La ansiedad y la precariedad nos hacen más enfermizos que a nuestros padres

No solo somos los que más solos estamos sino que, además, se nos ve como una generación agotada y precaria

¿Qué tal te sientes hoy? ¿Es un día triste? ¿Estás malito? El clima gris y apagado no es de gran ayuda para animar nuestras emociones. Pero quizás tus bajos ánimos no se deban a ello. Así que vamos al grano. Un informe de 32 páginas ha lanzado una especie de aviso hacia toda nuestra generación. En los próximos diez años todos los nacidos entre 1981 y 1996 nos veremos peor en salud y, por tanto, moriremos antes. Así, tal cual. Estamos peor que nuestros padres. Obviamente se trata de una conclusión general. Aquellas personas más sanas y con una vida más activa, no entrarían en este parámetro. Este análisis ha sido publicado por Blue Cross Shield y su estudio responde, principalmente, a la población de Estados Unidos (EE.UU.) pero se trata de un ambiente más bien común y bastante general. Veamos por qué.

El informe, del que también ha hablado la revista Dazed, tiene dos futuros potenciales. En primer lugar hablan de una proyección referencial. Los analistas observan que esta generación no conseguirá superar todas las crisis y preocupaciones que han ido sucediendo hasta ahora. Sobre todo porque están contaminados de un estrés y una ansiedad que entienden como común y normal. El otro futuro potencial es más negativo y responde a la situación sanitaria que se vive en EE.UU., la cual es de pago. Quienes hablan en el estudio afirman que el hecho de que la sanidad no sea gratuita hará que los millennials no puedan asistir con regularidad y ¿por qué? Porque somos una generación más precaria, somos más pobres. Aquí, pese a los estragos que ha sufrido el sistema de salud público durante la crisis, por lo menos seguimos teniendo cobertura universal, lo que nos situaría en una posición más privilegiada que a Estados Unidos.

A partir de aquí entramos en lo que llamaremos 'la cadena de los desastres': a menos ingresos, más enfermedades, más dificultades para permanecer en el mercado laboral, y más con medidas como el reciente despido de una mujer tras dos semanas de baja. Esto hará que aumenten enfermedades como depresión, estrés y ansiedad. Nuestra generación estará agotada. Curiosamente, es esta crisis de salud la que los analistas estadounidenses comparan en su país con la generación de la Guerra de Vietnam y la crisis del SIDA. Aquí entra también el abuso de sustancias y alcohol, lo cual marca una diferencia con la generación anterior: los millennials entre 30 y 39 años tienen menos probabilidades de morir de cáncer y enfermedades cardíacas, pero son mucho más propensos a morir por sobredosis accidental, suicidio u homicidio. De hecho, Estados Unidos vive una epidemia de opiáceos que solo en 2017 dejó unos 70.000 muertos.

Técnicamente, los mileniales son físicamente más saludables que la Generación X (la anterior), pero la ansiedad nos genera un malestar psicológico que se traduce a nuestros cuerpos. Además, somos una generación a la que prioriza socializar y que pasa más tiempo con planes entre amigos que preocupándose por tener hijos y formar una familia (esto también sucede por nuestra situación precaria, la cual viene por los bajos salarios que tenemos: suplimos unas cosas con otras más superficiales). Así, además, vamos acumulando deudas para financiar hábitos de estilo de vida por miedo a perdernos el ocio: el clásico FOMO (Fear of Missing Out).

La situación es tal que tampoco nos importa hablar de nuestras deudas abiertamente, otro diferenciante con las generación anterior, que consideraba tabú hablar de dinero, según otra encuesta de Reino Unido. Podríamos decir incluso que es una temática común entre las conversaciones más habituales. A esto hay que sumarle que nuestras condiciones psicológicas (el ansia, la espontaneidad, no controlar nuestros impulsos, pensar en el qué dirán) nos conducen a un gasto excesivo y a una acumulación de deudas. Solo podemos aconsejar que lo ideal sería empezar a ser más conscientes de nuestra situación para generar un cambio.