Lo-fi Hip Hop: la música nostálgica y relajante que te refugirará de tu ansiedad

Tu familia está durmiendo y tú estás jugando a Minecraft en tu habitación en una fría noche de verano de 2012

Un melancólico piano suena a lo lejos. Se oye el ladrido de un perro que destaca sobre el canto constante de unos grillos. Hasta que no ladró el perro no te habías dado cuenta de la presencia de estos insectos. Un órgano vaporoso sube de intensidad poco a poco, pero luego baja y se desvanece. Te das cuenta de que, más que un órgano, es el ruido de un camión que acaba de pasar despacio, sin prisa, bajo tu ventana. Su lentitud te evoca una madrugada, una noche que olvidarás pero en la que te sientes totalmente en calma.

Esta es mi sensación al escuchar your family is asleep and you're playing minecraft on a cool 2012 summer night (Tu familia está dormida y tú estás jugando al Minecraft en una fría noche de verano de 2012), un vídeo de YouTube con un título que por sí solo ya te pega una buena bofetada de nostalgia aunque en las frías noches de verano de 2012 no jugases al Minecraft ni una sola vez. Esto es el Lo-Fi Hip Hop, un estilo musical nacido en internet, desarrollado en YouTube y con un claro propósito: provocar ese sentimiento que yo he sentido, esa nostalgia; pero también prestar refugio, calmar una ansiedad que ya se ha convertido en una de las peores pandemias de nuestra época.

En términos musicales, este estilo tiene unas pautas muy bien definidas y que describió magistralmente hace unos meses el músico y youtuber Jaime Altozano en su vídeo titulado Lo-fi Hip Hop: la expresión de la nostalgia millennial. El encuentro por casualidad con ese vídeo es el origen de este artículo, en el que intentaremos explicar qué es y por qué atrae a tantísimas personas. En su definición del estilo, Altozano utiliza conceptos musicales (como no podría ser de otra forma, ya que ese es su campo), y nos cuenta que una pieza musical es Lo-fi Hip Hop (LFHH) siempre que suene como una grabación antigua, utilice algún sample cutre y un beat de baja calidad. Aunque, en realidad, haciendo gala de su origen crowdsourced, muchas de las canciones LFHH se olvidan de algunos de estos requisitos, incorporan otros rasgos o hacen mucho más hincapié en uno u otro.

Pero hay otra característica que yo considero clave en el LFHH y que Altozano solo insinúa. Se trata de que cada canción nace con la idea de recrear un momento agradable. Ya sea actual, del pasado o simplemente ideal, aunque no lo hayamos vivido. De ahí el juego continuo del estilo con la nostalgia: grabaciones de películas antiguas, videojuegos de los 90… Y de ahí también que en la mayoría de los vídeos de LFHH en YouTube (su hábitat natural) la música vaya acompañada de un GIF o un vídeo que se repite infinitamente. Puede ser una imagen de lluvia cayendo tras los cristales o un chico mirando el anochecer desde el interior de un coche; alguien leyendo en su habitación o un mapache antropomórfico que camina despacio con auriculares y chubasquero junto a un lago mientras chispea.

Momentos muy concretos, apacibles y reparadores, que rápidamente fueron adoptados por muchos internautas como un refugio para sus problemas o su ansiedad. Y ahí es donde reside el éxito de este nuevo estilo musical. En el momento en el que estoy escribiendo esto, un nublado jueves a las 4 de la tarde en Barcelona, 59.637 personas están conectadas a lofi hip hop radio - beats to relax/study to, la emisión en directo de YouTube que emite ininterrumpidamente música LFHH. En hora punta, esta cifra puede superar los 100.000 usuarios.

De hecho, en febrero de este año, la emisión, que llevaba en marcha sin pausa desde hacía 549 días, se interrumpió, lo que causó un pequeño escándalo en internet. Los usuarios se quejaron hasta que YouTube se dio cuenta de su error, restableció la emisión e incluso emitió un comunicado pidiendo disculpas. Otro indicio de la importancia del fenómeno.

