El país donde la mitad de bodas se hacen secuestrando y violando a la novia

En Kirguistán, por culpa de la tradición del "rapto de la novia", las mujeres nunca saben si cada nuevo día es su último siendo solteras

Salir de casa y no saber si cuando vuelvas a cruzar tu puerta lo harás casada con un desconocido. Es una realidad que sufren las mujeres de Kirguistán. En este país, la tradición dicta que si a un hombre le gusta una mujer tiene derecho a secuestrarla y llevarla a una boda: la suya. Allí, se encontrará con todos los preparativos, todo listo para casarla. Es el “rapto de la novia”, una tradición kirguiz que impide a las mujeres decidir cuándo acaban sus días de soltera.

Me encontré en Berlín a Zanarkul Dokturbekova y Nagima Shukurbekova, dos jóvenes kirguís, que fueron quienes me introdujeron en esta tradición. En sus palabras, el rapto de la novia consiste en que un hombre, ayudado por amigos y familiares, secuestra a una chica con la que quiere casarse. Me enseñaron un documental de VICE en el que se mostraba una joven siendo llevada a la fuerza por un grupo de hombres dentro de una furgoneta. Aunque explican que también se hace de otras formas, como mintiéndola, engañándola, cogiéndola de su casa de noche y, en casos muy exagerados, hasta drogándola.

Zanarkul (izquierda) y Nagima (derecha) | Abel Cobos

Llegar a una boda y ser tú la novia

La chica secuestrada llegará a un recinto con todo preparado para casarla: cocinas, invitados y lugar de la ceremonia. Los secuestradores dejarán a la chica a cargo de las mujeres de la familia, las cuales la maquillarán, vestirán e insistirán a que se quede y no se vaya. La muchacha estará nerviosa, y probablemente se querrá ir, pero tendrá a un grupo de mujeres que durante horas estarán comiéndole la cabeza. Si la novia se muestra muy reacia a comprometerse, pueden retenerla durante días para convencerla. El trato se sella cuando ella se pone voluntariamente en la cabeza el jooluk, el velo nupcial, ya que simboliza que acepta la unión.

Es muy importante que ella afirme voluntariamente que está dispuesta a casarse. Por motivos tanto legales como religiosos. “Legalmente está prohibido, pero también por el Islam. El imán siempre hablará con la novia para asegurarse que lo hace voluntariamente, porque Allah no permite la violencia de género”, cuenta Nagima.

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Pero pese a estar prohibido, estos matrimonios por secuestro suponen el 50% de las bodas de Kirguistán, según un estudio de Russell Kleinbach. Aunque hay algunos raptos consensuados como juego ritual dentro de un matrimonio de conveniencia, no suponen ni un tercio de los casos. El resto, son secuestros forzosos, que normalmente incluyen violación y todo tipo de violencias sexuales.

Vivir de cerca un secuestro

Ambas, Zanarkul y Nagima, han vivido de cerca estas experiencias, aunque ninguna haya sufrido un intento de secuestro. Por ejemplo, la prima de Zanarkul fue secuestrada. Había un chico que la perseguía desde el instituto, aseguraba que estaba enamorado de ella. Él se declaró durante años muchísimas veces, pero ella le rechazó todas y cada una de ellas. Al día siguiente de graduarse de la universidad, antes de lograr un empleo y cierta independencia económica, el chico y sus amigos aprovecharon para ir a buscarla en furgoneta y secuestrarla.

“No me ha querido explicar cómo sucedió, pero sé que fue de noche y que ella estuvo muy nerviosa y llorando hasta la madrugada”, explica Zanarkul. La familia del chico no pudo convencerla, así que acabó llamando a su propia familia para chantajearla. Como él forma parte de la élite local de su pueblo, en una zona muy rural de Kirguistán, su propia familia la convenció para que se casara porque de lo contrario toda la familia se vería afectada. “Mis tíos y abuelos la presionaron para se casara porque el chico provenía de una familia ancestral privilegiada. Ella les llamó para que le dieran apoyo, pero la familia la obligó a casarse por prestigio social. Ella es muy buena chica y no quiso molestar la familia, así que se casó para contentarlos”, se lamenta. Hoy, están separados. 

