El icónico beso del marinero y la enfermera no es romántico, es una agresión sexual

El arrebato no fue consentido y se puede ver claramente en la incómoda postura de la mujer

Era 14 de agosto de 1945. Alemania e Italia ya se habían rendido, pero la resistencia de Japón seguía manteniendo viva la Segunda Guerra Mundial. Tras los inhumanos ataques nucleares de Estados Unidos a Hiroshima y Nagasaki, el archipiélago declaró su rendición. Por fin se había acabado la guerra que se había llevado tantas vidas. Las calles de centenares de ciudades se llenaron de alegría. En Nueva York, las principales avenidas estaban repletas de celebraciones y Times Square, la mítica plaza, no era menos. Ahí, un marinero agarró de la cintura a una enfermera que iba caminando. No se conocían de nada. El fotógrafo Alfred Eisenstaedt inmortalizó el momento y se convirtió en un símbolo de la felicidad y amor que se respiraba en el aire en ese preciso instante.

Alfred Eisenstaedt

Pero no todo es tan bonito como suena. A medida que los movimientos feministas se popularizaban y ganaban fuerza, la mítica foto cada vez era más cuestionada. La historia, que en principio sonaba preciosa —una muestra espontánea de felicidad—, tiene todos los indicios de agresión sexual. El hombre la besa sin que ella quiera. La agarra con fuerza, para que no se suelte. Y ella, en una postura muy tensa, no puede resistirse a sus brazos.

Sentí que él era muy fuerte. Me apretaba. No estoy segura del beso. Solo era alguien que celebraba. No fue algo romántico”, dijo Greta Friedman, la enfermera de la foto, en una entrevista para el Veterans History Project. En la cadena CBS declaró lo mismo: "No lo vi cuando se aproximó y antes de darme cuenta estaba agarrada muy firme". Ella no lo conocía de nada, pero él igualmente la besó.

El tuitero Ricardo Rojas cree que es “una evidente agresión” y “simplemente hay que analizar detalladamente la foto” para darse cuenta. “El brazo izquierdo del marinero hace de palanca para someter a la enfermera, no es que la esté sosteniendo delicadamente. Su mano derecha está bastante rígida, pues está tomando de la cintura a la chica con mucha fuerza para poder retenerla. Está claro que el beso no es correspondido, pues de ser así, la enfermera hubiese abrazado al marinero, pero no le pasa el brazo por su espalda o cuello. En general, se mira a la enfermera como un cuerpo inerte, sin responder de ninguna manera el beso. Sorprendida por el marinero, tal vez asustada o en shock”.

La revista Time ya lo anunció en 2014: “mucha gente ve la foto como la documentación de un abuso sexual muy público, y no como algo para celebrar”. Según los estándares del siglo XXI es abuso sexual, pero en la época este discurso pasó desapercibido y se vivió como una celebración inocente.

Greta Zimmer y George Mendonsa

A pesar de las grandes evidencias que hacen saltar las alarmas de comportamiento machista en la época del #MeToo, en vida Greta nunca consideró que el beso fuese una agresión. “Ella no se avergonzaba de la foto”, explica su hijo al diario The New York Times. Eso sí, sí que reconoce que el marinero, George Mendosa, la besó sin su consentimiento y entiende por qué decían que se trataba de un abuso aunque ella no lo viviera como tal. Esta semana la foto ha vuelto a abrir portadas porque el marinero murió a los 95 años, tres años después que ella. Los medios recordaron la foto como el gran gesto romántico que ilustra el final de la guerra. Pero no: eso es romantizar una agresión. Aunque la víctima no lo considere como tal.