cada uno, especialmente en los andares. Acústica hace referencia a la voz, la forma de hablar y las expresiones. Y, finalmente, apariencia a la fisonomía y el aspecto físico.

Eso se traduce en que pensaremos que es gay si cumple alguno de los estereotipos más extendidos, como que el hombre vista bien —por el tópico que los homosexuales se dedican más a la moda—, que sea afeminado —ya que los roles de género determinan que cualquier muestra de feminidad es intrínseca a la homosexualidad—, que tenga voz aguda o hable de “gustos gais” —como el pop, o algunos realities—, pero también que físicamente tenga rasgos más "femeninos" y sea inconscientemente interiorizado como homosexual.

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Rule saca una conclusión: el gaydar funciona cogiendo y analizando todos los prejuicios que socialmente tenemos aprendidos socialmente, pero también utiliza una base biológica. “Hay fenómenos que no son solo sociales. Si el gaydar utiliza rasgos faciales para percibir la homosexualidad, quiere decir que debe haber un apoyo epigenético probablemente formado durante un estadio prenatal”, asegura. Sin embargo, añade que esto requiere una mayor investigación sobre la relación entre genética y homosexualidad.

Los estudios de la psicóloga Lorenza S. Colzato coinciden con Rule y afirman que el gaydar no solo es fruto de los estereotipos que tenemos construidos sino que hay algunos mecanismos biológicos de reproducción y atracción. “Las mujeres detectan mejor a los homosexuales que los hombres heterosexuales, y si están ovulando tienen todavía más facilidad para detectarlos”, asegura. Aunque no descarta que el gaydar pueda estar alimentado por estereotipos, cree que es reduccionista creer que es algo que surge de la homofobia social y que también hay una vertiente biológica que tener en cuenta.

Sí, el gaydar es muy peligroso

William Cox añade en las conclusiones de su estudio que todas las investigaciones coinciden en que hay una parte de prejuicios y estereotipos en el gaydar. Independientemente de los apoyos biológicos, la mayoría de personas que detectan la homosexualidad utilizan estereotipos sobre lo que es femenino y masculino para determinar la orientación. Asegura que siempre se asociará pluma a homosexualidad y empoderamiento femenino a lesbianismo.

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Por eso, cree que el gaydar es una herramienta que promueve la discriminación. “El gaydar parece ser en el mejor de los casos útil e inofensivo en el peor. Pero el hecho mismo de que parezca inofensivo, puede en realidad ser responsable de sus efectos más dañinos. Usar el gaydar para hacer broma acerca de los estereotipos —soltando frases como “Oh, ese tipo hace saltar mi gaydar”— trivializa todos estos estereotipos y hace que parezca que los prejuicios no son gran cosa”, añade.

Para enseñar el peligro de los estereotipos asociados al gaydar, Cox realizó un estudio sobre las agresiones y el rechazo. El experimento consistía en que un grupo de personas con opiniones políticas prejuiciosas respecto a colectivos minoritarios debía electrocutar a una persona sentada en otra sala. El grupo se dividió en dos, unos que sabían que él era gay, y otros que solo sabían un rasgo: que le gustaba ir de compras (un rasgo que se identifica con ser gay).

Así, las personas que no sabían que era gay pero se lo imaginaban (por lo de las compras), tenían una tendencia muchísimo más alta a electrocutar al hombre. ¿Por qué? Las conclusiones que sacó Cox fueron que cuando alguien sabe que el otro es gay, se contiene por miedo a que las personas le acusen de homófobo. Sin embargo, si solo se tiene la impresión de que alguien es gay, se puede negar el prejuicio (“¡no sabía que era gay!”). “En otras palabras, los estereotipos pueden dar a las personas la oportunidad de expresar prejuicios sin temor a represalias”, sentencia Cox.

El gaydar, por lo tanto, sirve hace que se discrimine de forma inconsciente. Coges unos rasgos que asocias a la homosexualidad y todas aquellas personas que, independientemente de su orientación, entren en ese patrón, serán discriminadas de la misma forma que lo sería una persona homosexual. Y claro, ahora muchos dirán: “¡pero yo no discrimino a nadie!”. No, quizá no conscientemente, pero la microhomofobia está muy presente. Incluso dentro del propio colectivo. Y, según estos estudios, el gaydar la retroalimenta.