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Nagima me cuenta el caso de su mejor amiga, la cual fue secuestrada por su novio. Tras graduarse en el instituto, él le propuso en matrimonio. Ella le dijo que sí, pero que primero quería ir a la universidad. Aunque él aseguró entenderlo y lo dejaron en stand-by, su familia y amigos creían que era un "nenaza" si no se casaba inmediatamente y "permítia" que ella se fuera a estudiar a la capital.

Así, como el rapto de la novia se ve como un acto de hombría, la secuestró para demostrar que él era un hombre con poder de decisión. Hoy en día, “ella es feliz, pero él tomó una decisión por ella. Este matrimonio, como muchos otros, es una imposición que ella no pudo escoger”. Ambas se quedaron en shock cuando se enteraron. "¿Cómo puede pasar algo así a alguien de mi edad?", se preguntaron. Desde entonces, Zanarkul, que vive en el campo, se dio cuenta que no estaba a salvo. "Cada día que salgo de casa no puedo asegurar que nadie me secuestrará para forzarme a casarme".

Secuestrar para ser más macho

El hecho de que sea un acto de reafirmación de la masculinidad es algo extremadamente patriarcal, porque relaciona el imponer los deseos del hombre sobre los de la mujer como el prototipo masculini ideal. Un hombre fuerte que no escucha a la mujer, la cual debe ser sumisa y víctima. Aquellos hombres que logran secuestrar a una mujer pero que por mil motivos no consiguen casarse con ella, acaban siendo vilipendiados por su entorno y se pone en cuestión su hombría de forma constante.

“Conozco el caso de un chico que intentó el rapto tres veces, pero ella logró escaparse siempre. El chico se suicidó tras el tercer intento porque no podía soportar la presión de los padres. Y precisamente ellos empezaron una campaña de desprestigio contra la chica en todos los medios locales. Dijeron que era una puta y la culparon directamente de la muerte de su hijo”, explica Nagima.

Si eres violada, te dirán impura 

Pero el estigma no solo afecta a los hombres, también a las mujeres. Cuando son secuestradas, suele haber violación. Y si no la hay, se presupone. Aunque Biskek, la capital, es más moderna y ya no es importante que la mujer sea virgen antes de casarse, en las zonas rurales es indispensable. Después de sobrevivir a un secuestro, se la suele considerar mancillada, y tendrá problemas para que otra familia la acepte como novia. Por eso, muchas acaban aceptando el matrimonio, por miedo a ser rechazadas. Además, un estudio de la Universidad de Filadelfia ha determinado que casi la mitad de mujeres que huyen del rapto de la novia acaban suicidándose por este estigma.

Me explica Nagima que el gobierno está intentando prohibirlo. La policía, en teoría, debe frenarlo si una familia denuncia que está sucediendo un rapto de la novia. Sin embargo, el país tiene varios sistemas de leyes, uno estatal y otro tradicional. Por ejemplo, existen los aksakal, tribunales de ancianos de tradición nómada, que creen que el rapto forma parte de la cultura kirguiz y que debe protegerse. Por lo cual, insisten a las autoridades locales en que no hagan nada para impedirlo. Así, el gobierno tiene dificultades para erradicarlo.

Nagima | Abel Cobos

Precisamente, explica Cynthia Werner, que vivió con kirguís durante años, que una conocida suya de 19 años fue secuestrada y huyó. Como durante la anexión soviética la práctica estaba prohibida, cuando el país se independizó, se entendió recuperar la práctica de origen nómada como una forma de dignificar su cultura ancestral, suprimida por el imperialismo cultural soviético. Así, Werner recuerda cómo a esta chica se la acusó de odiar a su patria. Liberarse y sobrevivir un secuestro y violación solo sirvió para que la señalasen por traicionar a su país. Y como ella, millares de mujeres que no pueden huir de las tradiciones kirguís.