Estuve aislado por el covid y ahora soy adicto a los vídeos de quitanieves

El positivo de una amiga, unas vacaciones demasiado largas y el algoritmo de Youtube me han empujado a una adicción que no me esperaba

La pala deslizándose por un manto blanco de nieve, el ruido del motor y los copos de nieve acumulándose sin descanso sobre alguna carretera perdida de Suiza. Un espectáculo hipnótico que me ha atrapado días y días sin darme cuenta y que me ha convertido en un yonki de uno de los géneros más frikis que pueden existir en internet: los vídeos de quitanieves de Youtube. Antes de que pienses que estoy fatal o que soy un niño rata de 36 años, te contaré un poco el contexto lamentable que me ha lanzado a semejante manera de desperdiciar mi vida. Aquí una muestra:

Todo comenzó con la gran nevada en Madrid y un vídeo que publiqué en Instagram con mis vacaciones en la nieve. Fue el típico vídeo que te haces de recuerdo, pa hacer ver que viajas y por que, en realidad, no tienes nada mejor que hacer. Además, me quedaban 15 días de vacaciones y me tenía que quedar encerrado porque resulta que había tenido contacto estrecho con un positivo en covid. Así que yo y mis no síntomas nos vimos forzados a pasar interminables horas en casa alternando entre leer libros de esoterismo, salirme a la hamaca del balcón con el plumas o quitarle los pelos de perro al sofá. 

Por suerte, el omnipotente algoritmo de Youtube detectó mi abundante y repentino tiempo libre así como mi interés por el polvo blanco (el que no se esnifa ni se pone en el café, dios me libre) y se sacó de la manga un vídeo que me dejó to loco. Se trataba del canal de un pueblecito de los Alpes que tiene un servicio de quitanieves to pepino y les ha dado por subir sus sesiones de más de una hora de sacar nieve a punta pala. Un selecto grupo de 4.900 afortunados que consumen sus vídeos de 45 minutos como mínimo… aunque me he comido alguno de dos horas. En serio.

Ver cómo el señor Günther maneja la pala por calles con un metro de nieve polvo es orgásmico. Algo así como un ASMR nivel hardcore y que, además, dura horas. Además es un puto plano fijo. Ni efectos, ni transiciones, ni cambios de ritmo… un mismo plano de dashcam durante un par de horas y "a pelo", ni un solo corte o edición en el sonido. Si el del quitanieves se tirase un pedo se escucharía, pero el murmullo de la pala arrancando capas de nieve es tan gratificante y embriagador que seguramente me sonaría como una melodía de Franz Liszt.

Pero no os penséis que todos los vídeos de “winterdienst” (como se dice “quitar nieve” en alemán, por si os interesa sumergiros en el género) son un paseo por las nubes. A veces, la cosa se pone muy jodida para el operador del quitanieves y tiene que tirar de todos sus skills para evitar una liada nivel Madrid después de la Filomena. Aún recuerdo cómo me sobresalté al comprobar que el jambo del quitanieves se pasaba de frenada sacando nieve de una cuneta y casi acaba en el fondo del valle rodando como un queso suizo. O cómo casi se lleva por delante a un tipo que aparece de la nada en medio de la nieve y sin reflectantes ni ná el insensato. Unos genios del suspense, los suizos. 

En fin, que no tengo mucho más que contar. Solo quería compartir una de las filias visuales más rarunas que he tenido en años y que, personalmente, me da mucho gustito en esos ratos en los que no sabes qué ponerte en Netflix y acabas tirando por un vídeo de estos para pillar el sueño. El tener algo así es una sensación de comfort y de seguridad que solo unos pocos saben valorar. Seguramente el subidón se me pase en unas semanas como me pasó con los vídeos de DIY, los de forja o los de supervivencia primitiva, pero todos ellos han dejado un entrañable recuerdo en mis suscripciones de Youtube. Gracias algoritmo por tantas horas de entretenimiento absurdo.