Esto es lo que deberías cobrarle a tu pareja por las tareas domésticas que no quiere hacer

No es ni cosa del pasado ni algo 'de los demás'. En esta nuestra época posthipsteriana, por más modernoides que nos creamos, la desigualdad de género sigue campando a sus anchas en tu salón. De hecho, según los datos del Centro de investigaciones Sociológicas (CIS), el 70% de las horas dedicadas a trabajo doméstico lo realizan mujeres, o dicho de otra manera: las españolas dedican 2,5 horas más que los hombres a estas labores cada semana. Para que tú mism@ confirmes esto, el portal 'Todo No Incluido' te da la posibilidad calcular cómo sería tu salario si se contabilizaran las horas que pasas limpiando, organizando la casa o cuidando de tu familia. Pero, antes de hacer el cálculo y que se te pongan los pelos de punta con el resultado, te contamos por qué es tan importante que tomes conciencia de esto.

“Un día me di cuenta de todo lo que se encerraba en la palabra 'amor': un paquete de cuidados que se dan por hechos si quieres a alguien y que recaen sobre nosotras”, dice la impulsora de este portal y del colectivo La Quinta Ola, May Serrano. La sociedad presupone que las mujeres tienen una energía inagotable, como si el amor viniese con un ‘todo incluido’. A ese trabajo se le pone la etiqueta de trabajo reproductivo, ese que no se puede contabilizar. “Pero ¡sorpresa! Resulta que todos estos trabajos se pueden subcontratar y tienen un valor en el mercado, así que hay muchas mujeres están trabajando gratis para que el sistema siga produciendo, y encima no se les valora”, denuncia May.

Precisamente y como este es uno de los temas que reivindica la huelga feminista del próximo 8 de marzo, el Día Internacional de la Mujer, les hemos preguntado a varias expertas qué opinan al respecto.

La economía del 'amor'

Carolina González, psicóloga y fundadora del proyecto Buentrato, cree que "cuando la mujer hace más que el hombre en casa no es fruto del altruismo ni del amor, sino de uno de los mandatos interiorizados del patriarcado". Puede que estés harta de hacerlo todo tú, o puede que ni te hayas dado cuenta del desequilibrio. Quizás él pone una lavadora y eso ya te carga las pilas para seguir deslomándote, o realmente procura 'ayudarte' (palabra equivocada) pero "eres tú la que planifica y piensa cómo, cuándo y qué hay que hacer en la casa".

"La 'logística' (organizar y pensar), es un trabajazo", nos recuerda May, por eso "en las empresas las personas que se dedican a pensar ganan más dinero que la mano de obra". Ese trabajo invisible y estresante, que los especialistas han llamado 'carga mental' y que ilustró brillantemente la francesa Emma Clit en el cómic viral 'Me lo podrías haber pedido', que ha explotado en las narices de muchas parejas. 

“Cuántas mujeres me habrán dicho que prefieren hacerlo ellas que lo hacen mejor, o tardan menos. Pero indudablemente la responsabilidad no es nuestra, sino de una sociedad que así lo promueve y de los que miran hacia otro lado porque esto les beneficia”, cuenta la psicóloga. No olvidemos que, hasta hace pocas décadas, existían manuales sobre la ‘mujer ideal’ y eso pasaba por ser una ama de casa perfecta. Desde que somos pequeñas, los cuentos, las cocinitas y los muñecos de bebé que nos regalan fomentan que las tareas del hogar sean destinadas a nosotras y que creamos que es algo natural. 

Trabaja más, cobra menos y da las gracias

Todos estos trabajos no remunerados generan un beneficio para la economía de los países, pero no para las mujeres que lo realizan. Belén Bazán Benítez, socióloga especializada en género, nos cuenta que el ‘homo economicus’ es un hombre blanco de clase media que tiene total disponibilidad para el empleo remunerado porque existe una red de mujeres que se encargan, sin cobrar, de satisfacer sus necesidades básicas. "Esta división sexual del trabajo está encarnada en nuestro día a día, y tiene consecuencias sociales, económicas y emocionales", apunta Bazán.

