5 prácticas sexuales no convencionales explicadas por un sexólogo

El carrete filipino, el balanceo tibetano, la pinza birmana, el cangrejo ruso y el chapelet thai son cinco prácticas sexuales no convencionales de las que probablemente nunca habías oído hablar

Tienen nombres que parecen sacados de una peli porno de los 90, suelen incluir uno o más juguetes sexuales y sus orígenes casi legendarios siempre parecen apuntar a las prostitutas de algún país del lejano Oriente. El carrete filipino, el balanceo tibetano, la pinza birmana, el cangrejo ruso y el chapelet thai son cinco prácticas sexuales no convencionales de las que probablemente nunca habías oído hablar pero que, en realidad, cualquiera podría practicar si sus prejuicios se lo permiten, claro. 

Eso sí, antes de acabar en urgencias o en comisaría, lo suyo es informarse en profundidad y para eso lo mejor es hablar con alguien que sepa del tema. El psicólogo, sexólogo y terapeuta de pareja, Ignasi Puig Rodas, comienza dejando claro que las practicas sexuales no convencionales son “aquellas que no son habituales en la sociedad y que, por tanto, se apartan del sexo coital con penetración”. Es decir, que la etiqueta ‘no convencional’ se debe a un tema más estadístico que otra cosa y que “no tiene nada que ver con que sean buenas o malas”.

Dicho esto, el sexólogo recuerda la importancia de tener claro que algunas de ellas pueden ser un poco extremas y más si no estamos acostumbrados a según qué cosas. “Algunas técnicas requieren de cierto nivel de forma física ya que son complicadas de realizar y no todo el mundo está bien físicamente. Lo que jamás debería ocurrir es que por querer hacer algo novedoso nos acabemos lesionando”, señala Ignasi que insiste en que “no debemos olvidar que el sexo es entre otras muchas cosas una actividad gimnástica”.

OK, una vez ha quedado claro que lo que viene es nivel avanzado, presentamos al sexólogo las cinco prácticas sexuales más surrealistas que hemos encontrado en internet:

El carrete filipino

La práctica sexual que convirtió a la Preysler en el objeto de deseo de la jet-set de los 90 tiene sus orígenes en el país asiático que le da nombre. Al parecer, las prostitutas de los burdeles filipinos eran especialmente hábiles en el arte de atar un cordel a la base del pene erecto y sabían apretar o soltar el hilo de tal forma que aumentase las sensaciones de sus clientes al máximo y contribuyesen a una eyaculación memorable soltando el hilo en el momento justo del orgasmo. 

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“Hay gente que además de atar la base del pene ata los testículos”, apunta Ignasi a modo de sugerencia. Sin embargo y antes de que vayas a coger el cordel del costurero para sorprender a tu pareja, advierte que esta técnica puede entrañar algunos riesgos si no es ejecutada correctamente. “Como es lógico, el estrangular un miembro impidiendo el paso de sangre puede conllevar que si llevamos la práctica al extremo se produzca priapismo —una enfermedad muy dolorosa— por la coagulación de esa sangre retenida en el pene”, alerta.

“Es algo rarísimo que no suele ocurrir con el carrete filipino a no ser que se haga muy mal. De hecho, suele ocurrir más en el caso de personas que tienen problemas de erección y recurren a estranguladores que además pueden ser objetos como anillos de bisutería que no están diseñados para ese fin”, añade Ignasi que por eso recomienda tener a mano unas tijeras de pico-pato y utilizar únicamente cordeles de fibras naturales para evitar posibles heridas en la piel del pene. 

En cuanto a su recomendación a parejas poco experimentadas, el sexólogo apuesta por probar la técnica con los matices que suelen aplicarse a todas estas técnicas: “más vale probar poco y quedarse con ganas de más que pasarse probando y no querer seguir experimentando”.

El balanceo tibetano

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Pasamos de las islas del Pacífico a lo alto de los Himalayas en nuestro viaje por los orgasmos no convencionales. Dice la leyenda de Google que en esta técnica sagrada el hombre se sienta en la postura del loto y la mujer —los monjes tibetanos eran bastante heteronormativos por lo visto— se enrosca con las piernas sobre la cadera de su pareja para introducirse el pene y juntar sus bocas. La gracia de la postura es que cuando ella inhala, él exhala. Al ir alternando sus respiraciones de manera sincronizada se crearía un balanceo hipnótico que les permitiría sentir el sexo a otro nivel.

Pero a Ignasi el nombre de esta técnica y su explicación le suena un poco a un refrito de internet. “Parece una mala traducción del Ananga Ranga, un manual de sexo indio del s.XVI, en el que se conoce a esto como ‘el abrazo de la diosa’. La teoría es que al expirar ella e inspirar él (y viceversa) en un momento concreto se produce una penetración más profunda y un balanceo que facilita el sexo sin utilizar tanto el físico como en el misionero”, explica el sexólogo que recalca que “en realidad no están compartiendo el aire, sino que están respirando de manera sincronizada”.

