Pasé los dos mejores minutos de mi vida mientras probaba el vibrador de las influencers

Llevaba semanas viendo en Instagram un juguetito llamado Satisfyer Pro al que todas denominaban su mejor amigo, así que decidí probarlo

Los dedos de mis pies se estiran en una pausa orgásmica que tensa todo mi cuerpo. Cierro los ojos y por mis labios nace un lento pero continuado gemido. Me muerdo el labio inferior porque el éxtasis es tal que debo controlarme. Mi cuerpo desnudo se roza con las sábanas aterciopeladas que ahora me cobijan y abrazan este placer. Quiero más. No me convence la idea de parar de sentirme así. Comienzo a adentrarme, una vez más, en la búsqueda de otro orgasmo que nacerá, por supuesto, gracias a la excitación de mi clítoris, ese mágico órgano sin el cual no podría vivir. Mi respiración se acelera. Observo cómo mi piel se eriza y las aureolas de mis pechos se endurecen. Qué gozada. No son mis manos las que están haciendo que viva este viaje excitante. Es el Satisfyer Pro 2, un juguete que succiona el clítoris con mayor o menor potencia y que es el nuevo aliado de muchísimas mujeres.

La máquina de succión

Llevaba algunas semanas viendo a través de Instagram a varias jóvenes influencers que se sacaban fotos con el Satisfyer. No solamente había fotos, las stories empezaban a verse colapsadas por la publicidad de este aparatito. La verdad es que la curiosidad me pudo, no voy a mentir, así que empecé a investigar cuál era el dichoso juguete y, si tan bueno era, cómo era posible que aún no lo hubiera probado. En el instante en que pude leer que era un succionador de clítoris las dudas me asaltaron, ¿en serio succionar podía ser placentero? Y si lo era, ¿por qué las veces que me lo hacían con la boca me disgustaba? Las promesas de orgasmos inimaginables que las influencers compartían eran tales que se me encendió el apetito sexual.

Decidí ponerme en contacto con la web Más Vainilla, donde cuentan con productos eróticos de calidad, muchos juguetes, accesorios e información para tener una vagina feliz y, por supuesto, saludable. Cuando el aparato sexual llegó no me sorprendió en exceso. Había tenido la oportunidad de probar otros juguetes que iban desde vibradores con ondas sónicas hasta representaciones de sexo oral en forma de juguete. Me creía algo experta en la materia. Pero qué ingenua era. No sabía lo que me esperaba.

Empieza la acción

Tenía toda la casa para mí ya que mi compañera trabajaba. Así que aproveché la tarde para darme placer. Llegué del trabajo, me duché y me metí entre las sábanas de mi enorme cama. Era un día de lluvia donde no había mejor plan que masturbarse durante horas y, ya que de todas maneras iba a hacerlo, decidí aprovechar mis ansias de orgasmos para darle vida a mi nuevo juguete. Saqué el Satisfyer de su cajita y lo encendí. En un primer momento lo puse en un nivel de potencia básico y lo apoyé sobre la palma de mi mano para verificar si era cierto que succionaba. Y vaya que si lo hacía. Reuní en mi boca bastante saliva y la llevé, con dos dedos, hasta mi suave entrepierna. Un primer escalofrío encendió mi cuerpo.

Guillermina Torresi

Para activarme comencé a frotar mi vagina lentamente con mi mano. Empecé a sentir cómo mis labios se abrían como enormes puertas que dan la bienvenida al viaje que nos espera. En mi mente todo se fusiona con una música gloriosa. Me pasaría la vida entera recreándome en esa excitación previa, en ese instante en el que el coño comienza a humedecerse, a hincharse, a palpitar. Cuando toda mi entrepierna está deseosa de que le dé más caña, decido acercar con calma el succionador hasta mi clítoris. Siento una leve vibración dubitativa por todo el pubis. Me abro más de piernas y aumento la potencia de succión. Sin mirar, muevo mi mano hasta dar con mi objetivo: mi clítoris y apoyo el hueco del succionador sobre él. Y entonces sucede la magia.

Confeti en mi coño

Mi respiración va a mil por hora, mi espalda se arquea, mis piernas se estiran, aprieto el culo, mis muslos se mueven solos, mis pechos se tensan, los dedos de mis pies se extienden… Todo mi cuerpo se eriza y explota de forma eléctrica. Siento cómo un líquido caliente nace desde mi vagina y moja todas las sábanas. La aceleración va menguando y sigo con los ojos cerrados intentando entender qué acababa de suceder. Todo sucedió muy rápido pero con una elevada intensidad, algo que no me había pasado con anterioridad. Casi siempre los orgasmos en los que mi cuerpo alcanza este nivel llevan un poco más de tiempo: un clímax igual de fulminante pero con una masturbación progresiva, de menos a más. El Satisfyer había hecho lo mismo en unos pocos minutos.

Me quedo extenuada entre mis sábanas intentando resucitar de tal orgasmo. Mi vagina aún palpita. La siento caliente en mis piernas, está preparada para recibir más y más placer. "Este sería el instante ideal para tener un polvazo", pienso, pero estoy sola. Vuelvo a la carga, y ahora que ya sé cómo funciona el juguete, voy a hacerlo más duradero, para regodearme en la excitación y hacer que mi deseo aumente. Preparo aún más mi entorno: cojo el ordenador y busco una de esas películas X que tanto me gustan, sección orgías. Enciendo el Satisfyer y lo acerco nuevamente a mi clítoris, en esta segunda parte no lo apoyo, decido dejarlo flotando muy muy cerca en una potencia mínima. Otra vez mis labios vaginales se hinchan y se abren.

A medida que empieza la acción en la pantalla del portátil voy subiendo la intensidad del aparato y lo voy acercando cada vez más a mi clítoris. Cuando estoy a punto de correrme lo separo y voy intercalando estos momentos de pausa hasta que decido dejarme ir. El segundo orgasmo es más eléctrico que el anterior, otra vez ese caramelo líquido escapa por mi vagina en un impulso descontrolado. El placer sexual que da este juguete es mayor que todos los que he probado hasta ahora. Así lo sentencio en un pensamiento en el que, además, me prometo que le recomendaré este aparato a todas mis amigas.

Guillermina Torresi

El placer femenino lleva tanto tiempo encerrado bajo llave que la constante aparición de juguetes sexuales que permiten a muchísimas mujeres explorar sus vaginas es, cuanto menos, necesaria y agradecida. Todos los coños son diferentes y es posible que unos se exciten con aparatos diferentes o, incluso, con ninguno. La forma de sentir placer debe y puede variar. Lo importante es encaminarse al autoconocimiento, a mirarnos, a tocarnos, a aprender qué nos gusta y cómo. Sentir placer con una misma es un regalo que, además, nos permitirá tener una vida sexual más comunicativa y más rica. Así que tócate, explórate, quiérete con o sin juguetes sexuales y disfruta de la capacidad que tiene tu clítoris de darte orgasmos. Es extraordinaria.