Tus traumas de la infancia te hacen envejecer más rápido

Quienes sufren episodios traumáticos en la niñez tienen hasta un 460% más de probabilidades de padecer depresión 

Hasta un 25% de los niños de los Estados Unidos experimentará o será testigo de un algún evento traumático antes de cumplir los cuatro años. Una experiencia que pueden padecer igualmente niños y niñas de todo el mundo, según estadísticas obtenidas por Recognize Trauma, un proyecto de la Mental Health Connection of Tarrant Country. Nadie es inmune. Sus consecuencias, además, parecen ser mucho más amplias y profundas de lo que habíamos imaginado. O al menos así lo cree Bryan E. Robinson, psicoterapeuta y profesor emérito de la Universidad de Carolina del Norte en Charlotte de Estados Unidos.

Hasta ahora, las investigaciones habían vinculado las experiencias traumáticas en la infancia con una mayor propensión a sufrir determinadas enfermedades. Una de las más importantes fue realizada hace muy poco, de la mano de los investigadores epidemiológicos Vincent Felitti y Robert Anda, cuyas conclusiones ponen en cifras las consecuencias dramáticas de estas experiencias: quienes las sufren en la niñez tienen hasta un 460% más de probabilidades de padecer depresión y un 20% más de ser hospitalizados. La diabetes, el cáncer o las enfermedades cardiovasculares también les afectan más.

En un artículo para la publicación especializada Psychology Today, Robinson asegura que estas no son las únicas consecuencias de experimentar traumas como el abuso infantil, la violencia sexual o el maltrato en la infancia. Además, y basándose en un reciente estudio publicado en el Psychological Bulletin Journal, afirma que "los niños que experimentan abuso y/o violencia envejecen más rápido biológicamente que los niños que no disponen de un historial así". Y una de las principales causas la encontramos en los telómeros, unas puntas protectoras que se encuentran ubicadas en los extremos de nuestros cromosomas.

Según Elizabeth Blackburn, científica ganadora del premio Nobel de medicina, nuestras células comienzan a envejecer cuando los telómeros se vuelven demasiado cortos y dejan de dividirse. Es ahí, dice Robinson, donde encontramos la relación entre las experiencias traumáticas y el envejecimiento, ya que existen cinco patrones tóxicos de pensamientos asociados a los traumas capaces de acortar nuestros telómeros: el "pesimismo, hostilidad cínica, enganchamiento de pensamientos, supresión de pensamientos y mente ida". Sencillamente, esos fenómenos aceleran nuestro declive biológico.

Y no es una mera suposición. Ni siquiera una conclusión indirecta. Como subraya Robinson, la investigación editada por el Psychological Bulletin Journal confirma cómo "la adversidad en la infancia está asociada conel adelgazamiento cortical, una señal de envejecimiento, ya que la corteza adelgaza conforme envecejemos". Además, las experiencias de maltrato, abusos o violencia sexual, tanto experimentadas en primera persona como experimentadas como testigo, también producen un adelgazamiento de otras zonas del cerebro cuyas funciones estan vinculadas al procesamiento emocional, social, sensorial y cognitivo.