El 8M para las trans: luchar por ser mujer cuando te niegan que lo eres

En una sociedad ciscéntrica, las mujeres trans tienen que luchar diariamente, incluso para formar parte del feminismo

Que vayas al baño de mujeres y te echen violentamente al de hombres. Que no puedas ponerte un chándal para estar cómoda porque te llamarán señor. Que en las manifestaciones feministas algunas mujeres no te quieran, aunque tú también seas mujer. Que te digan que no eres mujer, aunque tú sepas que lo eres. Esta es la lucha de las mujeres trans, aquellas que fueron asignadas como hombre al nacer, y que tienen que reivindicarse de forma diaria.

8 de marzo: ¿una huelga inclusiva?

Pero, ¿por qué deben reivindicarse cada día? Aunque la sociedad haya avanzado a pasos agigantados, todavía queda mucho para incluir a las mujeres trans. Ellas son mujeres, y aun así muchas personas las ven como “hombres con vestido”, según denuncia Sabrina Sánchez, secretaria de comunicación de OTRAS. “Aunque tengamos el DNI cambiado siempre habrá quien te diga que no eres mujer porque ‘tienes pene’ o ‘tienes tal cromosoma’. Lo triste es que hay ciertos feminismos que reproducen este discurso, más propio de Hazte Oír”.

Los discursos a los que hace referencia son los TERF, siglas de feminismo radical transexcluyente. “Aunque a mí no me gusta llamarlo feminismo”, asegura Diana Cardo, activista trans, “el feminismo es por definición transversal e inclusivo”. Diana tiene una fuerte opinión sobre el ala TERF del feminismo, cree que son un impedimento para el avance de la lucha feminista y que suponen un retroceso en muchos aspectos.

Diana Cardo

“Hay personas diciendo que las trans no podemos entrar a los grupos no-mixtos del 8M (solo para mujeres) porque somos hombres. También hay grupos de trans que se ven obligadas a pedir escoltas para asistir a la huelga. ¿Por qué debemos organizar grupos para evitar que suframos ataques y para que nos sintamos seguras en una manifestación inclusiva donde no debería pasarnos nada? Las TERF están perdiendo el tiempo señalando compañeras y acusándolas de ser hombres en cambio de organizándose para la huelga”, sentencia.

TERF, feministas por la intolerancia

El discurso TERF no se aguanta por ningún lado, puntualiza Sabrina. Lo afirma por una razón muy obvia: “una mujer trans pierde derechos cuando decide socializar como mujer. Renunciamos a muchos derechos solo por querer ser felices con nosotras mismas”. Es decir, nadie haría una transición de género si no fuera realmente una necesidad. Por suerte, según Diana, las TERF son una minoría. “Por cada insulto que sueltan recibo muchos más mensajes de apoyo”. Cree que esos comentarios positivos son los que encarnan los valores de un auténtico feminismo, la inclusividad.

Para ella, el movimiento TERF es, además, anacrónico. “Al principio, había sectores del feminismo que atacaban a las lesbianas, ahora toca contra las trans. Lo TERF es una corriente intolerante que se ha centrado en un colectivo concreto. En algún momento se extinguirán”, añade.

Sabrina Sánchez

El problema, entonces, está que gracias a las redes sus mensajes de odio se multiplican. Hay figuras influyentes que reproducen mensajes como que solo se es mujer si se tienen unos cromosomas o genitales determinados, como denuncia Sabrina. Algunas de sus consigas más comunes, como que las trans son “tíos que quieren ir a baños para violar” o que “como tienen pene su condición natural es violar”, pueden resultar muy dañinos para adolescentes trans. “A mí me da igual, porque ya tengo una edad”, añade Diana hablando desde la confianza que le otorgan sus 51 años, “pero eso es bullying y puede derivar en suicidios y enfermedades mentales en las jóvenes trans”.