“Tiene mucha relación con el sexo tántrico ya que no se trata de una actividad física, potente e instantánea sino que se procura un placer sexual más pausado que es una de las bases del sexo tántrico: acercamiento de los cuerpos, transmisión de afecto, control de la respiración y la excitación para retrasar la eyaculación”, cuenta Ignasi. Eso sí, no te creas que por ser rollo espiritual no tendrás que estar todo/a fit para llevarla a cabo. 

“Ponerse en la flor de loto y que la mujer abrace de esta manera durante largos periodos de tiempo puede provocar rampas. Así que si no tenemos mucha práctica o elasticidad no es mala idea realizar algunos estiramientos previos como lo haríamos para practicar un deporte”, recomienda el sexólogo.

La pinza birmana

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Una vez más la supuesta especialidad de las prostitutas asiáticas vuelve a relucir. Esta técnica consiste en estimular el pene durante la penetración utilizando los músculos de la vagina que han sido previamente entrenados mediante bolas chinas —de este accesorio sexual hablaremos más adelante porque dan mucho juego—. El tema es que resulta tan placentera para el hombre que el orgasmo no tarda en llegar por lo que, según la leyenda, las prostitutas pellizcaban la base del pene o los testículos para retrasar el clímax.

“La ventaja de ejercitar el suelo pélvico y en concreto la musculatura vaginal es que podemos contraerla con mayor fuerza en el momento deseado por lo que si se produce durante una penetración, en el caso de parejas heterosexuales, el hombre sentirá mucho más placer al tener mucho más contacto”, dice Ignasi que cree que “la gracia es realizar esta técnica de forma repentina, en el momento del clímax o, incluso, durante toda la duración del coito: ir realizando contracciones periódicas provocando gran placer si se sincroniza correctamente con la penetración”.

En cuanto a su recomendación, el sexólogo señala que “hay mucha gente que lo hace sin saber que esto se llama la pinza birmana” y apunta que no solamente todas las mujeres deberían procurar ejercitar y fortalecer su suelo pélvico, sino que “el efecto de succión que se consigue puede ayudar a facilitar la fecundación” en el caso de parejas que persigan el embarazo.

El cangrejo ruso

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Sin lugar a dudas la práctica más WTF de todas las que hemos encontrado. En teoría se supone que proviene de Rusia, aunque con raíces chinas, y que solían practicarla los miembros de la mafia de más alto rango junto a prostitutas. Consistiría en aplicar un golpe seco e indoloro en un punto concreto de las costillas del hombre en el momento previo al orgasmo —esto se supone que lo debería hacer una tercera persona— lo que provocaría una contracción anal involuntaria que potenciaría el clímax a otro nivel. La intensidad del golpe, el timing y la ubicación exacta —relacionada con la acupuntura— sería un conocimiento altamente secreto.

Aunque suene de lo más curioso, a Ignasi todo esto le suena a cuento chino o mejor dicho, ruso.“He consultado a expertos en medicina tradicional china y me han confirmado que ninguno de los puntos de acupuntura de la caja torácica puede provocar ese efecto por lo que esa historia de que viene de Oriente a través de Rusia es falsa”, comenta y critica que “resulta muy típico que todas las prácticas vengan con el nombre de algún lugar asociado que lo haga parecer más exótico, en plan, ‘oh, qué guay viene de…’”.

En cuanto a ese toque BDSM que parece contener el cangrejo ruso, el terapeuta matiza que ni eso: “Dista mucho en la forma en la que se concibe el BDSM como manera de conseguir el placer a través del dolor. Me refiero a que en el BDSM el dolor es el vehículo directo del placer, el dolor que se transforma en placer, y aquí sería el indirecto, es decir, solo ayuda a potenciar la eyaculación a través de la contracción súbita de los esfínteres”.

El chapelet thai

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Que no te engañe el nombrecito porque esto son las bolas chinas de toda la vida de Dios. Consiste en meter estas bolas unidas por un hilo en el ano e ir tirando metiéndolas y sacándolas durante el coito. En el caso de los hombres, además, se utilizan para estimular el punto P aunque puede resultar placentero para ambos géneros. Eso sí, cuidadito con lo que os metéis por el culo que no todo vale.

“Es muy importante que a la hora de comprar un juguete sexual para esta practica el hilo que una las bolas esté totalmente recubierto de un material gomoso, silicona o caucho. Lo principal es que sea hipoalergénica y que no deje ninguna fibra a la vista porque piensa que se va a manchar de heces y limpiarla va a ser dificilísimo. Cualquier juguete que se vaya a insertar en el ano debe ser fácilmente lavable o será un foco de infecciones. También se puede usar un preservativo para recubrir el jueguete”, advierte Ignasi.

Más allá de las precauciones con la higiene, el único problema que el sexólogo aprecia en esta técnica es “el prejuicio que permanece muy extendido de que si un hombre se excita con ellas es posible que se vaya a convertir en homosexual, como si por ser ‘muy hombre’ no se pudiese disfrutar del sexo anal y preservar su masculinidad”. Por tanto, y como ocurre con todas las anteriores (menos quizá el cangrejo ruso), se trata de opciones muy interesantes para todas las parejas y personas curiosas que quieran probar sin miedo al qué dirán.