La distribución desigual de las tareas domésticas es una de las causas más importantes de la desigualdad laboral de género según la Fundación de Estudios de Economía Aplicada. A la brecha salarial del 20% que hay en España hay que sumarle el coste de oportunidad de autorrealización, formación, tiempo libre y descanso que no estamos teniendo como consecuencia de esta desigualdad. Cuando una mujer ve su cuenta 'Todo No Incluido', la primera reacción es de sorpresa rozando el escándalo. ¿Un ejemplo? Luisa tiene 34 años y dos hijos, y su factura le dice que debería estar cobrando más de 2.947 euros en tareas del hogar y cuidados, es decir, cinco veces más que el resultado de su marido.

Es por estas brutales diferencias por lo que la mayoría de los hombres que reciben la factura por parte de sus parejas lo que sienten es vergüenza, porque en ella se imprime la desigualdad y cuando lo has visto con tus propios ojos ya no puedes mirar hacia otro lado. Y, es precisamente por ello, por lo que la directora de la Agencia Comunicación y Género, Isabel Mastrodoménico, este tipo de iniciativas son geniales para divulgar, porque "a veces el feminismo peca un poco de endogámico, nos contamos cosas que ya sabemos, pero tenemos que abrirnos para llegar a más gente".

¿Cómo hemos llegado hasta aquí?

En el siglo XX, las guerras, los sueldos precarios y otros factores pidieron a gritos la incorporación masiva de la mujer en el mercado laboral. Pero, como nos cuenta Mastrodoménico, "nadie se sentó a hablar de la conciliación familiar". De repente, nos vimos con la posibilidad de trabajar, pero no hubo corresponsabilización alguna. Este colapso lo arrastramos todavía, y se ha impuesto la idea de la superwoman: cumple con tu jornada laboral y, encima, sé ama de casa y cuidadora. Isabel nos recuerda que "tenemos las mismas 24h que el resto, y no tenemos superpoderes, pero acabamos cuidando a Dios y su madre".

Si todos necesitamos limpieza y cuidados, entonces todos deberíamos responsabilizarnos de ello. Para la activista May Serrano, este cambio sería además una oportunidad para los hombres, “porque cuidar es maravilloso y sentirse cuidado más todavía, los hombres podrían aprovechar este momento para conectar con el amor y las emociones”. 

Que nadie se haga ‘el sueco’

Al igual que las demás entrevistadas, Mastrodoménico teme que vivamos un retroceso si no nos ponemos en marcha y legislamos en corresponsabilidad (permisos parentales igualitarios, por ejemplo). “Muchos jóvenes dan por hecho que vivimos en igualdad y eso es peligroso”, alerta la directora. El cambio pasa por la educación, nos dice, pero aunque en clase se les hable de igualdad, si no lo ven en casa, de poco sirve. Tampoco podemos dejarlo todo a la buena voluntad, tenemos que entrar en los parlamentos para cambiar esta perspectivas ya que la responsabilidad del cambio es, por supuesto, también de los hombres, que deberían asumir sus privilegios y actuar para cambiarlos, así como de las empresas, que también deberían involucrarse.

Te sobran las razones para pasar a la acción, pero ¿por dónde empezar en casa? May Serrano nos aconseja hacer una reunión ejecutiva, sentarse con todas las personas que viven contigo, hacer un listado de las cosas que hay que hacer, repartir tareas y negociar. Poned a prueba el reparto durante unas semanas, haced ajustes y sed honestos con lo que funciona y lo que no. Es un trabajo constante, meticuloso y a veces muy cansado, porque hay que cambiar muchas reglas del juego.  Cuando dejas de hacer cosas, aparece un gigante llamado CULPA que se sienta en el sofá y te quita el sitio... Lo mejor es sentarte al lado y dejar que se te pase”, ríe la fundadora de 'Todo No Incluido'. Ahora haz tu cálculo, enséñaselo a tu pareja y cuéntanos el resultado.