Lo que las mujeres trans pueden enseñar sobre ser mujer

A pesar del odio de algunos sectores minoritarios del feminismo, las mujeres trans secundan la huelga feminista de cabeza. Además, reivindican su papel activo y necesario en la manifestación. “Las trans siempre hemos estado luchando. Por ejemplo, por los derechos de las lesbianas y gais. En Stonewall [las revueltas que iniciaron la lucha por los derechos LGTBI en Estados Unidos] fueron Silvia Rivera y Marsha Johnson quienes lanzaron los primeros cócteles molotov. Estamos en primera línea de defensa porque las mujeres trans nunca hemos tenido nada, así que no tenemos nada que perder, pero todo para ganar”, reclama Sabrina.

Así pues, la simple existencia de las mujeres trans es beneficiosa para todas las mujeres, independientemente de si son cisgénero o transgénero. Ellas desafían al patriarcado y subvierten los roles de género. “Yo he construido mi cuerpo como me da la gana, y eso es lo más lindo de los cuerpos trans: que podemos ser como nos gusta, como nos vemos seguras. Celebramos todo tipo de cuerpos”, explica la activista y comunicadora Juli Salamanca.

“La mujer trans representa otro tipo de ser mujer”, asegura Sabrina. Y gracias a este otro tipo de mujer, muchas mujeres cisgénero pueden alejarse de los roles de género impuestos por el patriarcado. Las trans demuestran que una mujer “no tiene por qué ser femenina, voluptuosa, con tetas o sin barba”, señala Juli. Hay muchísimas trans que no entran en este canon y siguen siendo mujeres. En definitiva, desafían lo dominante, la imagen que el hombre ha construido sobre la feminidad. Y esto también empodera a otras mujeres cisgénero a demostrar que no se es más o menos mujer por inscribirse o no a unos tópicos.

Luchar para que el mundo te vea como mujer

Aun así, Diana reconoce que entran en una pequeña contradicción. “¿Las mujeres trans subvierten los roles de género? Sí, pero no. Para ser aceptadas tenemos que tomar los roles estereotípicos y tradicionales sobre las mujeres y la feminidad. Por eso a veces se nos acusa a las trans de reproducirlos… ¡pero es que ojalá no tuviéramos que hacerlo!”.

La mujer trans, por lo tanto, no reproduce el canon tradicional porque quiera, sino para que los demás la acepten.  “Si yo voy a comprar el pan en chándal y sin depilarme pues dirán “¿qué le pongo, señor?”. No me reconocerán como mujer. A mí me gustaría ir con el pelo corto y la barba de tres días, pero entonces no me creeríais cuando digo que soy una mujer”, denuncia, respondiendo a la queja de algunas feministas TERF que aseguran que las trans son aliadas del machismo al usar maquillaje, tacones y ropa ‘hiperfeminizada’.

Pero esta no es la única lucha cotidiana. Otro de los principales problemas es que para adaptar sus cuerpos al estereotipo femenino y así ser reconocidas como mujeres deben someterse a una medicalización muy nociva para su cuerpo. “La terapia hormonal te esteriliza. Con la testosterona los hombres trans dejan de tener la regla y con el bloqueador de testosterona y estrógeno las mujeres quedamos infértiles. Hay casos más extremos. Como denuncia Transgender Europe, en otros estados europeos se pide esterilización forzosa, extracciones uterinas u operaciones de reasignación. También pueden a llegar a pedir el divorcio si estás casado, aunque ninguna de las partes lo quiera”.

“Es agotador. Somos discriminadas solo por querer ser como somos, por buscar nuestra propia felicidad”, confiesa Sabrina. Deben renunciar a derechos laborales, sociales e incluso a tener descendencia. Incluso pueden ser obligadas a mutilar sus cuerpos. “Y aun así siguen creyendo que somos hombres que nos disfrazamos para violar o por aburrimiento”, añade. Pero es precisamente por esto que es tan necesaria su presencia en la manifestación feminista, aunque un pequeño sector del movimiento perpetúe estas discriminaciones. Porque todavía tienen muchas luchas que combatir y muchos derechos que conseguir.