10 cosas que amábamos de niños pero odiamos como adultos

Antes abrir el buzón y tener una carta era pura emoción, ahora sabes que es una factura o Hacienda diciendo que vas a ir a la cárcel por no saber sumar

¿Nunca te paras a pensar en la cantidad de cosas que cuando eras un moco te flipaban y ahora suenan a lo peor de lo peor? Como aquella pasta de dientes sabor fresa, la del bote del cocodrilo. Puedes recordar lo guay que era entonces pero si tuvieras que lavarte los dientes con eso ahora mismo 99% de probabilidades de que las arcadas se escucharían desde Arkansas. Recientemente un usuario lanzó en Reddit la pregunta “¿Qué es algo que te encantaba de niño pero odias como adulto?”. Hubo muchas respuestas, pero estas 10 son probablemente en las que absolutamente todo el mundo estará de acuerdo. Empezamos.

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1) Recibir correo

“Recibir correo cuando eres un niño eres superemocionante porque suele ser en navidades o cuando llega tu cumpleaños, o quizás postales de tus amigos cuando están de viaje. Ahora abres el buzón y todo son facturas, facturas y más facturas”. ¿Cuánto hace que no recibes una carta que abras con ilusión y no con miedo? Ser adulto es un coñazo.

2) Crecer

“La idea de crecer. De niño no podía esperar a crecer, pero ahora ya estoy harta de hacerme vieja. Antes pensaba que sería divertido, guay, que tendría dinero. Ahora he llegado al punto en el que si veo a mi supervisor llorando por el estrés del trabajo en su coche empatizo con él de corazón”. Totalmente cierto. Desde la infancia ser mayor suena a libertad, cuando en realidad es esencialmente hacer cola en el banco antes de que abran, hacer la colada los domingos cuando no te apetece y tener un miedo permanente a haberla liado con los impuestos y que llegue una carta de Hacienda diciendo que vas a pasarte el resto de tu vida en la cárcel por no saber sumar.

3) Las atracciones de feria

“De niño solía amar las atracciones de feria. Ahora no puedo ni montarme en el tren de la bruja sin marearme muchísimo. Igual te suena ridículo, pero tiene sentido: como adultos no usamos nuestro sistema vestibular (encargado del equilibrio y el control espacial) tanto como cuando somos niños que siempre andamos por ahí dando tumbos. Hace poco me monté en una montaña rusa (antes las amaba) y me dejó el cuerpo del revés: náuseas, dolor de cuello y de espalda… fatal”. Que levante la mano el que antes podía subirse 5 veces seguidas en una atracción y ahora necesitaría que lo sacasen del parque de atracciones en ambulancia.

4) El yogur líquido

“El yogur líquido era lo mejor. Me flipaba. Ahora solo pensar en él me da ganas de vomitar”. Probablemente el yogur líquido entre en la misma categoría de la pasta de dientes de fresa del cocodrilo, de la fascinación a la arcada.

5) Nadar en piscinas públicas

“De niña me encantaba nadar en la piscina pública, ahora me parece bastante asqueroso. Tienes garantizado que están llenas de pis y mocos de crío”. ¿Es hacerse mayor dejar de ir a la piscina municipal en verano con tus amigos? Se abre debate.

6) Los emails

“Los emails. Cuando tuve mi primera dirección de correo electrónico me parecía super emocionante recibir un email, ahora lo odio. Siempre que abres uno es para convocarte a alguna estúpida reunión o algo que tiene que ver con el trabajo”. Sinceramente no puede haber nadie que no esté de acuerdo con este punto.

7) Estar enfermo

“Estar enfermo cuando eres niño significaba quedarte en casa viendo tus programas favoritos de la tele sin tener que ir al cole. Como adulto es tener que pillarte la baja y cobrar menos o ir a trabajar enfermo”. Y no nos olvidemos del miedo a perder el trabajo por faltar al ponerte enfermo. Missing infancia, pero missing más los derechos laborales.

8) Los adolescentes

“Cuando era niño los adolescentes eran tan guays, ahora son la gente más odiosa del planeta. Eso es porque cuando eres un niño los adolescentes parecen adultos. Cuando eres adultos los adolescentes parecen niños”. Probablemente el síntoma más claro de que ya no eres joven es la rabia fuerte y muchas veces injustificada que sientes al ver a un grupo de adolescentes.

9) Dormir en casa de otra persona

“Pasar la noche en casa de un amigo o una amiga era el plan perfecto. Fiesta de pijama. Locurote. Ahora amo dormir en mi propia cama, con mis propias almohadas. Es una mierda cuando eres la primera persona en despertarte y tienes que esperar a que se levante el resto mirando al techo”. Las personas que siempre se despiertan las últimas no lo entenderán.

10) La comida rápida

“Me solía encantar comer comida rápida porque mis padres solo me lo permitían cuando estábamos de vacaciones, así que era una especie de premio. Como adulto la comida casera que te prepara tu familia es el mayor premio que hay”. Ojalá un tupper de mamá en la nevera ahora mismo y no los restos de comida china de ayer.