Volver al pasado

Ante este hecho surgen varias cuestiones, pero todas rondan alrededor de una pregunta: ¿por qué estamos tan obsesionados con revivir nuestra infancia o momentos concretos del pasado? Para encontrar la respuesta, contactamos con la psicóloga Laura Esquinas. “Aquellas personas que han tenido una infancia más o menos cuidadosa, la reviven porque en esta etapa atravesamos el periodo del pensamiento mágico, que va desde los 2 hasta los 6 años, aunque a veces se alarga un poquito más”, comenta Laura. “Es una etapa en la que nos creemos todo (por ejemplo, creemos en los Reyes Magos) y pensamos que nos podríamos convertir en todo aquello que queramos, hasta en un superhéroe. Vemos el mundo como un lugar mucho más idílico, el mundo se mueve desde nuestro motor, desde nuestros deseos, desde lo que nosotros queremos”.

La infancia es, por tanto, como se ha dicho tantas veces, nuestro paraíso perdido, nuestro Rosebud. Por eso se convierte en un lugar seguro dentro de nuestra mente al que intentamos volver para tranquilizarnos. “Es una etapa en la que, si no se boicotea por circunstancias externas como malos tratos, abusos o negligencias, el niño se siente más empoderado, con más fuerza, con posibilidad de conseguir todo lo que quiere. Por eso es natural que, ante malos momentos, nos vayamos a esa época”, concluye Laura.

Según el Barómetro Juvenil sobre Vida y Salud, publicado en 2017 por la FAD, un 11% de los jóvenes entre 15 y 29 años, tienen problemas de ansiedad. Se sienten agobiados por la falta de oportunidades laborales, el perfeccionismo, la insatisfacción con su físico, la competitividad o la tiranía de las redes sociales. Esa ansiedad desemboca en el aislamiento, ya que la interacción en el mundo real dispara los síntomas. De ahí surge la tendencia a quedarse más en casa o a escuchar música que nos traslada a un momento vital en el que teníamos menos preocupaciones.

Volvemos allí, por ejemplo, mediante el LFHH, y suplimos la interacción IRL comunicándonos solamente a través de internet en forma de juegos online, redes sociales o aplicaciones de ligoteo en las que (como seguro que le habréis escuchado a algún amigo) “hablo con mucha gente, pero nunca quedo con nadie”. Del confinamiento ya ni hablamos. “La casa nos ofrece alternativas y vivencias diferentes a lo que encontramos fuera”, señala Laura. Para las personas con ansiedad, “el exterior es un mundo que se les plantea como algo peligroso y conflictivo, con miedos a afrontar. Sin embargo, estar en casa les supone potenciar lo relacional, y pueden ser ellos mismos y omitir el miedo al rechazo”.

E insiste: “Si un niño tiene baja autoestima o no está contento con su físico o su manera de ser, a través de las conexiones, de las redes o de los juegos virtuales, puede proyectarse en una imagen que no existe. A la vez, la sensibilidad de algunas de las personas que se encuentran en este tipo de mundos alternativos es similar, lo que hace que se potencien aún más esas conexiones entre ellos. Y esto se traduce en que les resulte aún más difícil salir de casa. Porque fuera está lo peligroso y dentro está el hogar”, termina Laura.

Pero, ¿es esta forma de buscar un refugio mental mejor o peor que quedar con tus amigos en la plaza o coleccionar cromos de monstruos? Cuestión complicada, si estás en torno a los 40, es probable que pienses que es peor; que nosotros nos lo montábamos mejor. Pero es una respuesta teñida de nuestra propia experiencia, y seguramente también fue puesta en duda en su momento. No sé, después de un rato pensando, solo puedo acordarme de una frase que me decía mi abuela muy a menudo, cargada de toneladas de pragmatismo aragonés que aplica muy bien a este tema y era que “donde se está bien, buen rato”.