Nos faltarán muchas mujeres racializadas en un 8M que no las representa

Afroféminas o Catàrsia no participarán en la manifestación feminista porque se sienten excluidas de un movimiento que consideran demasiado blanco y privilegiado

Este 8M colectivos como Afroféminas y Catàrsia no participarán. Es su modo de visibilizar que quieren un 8M donde quepan todas, juntas y diversas. Noun 8M con escenas como la que vivió Anna Fux, feminista mestiza filipina y cofundadora de PaiPaiMagazine: “Siendo mujer asiática racializada me han arrancado un móvil de las manos al grito de ‘tourists’ photos no!’. Me han agredido verbal y físicamente. No necesito presenciar cómo se tapan bocas y narices al verme como ha ocurrido estas últimas semanas”. 

Mercedes Saya, también cofundadora de PaiPaiMagazine, confiesa que tampoco irá a la marcha del 8M aunque sí a una reunión con otras personas racializadas. “Hay gente a las que les han quitado el micro otras veces diciéndoles que esas reivindicaciones y discursos no tocaban y no tenían espacio”, me cuenta Saya. El colectivo de asiático descendientes Catàrsia directamente califica de oportunismo, lavado violeta y mirada única y cegada la convocatoria de este domingo. “Seguiremos cuestionándoos desde nuestro lugar”, apuntan. 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Una publicación compartida de • Cristina Zhang Yu • (@kao.zy) el

Ya en 2019 la activista Cristina Zhang Yu lanzó el guante al 8M con la crítica de que o el movimiento era antirracista e igualitario o ella se apartaba de la iniciativa multitudinaria.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Una publicación compartida de Lucía-Asué Mbomío Rubio (@luciambomio) el

La autora Anna Pacheco señaló en su charla de esta semana en Operación Triunfo que existen los feminismos, en plural. También argumentó con varios ejemplos que esta lucha es anticapitalista, e hizo este discurso cargado de política en un espacio banal para llegar a los más jóvenes. Mencionó la interseccionalidad y dijo que por más que a ella la atravesaran distintas opresiones no vivía de primera mano qué era ser juzgada y vista como una mujer que lleva velo.

Nadhira Mohamed Buhoy, feminista saharaui, no cubre su melena con un velo pero su crianza ha sido marcada por la religión. Defensora de su tierra, entiende y es crítica con los bloques racializados: “Considero que es necesario hoy por hoy pero me gustaría que no tuviera que pasar nunca”. Su sueño es que el feminismo hegemónico blanco acepte que su realidad no es la única: “Que cuando hablan de feminismo nos metan a todas y se den cuenta de que las condiciones que tienen aquí son muy diferentes de las de las árabes, africanas, asiáticas, latinas, españolas o de clase obrera.” Y concluye: “que se den cuenta de esas carencias y podamos unirnos todas para hace run 8M de mujeres y no de bloques: integrar todos los feminismos en uno”.

De tú a tú

Para mí los feminismos, que ahora son plurales, parten de la igualdad. De un hermanamiento de tú a tú. Como hija de migrantes económicos he ido tomando conciencia del racismo estructural. Como millennial  me he percatado de la lucha de clase con la crisis. Pero mi experiencia es eso: yo soy yo, pero sé que hay millones de vidas distintas a la mía. Por eso empatizo con la opresión de las mujeres trans. Con las personas no binarias. Entiendo que sin apenas referentes —al menos conocidos de manera pública y generalizada— se ven forzadas a justificarse cada día, tal y como hizo Alana Portero (“esos privilegios me han destruido la salud mental de un modo irreversible”). O como lo hice yo cuando empecé a mirar con otros ojos. O como lo haces tú cada día. No hace falta que me afecte para apoyarlas.

Que haya debates en el feminismo es sano. Pero, por favor, evitemos los vetos cruzados. ¿Acaso no convivimos con contradicciones? Gritamos ecología y comemos, bebemos y consumimos más de lo necesario. Se nos pide ser auténticas a costa incluso de tener enemigos pero si lo eres, ah, buscas atención. Se nos cuestiona si no eres culta, leída y formada cuando muchos de estos adjetivos dependen en parte de la voluntad, y mucho más de la posibilidad. De tenerla o no, me refiero.

El 8M tiene que trascender bloques, religiones y etiquetas. A mí me entristece que haya que crear espacios seguros y diferenciados. No es buscar protagonismo, colocarse por encima ni crear confrontamiento reivindicar que el 8M se abra a más sensibilidades. Sobre todo a las que son consideradas minorías y tabú precisamente porque son minorías y tabú. El feminismo lo construimos todas. No hay un ranking de sufrimientos sino una oportunidad de dar pasos juntas.

Mi experiencia en el 8M de 2018 y 2019, por ahora, no ha sido violenta como sí lo ha sido la de Fux y otras compañeras. Por tanto, sí iré este 8M. Me niego, eso sí, a que en una protesta tan plural se me coloque en un espacio aparte. Que se me vea como a todas. Al lado de todas porque entiendo que antirracistas somos todes. Defender los derechos humanos no depende del color de piel. Ni de genitales. En definitiva: o empezamos de verdad a marchar juntas o esto pierde sentido para mí.