La revolución de las mujeres indias que no pueden ir al baño por la violencia machista

Uno de los mayores problemas para la salud pública india

Imagínate vivir sin lavabo, tener que ir a mear o a cagar a las calles de detrás de tu casa o al campo más cercano, caminar un 1km buscando un sitio ideal donde hacerlo resguardado. Y, si eres mujer, hazlo de noche, para no encontrarte a hombres que pongan en riesgo tu vida o que te abucheen por ‘impúdica’, por estar exponiendo tus genitales al público.Por desgracia y en pleno siglo XXI, para muchas mujeres en India no es solo un acto de imaginación, es su realidad diaria.

En total, 650 millones de personas en el país asiático no tienen acceso a un baño, así que hacen sus deposiciones en la calle. Para las mujeres es especialmente problemático, porque la ‘desnudez’ femenina está especialmente condenada en su sociedad y deben esconderse mucho más, prácticamente hasta fingir que no van al baño. A la vez, hay muchísima desinformación sobre la menstruación y no son pocas las mujeres que, como no tienen acceso a baños públicos en sus escuelas, acaban dejando el colegio por vergüenza y la falta de privacidad. 

“Después de casarme, me mudé a casa de mi marido, sin lavabo. Me despertó mi suegra a las 4 de la mañana, y vi un grupo de mujeres esperando fuera de casa. Era cuando iban todas juntas a defecar al campo antes de que se despertasen los hombres. No lo podía creer. Estaba todo oscuro, había llovido. Caminamos 1km hasta llegar a un lugar seguro pero la lluvia lo había dejado pantanoso. Había insectos, pero lo peor era la oscuridad. No podía ver nada”, confiesa Komal Hadala a The Guardian.

Hadala, que había vivido toda la vida en ciudad y había tenido lavabo, cuando se casó y se mudó a casa de su marido en una aldea, no estaba acostumbrada a no poder hacer sus necesidades en casa. Así que pidió a sus suegros que construyeran un baño. Cuando lo consiguió, su lucha no terminó ahí, sino que empezó la revolución del lavabo. Un año después, consiguió que la aldea construyese 250 baños y que nadie defecase fuera de casa.

“En India siempre ha sido así, no nos planteábamos que hubiera otra opción a hacerlo en el campo. Era un infierno, despertarnos pronto, sentir el frío del invierno, la niebla, el miedo que algún hombre te asaltase. Muchas veces había hombres que te abucheaban. Lo peor fue cuando estaba mal del estómago o embarazada”, explica en el mismo artículo Athri, la abuela de su marido. La lucha por los baños no es solo de Hadala. Una de las grandes batallas del primer ministro Indio, Narendra Modi, ha sido eliminar el hábito de cagar al aire libre. Una lacra que debía extinguirse por el bien de la sanidad pública.

Por ejemplo, muchísimas personas cagan en el río sagrado Ganges —lo que se suma a la contaminación industrial y a los cadáveres que se echan para que se pudran en sus aguas—, un río que se utiliza para limpiar ropa, bañarse, lavarse los dientes y beber, y que, por los residuos, está cargado de todo tipo de bacterias fecales. The Guardian recoge unas famosas declaraciones que hizo Modi cuando fue escogido en las elecciones de 2014: “construid lavabos primero, luego templos”.

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En definitiva, los baños en India son un tema muy serio. Según UNICEF, 564 millones de indios defecan al aire libre, lo que propaga enfermedades, contamina, mancha las ciudades y deja muchas mujeres expuestas a recibir violencia. El plan del gobierno, como informa The New York Times, es instalar 100 millones de baños. Pero lo más difícil será que los usen, por lo que es necesaria también mucha pedagogía.

“Persuadir aldeanos a cambiar sus hábitos de siglos no es fácil. Tenía que reunirme con familias para convencerles de que defecar en la calle podría causarles diarrea, cólera, tifoidea y otras muchas enfermedades. Ellos creían que no había ningún enlace entre enfermedad y defecación al aire libre”, explica Hadala. Todo esto lo aprendió en la escuela y asegura que las generaciones más mayores que no fueron escolarizados se muestran más reacias a creerla. Sin embargo, cree que “afortunadamente la mayoría de niños saben que es un tema serio e intentan convencer a sus padres en casa”. Así que sí, hay esperanza de corregir estos hábitos reside gracias a una gente joven cada vez más preparada e informada.