Tradwives: las millennials que quieren vivir más oprimidas que sus abuelas

El concepto de esposa perfecta es un desastre por donde lo mires, pero hay un movimiento antifeminista de mujeres que se recluyen en sus casas para complacer a sus maridos

Cocinan, planchan, ordenan la casa y le hacen un masaje a su pareja después de una larga jornada de trabajo. Y, sobre todo, son felices y no tienen arrugas. Las tradwives son las nuevas amas de casa, aunque de nuevo tienen bien poco. El concepto no tiene nada moderno, ni busca tenerlo. Son mujeres que han tomado la decisión de dar un paso atrás y dedicarse a sus esposos, que no ven ninguna necesidad de tener una vida propia porque su razón para vivir es contentar a un hombre. Y que ese hombre las "cuide" a ellas. Ahora idealizan la vida de sus abuelas pero, probablemente, si ellas hubieran podido, no habrían elegido ser una mujer florero.

Cocinar, ordenar la casa y hacerle un masaje a tu pareja es lo máximo. Si lo combinas con una vida personal y profesional plena (¡tuya!), dedicarte a cuidar a la persona con la que vives hace que tengáis una relación mucho más rica, sana e íntima. Eso, si es mutuo y lxs dos os mimáis. Es difícil: cada día tienes que lidiar con tu vida, con tu trabajo, con tu pareja, con tu familia. Qué fácil sería dejarlo todo y dedicarte solo a una de esas cosas, ¿no? 

El libro de cabecera de las tradwives es Fascinating Womanhood, publicado en 1963 con la tesis de que la mujer ideal puede despertar la "ternura interior" que hay dentro de los hombres. La idea es toda ella muy rígida: en la vida, como en la naturaleza, hay leyes y esas leyes es mejor conocerlas y respetarlas porque solo así podrás ser feliz, vendría a decir el libro. Luego, la ley que marca el matrimonio es la sumisión y el servilismo, así que mejor será adaptarse y no luchar contra esa "naturaleza".

"No podría esperar que mi esposo llegara a casa después de un largo día de trabajo y encima tuviera que ponerse a trabajar para mí porque mi rol es estar en casa", explica a la BBC Alena Kate Pettitt, creadora de The Darling Academy, un canal de Youtube donde ella habla de etiqueta, estilo de vida femenino, cuidado de la casa y cómo ser una esposa tradicional. "A las feministas les decimos: gracias por los pantalones, pero nosotras lo vemos de otra forma", dicen estas mujeres en los foros que comparten.

Nosotras también les agradecemos la cortesía, pero les decimos otra cosa: "fatal". Hemos luchado mucho para llegar hasta donde hemos llegado y todavía nos queda mucho camino que recorrer en materia de igualdad. Las primeras, las feministas de los años 70 que se rebelaban, justamente, contra el concepto de la buena esposa. Porque ese concepto tan retro que enseñaban a nuestras abuelas, madres e incluso a nosotras consiste en atender a un hombre y desantenderte a ti. Las tradwives millennials lo que hacen, justamente, es reivindicar que dedicarse a estar guapa y a hacerle la vida fácil a su marido es una opción de vida. 

Ser una mujer "de alguien" es un peligro: te arriesgas a perder tus redes de apoyo, a no tener independencia económica si la relación va mal y a no tener ningún poder de decisión dentro de la pareja. De hecho, la misma Alena admite en la entrevista que le hace la BBC que su vocación nace de una carencia que tuvo en la infancia. Después de crecer en un hogar monoparental, lo único que quería era formar un matrimonio tradicional y encontrar a un hombre que la protegiera. Lo dice ella misma, después de haber vivido en Londres, con un trabajo y una vida independiente hasta que encontró a su esposo, que "por fin" la entendió.

Reconocer una debilidad para ponerte en una situación vulnerable, aunque te haga feliz, claramente es un punto de partida problemático comprensible en un caso particular pero imposible de defender como mujeres. Volver a los roles de sociedades pasadas en los que la mujer tenía un papel social residual no es la manera de ser más felices, sino una manera de perpetuar una situación injusta desde la comodidad del s.XXI y haciéndolo pasar por trendy.

Evidentemente que las tradwives tienen todo el derecho de quedarse en sus casas planchándole la camisa a su marido a cambio de su amor, pero, ¿no sería mejor no limitar el amor a lo útil o cómoda que le resultes a tu pareja? ¿realmente están aplicando su libertad personal o más bien renuncian a impulsar la libertad colectiva por su propio egoísmo e inseguridad? Huele a rancio, anacrónico y a lo segundo.