Estaba buscando trabajo y usaron mi número para intentar quedar conmigo

Hay hombres que tienen algo que tú ansías, como un empleo, y lo usan para acosarte sexualmente

Laia tiene 24 años y, como la mayoría de gente a su edad, ha terminado la carrera y lo que más le importa ahora es encontrar curro. “Llevo mucho tiempo buscando trabajo, así que participé en un concurso de ilustraciones y gané”, explica. “Entonces, un hombre que había visto mi porfolio me buscó por Twitter diciéndome que le gustaban mucho mis dibujos, que los encontró muy interesantes y que quería proponerme algo. Accedí a tomar un café con él para ver qué quería ofrecerme”.

Llegó el día y él empezó a hablarle de temas personales, de sus aficiones, gustos, intereses, historia… A media reunión ella lo cortó y le dijo: “perdona, pero pensaba que tenías algo que proponerme”. Y él dijo: “claro, proponerte una cita, lo que estamos teniendo ahora, ¿no?”. Se quedó en blanco e intentó evadirse. Acabó la “cita” precipitadamente y él, en un intento desesperado, se lanzó a comerle la boca. Ella lo apartó rápidamente y se fue llorando a casa.

“Lo peor es haberme hecho ilusiones. El pensar que por fin iba a conseguir un trabajo. Creer que me valoraban como profesional y descubrir, de golpe, que simplemente se querían acostar conmigo. Que quería llevarme a la cama usando como pretexto un trabajo que llevo currándome toda la vida y que ha ninguneado. Este tipo de hombres saben que tienen poder social y que pueden ofrecerte algo que ansías, un trabajo, y por eso te manipulan como quieren”, añade. Y sigue triste.

Empleo a cambio de cita

Este tipo de depredadores que utilizan su poder social para “ligar” están en todos los campos. Es fácil darse cuenta, pregunta en tu entorno y probablemente más de una amiga te dirá que a ella también le ha sucedido. Entre 2008 y 2015, 2.484 mujeres denunciaron haber sufrido acoso sexual en sus puestos de trabajo, según datos de UGT. Paula Baldrich estaba en segundo de carrera cuando vio una oferta en Infojobs para trabajar en la revista Catalunya Gastronòmica. Bueno, “trabajar”. Era un puesto de periodista, pero sin pagar. Solo se sacaría unos euros si lograba traer restaurantes que se quisieran anunciar. La entrevista fue bien y la seleccionaron. Al día siguiente fue a trabajar en sandalias, era verano, y el jefe la invitó a su despacho.

Allí le dijo que podía decir mucho sobre su personalidad por sus pies. Insistió y la persuadió para enseñárselos. Ella accedió y él aprovechó para tocarlos, acariciarlos y acariciárselos. La incomodidad y la violencia del momento fue escalando hasta que se dio cuenta de que ese “trabajo” tenía un precio que ella no estaba dispuesta a pagar: dejarse sobar por un jefe fetichista. No volvió a la revista.

La periodista denunció esta historia hace dos años en el portal Metrópoli Abierta. Pero ella no es ni la primera ni la última en hacerlo. De hecho, Leandro Abarca, el fetichista propietario de la revista, se ha visto envuelto en muchos escándalos similares por ofrecer empleos a mujeres a cambio de tenerlas como acompañantes en viajes y de sobar sus pies. El escándalo se remonta a 2012, según publicó El Mundo, y un grupo de mujeres ya se ha reunido para llevarlo ante la justicia.

La oferta de empleo de Abarca, con cierta periodicidad, vuelve a portales de empleo, aunque cada vez lo tiene más difícil: sus tretas ya han sido publicadas en muchos diarios y la mayoría de periodistas catalanas están advertidas de que no acudan a ofertas de este señor ni de su empresa, Ediciones Abarca. “No busca ofrecerte trabajo, solo tocar tus pies”, advierte una mujer en el grupo Agenda Periodistes, de Facebook, un foro laboral para publicar ofertas y denunciar abusos tanto laborales como sexuales en la profesión.

Más ofertas de la misma empresa | elespañol

Manda fotos sexis si quieres ser azafata

A Alexia, una barcelonesa de 28 años, le pasó algo similar a Laia cuando era azafata de eventos, un trabajo que combinaba con sus estudios de Magisterio. Una vez envió un currículum a una agencia y la llamó un hombre diciendo que tenía que pasar una prueba para ver si cumplía los requisitos físicos para llevar a cabo el trabajo. Lo consideró chungo, pero teniendo en cuenta el sector, no le pareció tan raro. “Es un mundo muy superficial, y que me pidieran fotos de cuerpo entero me pareció hasta normal”, recuerda.

Se hizo fotos de cuerpo entero, vestida muy formal: con una blazer, pantalones de traje y una camisa sencilla. El hombre le pidió alguna con más escote y, en resumen, enseñando más carne. Ella le respondió que no entendía para qué las quería y se negó. Él le respondió que si no tenía problema con subir sus fotos “medio desnuda en la playa” en su Instagram no tendría tampoco problema con enseñar fotografías suyas ligera de ropa para ver si pasaba las pruebas físicas. “Desde entonces no he vuelto tener mi cuenta pública”, asegura.

Te hicieron gaslighting

Las anécdotas de tíos salidos que contactan con mujeres que hacen de modelo o azafata es algo común. Pero también lo es para aquellas chicas que se ofertan como profesoras particulares o niñeras. “Me acuerdo que una vez me presenté a una entrevista de trabajo para cuidar un niño y solo me atendió el padre. Me tiró la caña constantemente y hacía bromitas como: "ay, no vaya a ser que nuestro hijo se enamore de ti", "quizá mi mujer estará celosa de una chica tan guapa" o "al final acabaré contratándote para que me cuides a mí". Obviamente no acepté el trabajo”, recuerda Lucía, una barcelonesa de 33 años.

Lo peor fue, asegura, que ella llamó a su mujer para contárselo y él, enfadado, le envió muchos WhatsApps marcándose un gaslighting, es decir, haciéndole creer que ella se montó una película, que era una mentirosa y que nunca le había tirado la caña, que era solo su percepción. “Me hizo sentir como una guarra y una arpía que quería destruir una familia. Pero hoy en día estoy convencidísima de que ese hombre me habría acosado sexualmente”.

Los testimonios coinciden en lo mismo: hay un arquetipo de hombre que no considera que tirar ficha colándote que lo quieren es ofrecerte un empleo es algo violento (ya que todas las afectadas se sintieron violentadas, agredidas y acosadas). Tristemente, es demasiado común, y los efectos son los mismos en las mujeres: tristeza, nervios y miedos. "Estuve mucho tiempo sin buscar trabajo porque no confiaba en ninguna oferta", añade Lucía. "La verdad es que es muy traumático y no creo que los acosadores se den cuenta de lo mucho que te puede afectar".