Así fueron mis 48 horas viendo porno con unas gafas de realidad virtual

Aplicaciones como la app de PornHub incluyen apartados de vídeos Virtual Reality con los experimentar en primera persona una escena porno

Podría tocarle las tetas, parece que las tengo pegadas en la cara. Es la primera vez que tengo unas tetas tan cerca de mi boca, pienso que me gustaría lamerlas. Y apretarlas. La entrepierna me palpita. La protagonista pone cara de deseo mientras saca la lengua. Parece que me mira a los ojos. La miro a ella porque si enfoco la mirada hacia abajo veré un pene empalmado y muy duro. Ese miembro, se supone, forma parte de mi cuerpo, solo que no es exactamente así. Vamos que yo no tengo pene, estoy bastante confundida y prefiero mirarla a ella. Nadie me dijo que hacerse una paja con unas gafas de realidad aumentada sería fácil

Como cabría esperar, la escena con la que pierdo la virginidad en el mundo del sexo virtual está protagonizada por un hombre. Y digo protagonizada porque, aunque no se le vea la cara, él está siendo —solo y exclusivamente— el que recibe todo el placer. Pero este es solo un vídeo más entre los muchos que pienso probar en las próximas 48 horas. Me toca sumergirme en esta realidad virtual del sexo a través de unas gafas que me llevarán a un nuevo éxtasis. Uno vivido desde una perspectiva donde el orgasmo será la meta.

Entre penes y flautas

Todo comienza con las gafas que me prestan desde Vive Virtual, una tienda que promueve experiencias de todo tipo a través de gafas de realidad aumentada. Una vez que llego a mi casa, ya cachonda pensando en lo que me espera, me descargo la aplicación de PornHub y accedo al apartado de vídeos V.R. (Virtual Reality, en sus siglas en inglés). Después de seleccionar un vídeo, coloco el móvil dentro de la estructura de las gafas y me preparo para disfrutar.

Es en este momento en el que me doy cuenta de que no todo es como me lo había imaginado: en la búsqueda del material con el que voy a masturbarme no doy con los temas que me gustaría ver, al menos no con facilidad. En el menú de PornHub lo primero que se ve son voluptuosos cuerpos de mujer que están en la posición perfecta para chupar una polla o ser penetradas. Parece ser que en todos estos vídeos el que lleva puestas las gafas —dan por hecho— es un hombre. Es más, encontré muy pocos en el que, al enfocar a la entrepierna, lo que se encontrara fuera un coño. Algo con lo que identificarme, sentirme cómoda. 

VirtualRealPorn

A pesar de que el público principal al que van dirigidos este tipo de vídeos sea el masculino busqué la manera de dar con algunos que pudieran excitarme. En concreto, encontré varios en los que era posible ser solamente espectador, vaya como cuando ves porno en el móvil o en el ordenador pero, en este caso, desde dentro. Tan dentro que es posible girar la cabeza y ver todo el paisaje que rodea la escena, como si realmente estuvieras ahí, a un metro de distancia de esas dos personas que están a punto de follar. En este caso el espacio era el jardín de una casa. Dos chicas jóvenes practican yoga cerca de una piscina con unos apretadísimos leggins que son todo excepto cómodos. A lo lejos, dentro de la piscina, un hombre fuerte y robusto —cómo no— las observa.

PornHub

Me acomodo en mi cama. Aprovecho que estoy sola y me siento tranquila. Apago las luces porque no afectan al uso de las gafas y me recuesto. Me he puesto una condición: solo voy a masturbarme si el vídeo consigue realmente excitarme. Si consigue que no aguante más sin tocarme, entonces lo haré. Las jóvenes, que tienen poco control sobre yoga, se estiran y se colocan en posturas del todo sensuales. El hombre, pasados unos dos minutos, se acerca a ellas. En ese instante la que juega el papel de instructora decide marcharse y dejar a su alumna con este hombre. Cuando ella desaparece empiezan a comerse la boca. Mi mirada está muy cerca de ellos, oigo cómo respiran, cómo van excitándose, cómo suspiran. El hombre está en calzoncillos, mientras se besan puedo ver cómo se empalma. El beso me pone. Me gusta mucho lo que veo. Me estoy encendiendo.

