Por qué alguien pagaría 120.000 dólares por un plátano

Al arte contemporáneo empiezas odiándolo y acabas amándolo, es cuestión de abandonarte a la libre asociación de ideas

Llevo un día con la imagen de un plátano amarillo pegado a una pared blanca con un trozo cinta adhesiva gris. He visto cómo informativos generalistas intentan en dos minutos despachar una pregunta milenaria —¿qué es arte?— sin consultar ni siquiera a una experta. Veo tuits que se burlan del arte, gente muy frustrada y (poco) confundida, muy decidida a decir que un plátano en una pared es igual que un trozo de mierda en la pared. Ah, bueno, no, que la mierda de artista, al menos la de Piero Manzoni, también se vende (275.000 euros)... porque el arte contemporáneo (dice Twitter, o sea, la humanidad) se ha convertido en algo tan random, tan vacío y tan inaccesible que el no va más era poner una caca en un bote, basura en un cubo o un dorito en un museo. Hasta que ha aparecido el plátano: un triste y anodino plátano.

El plátano, se llama Comediante y es una instalación del artista italiano Maurizio Cattelan, se ha vendido este fin de semana por 120.000 dólares (108.000 euros) en la feria de arte contemporáneo Art Basel de Miami, uno de los encuentros anuales más importantes para los coleccionistas de todo el mundo. Ese era el precio de las primeras dos versiones de la obra. La tercera ya subía a los 150.000 y varios museos estaban interesados cuando pasó algo que, si bien nadie se esperaba, era predecible: otro artista, David Datuna, llegó y se comió el plátano de 120.000 dólares. Es una performance que, de nuevo, no hace nada más que adelantarse a los acontecimientos: el plátano es un material perecedero y, de haberlo dejado allí, aplastado bajo el trozo de cinta, pronto se hubiera convertido en un pedazo negro de material en descomposición. Unos días después, la piel se reventaría y un liquidito del mismo color empezaría a escurrirse pared abajo, la piel se secaría y se acercaría a lo que llegaría a ser la obra más definitiva. Una naturaleza muerta.

Otra opción, según el galerista, es ir cambiando el plátano por otro similar hasta el final de los tiempos, por lo que el incidente no le quita ningún valor a la obra. “Me gusta realmente esta instalación. Está muy deliciosa”, escribió en su cuenta de Instagram Datuna. Pero el plátano, tal vez, no fue más que el medio para que nos fijáramos en la pared. El medio para que todos pusiéramos el ojo en Art Basel, un golpe de efecto viral que nos tiene a todos muy preocupados (de repente) sobre la función del arte en los tiempos de la postmodernidad. Claro, el arte ya no sirve, el arte ya no enseña, el arte ya no es un esfuerzo virtuoso de un genio, el arte ya no es figurativo. Tal vez, en este caso, el arte sea el escenario. Después de que el plátano cumpliera su función (digamos, la de alimentar a un artista que, tras varios días en la feria ya debía sentirse un poco mareado por inversionistas que ponen cifras estratosféricas incomprensibles incluso para él), en la pared apareció una pintada que, con letras rojas, decía: "Epstein no se suicidó". Ahí ya eran pocos los que seguían mirando.

El asunto también duró bien poquito, porque los vigilantes de sala en seguida cubrieron el mensaje con un gran folio blanco. Algo parecido a lo que aparecería en Instagram si tú pusieras lo que realmente quisieras poner cuando pones un plátano. "Este post ya no está disponible", diría el cuadrado blanco. Estuvo, pero tuvimos que quitarlo porque va contra la moral. Desconozco si el responsable de la pintada fue el mismo Cattelan, pero que aparezca Epstein precisamente en este contexto, es significativo. El financiero millonario murió en agosto en una cárcel de Nueva York donde cumplía una cadena por tráfico de menores... entre la élite mundial, también el público del arte (uno de los principales afectados por su investigación, el príncipe Andrés de Reino Unido). Epstein sabía muchas cosas, pero se las tragó y ahora, con su muerte, han desaparecido.

Tenemos un lienzo, que podemos usar para decir chorradas, ocurrencias geniales o cosas importantes. Todas pueden desaparecer en un segundo, podrirse en el fondo de tu timeline o volverse virales (darte la oportunidad de ganar miles de euros por un post sobre, por ejemplo, un plátano). Con lo cara que va la fruta en los supermercados de Estados Unidos, es comprensible que Cattelan haya pasado de su urinario de oro al plátano empotrado.