La fundadora del #MeToo critica que el movimiento ha perdido toda su esencia

La activista Tarana Burke lo usó por primera vez en 2006. 12 años después, cree que el movimiento se ha convertido en un sistema de persecución y no aporta soluciones reales

El #MeToo cumplió un año en octubre. Aunque el movimiento cobró la fuerza con la que cuenta hoy el 5 de octubre de 2017 con la publicación del artículo de las violaciones de Harvey Weinstein, el término #MeToo fue usado por primera vez mucho antes: en 2006. Lo hizo Tarana Burke para denunciar la violencia sexual que sufrían las mujeres de su comunidad afroamericana, en el Bronx (Nueva York).

En una charla Ted, Burke ha reflexionado sobre este año de #MeToo y ha asegurado que el movimiento es ahora "irreconocible". Aunque ha hecho muchos avances para visibilizar estas agresiones sexuales, Burke cree que ha perdido su esencia y que debe cambiar el rumbo que ha tomado.

Para empezar, afirma que la imagen que se está proyectando del #MeToo en los medios es la de la caza de brujas. Es decir, señalar a todos aquellos que están cometiendo estas agresiones. Para ella, no debería ser solo un movimiento con el que encontrar agresores que violan gracias a la cultura de la impunidad, sino que debería centrarse en apoyar a las víctimas. Explica que sí, que debe señalarse el acoso y los acosadores, pero que también deben fomentarse los sistemas de apoyo reales para víctimas, muchas de ellas anónimas: "este es un movimiento sobre una de cada cuatro niñas y uno cada seis niños que son abusados sexualmente cada año y que cargan con esas heridas hasta la edad adulta", comenta.

Al final, Burke ve el movimiento en los medios como una plataforma para mujeres ricas y blancas que denuncian las agresiones de hombres puntuales que están respaldados por un sistema del silencio, un sistema que también afecta a menores anónimos, mujeres racializadas y personas pobres que no tienen poder para denunciar y que tampoco tienen acceso a herramientas de reparación y sanación de heridas.

El movimiento debería ser, para la activista afroamericana, la pieza clave “para conseguir un mundo libre de violencia sexual”, es decir, una plataforma de educación y concienciación de la sociedad general pero también soporte para los agredidos. Y no este “irreconocible #MeToo”, que describe como una plataforma mediática para que actrices e influyentes combatan las agresiones sin dar más solución al problema que la persecución de los agresores.