El clímax en pausa

La realidad virtual para el porno parece que no acaba de dar con su boom. Poco a poco esta unión entre tecnología y sexo va abriéndose su hueco en la actualidad, pero sigue sin ser el género más explotado por las nuevas tecnologías. Por el contrario, las experiencias más buscadas son otras: montañas rusas, saltos en paracaídas, laberintos o escenarios donde pueden verse dinosaurios u otras criaturas. Todas ellas vividas detrás de unas gafas y acompañadas de sonidos y efectos como viento o agua.

La pornografía, no obstante, puede llegar a ser pionera en el ámbito de la realidad virtual y es un campo que está bastante inexplorado y que podría evolucionar a grandes rasgos, casi hasta convertirse en un fetiche. En España hay algunas sedes que se dedican exclusivamente a la pornografía para realidad virtual: BadoinkVR (empresa norteamericana cuya sede está en Barcelona) y Virtual Taboo (nació en Barcelona y más tarde fue adquirida por la empresa norteamericana xHamster), entre algunas otras.

BadoInkVr

Para que la experiencia sea tocha se necesita de un buen par de gafas, la calidad es esencial porque, al estar tan cerca, el espectador espera poder atraparse a los detalles y unas gafas de buena calidad no son asequibles para todos. Por otro lado, la pornografía suele ser de consumo veloz, un momento de inmediatez en el que pararse a preparar lo necesario para sumergirse en la realidad virtual puede llegar a dar pereza. Aún así, en esta ocasión y con todo el hype de la novedad, no puedo esperar para culminar mi experiencia en solitario.

En los poco más de 15 minutos que duraba el vídeo de la joven de yoga y el hombre robusto he tenido tiempo de sobra para correrme. Sin embargo, decido disfrutar y hacerme esperar, me gusta que las ganas de tener un orgasmo siempre estén a punto y que la explosión llegue tarde. El vídeo va aumentando poco a poco y el hecho de poder escuchar sus susurros y sus gemidos me pone bastante cachonda. Me meto las manos en las bragas, me acaricio, ‘ojalá le hiciera lo mismo a ella’ pienso, me gusta ver cómo masturban a una mujer, empatizo con el placer que veo en la escena.

Guillermina Torresi - Gafas Vive Virtual

El vídeo, a pesar de ser bastante simple, me excita, sobre todo porque hay momentos en el que los actores miran a la cámara y parece que me están mirando a los ojos, casi provocándome, me siento una voyeur. Justo cuando ella está alcanzando el orgasmo yo también termino y me quedo en pausa, recostada en mi cama. El tema es que ya que me quedé tan a gusto, y aprovechando que tenía las gafas durante todo el fin de semana, decidí probarlas junto a mi novio convencida de que el mayor potencial para esta tecnología está en poder utilizarlo como un complemento al sexo en pareja. 

Como la mayoría de vídeos son para hombres, él visualizaba como una pornostar con medidas de infarto se la chupaba mientras yo, en la vida real, era quien le generaba el placer. De esa manera la experiencia sí vale la pena porque quien se coloca las gafas tiene la posibilidad de sentir que esa fantasía es casi real. Así, entre juegos en solitario y en pareja, finaliza mi viaje de un tórrido fin de semana por el sexo virtual. Y, aunque se trató de una experiencia divertida y curiosa, no me masturbaría así todos los días. Decido quedarme con lo más convencional y guardar el juguete para cuando esté acompañada y pueda exprimir el viaje más a fondo. 

La tecnología, como cualquier otro complemento sexual, no sustituye a la persona. Es por ello que, en mi caso, compartirlo con mi pareja fue lo más atractivo: la experiencia aumentó nuestra confianza, nuestra comunicación y la posibilidad de hacer realidad nuestras fantasías sin prejuicios ni tabúes