Si Rosalía hace algo mediocre también tenemos que decirlo

Rosalía, J Balvin y El Guincho acaban de lanzar 'Con altura', un tema de reggaeton que lo tiene todo para ser la canción del verano, pero que nos sabe a poco

Nos encanta Rosalía. Los Ángeles era una obra maestra. El mal querer nos trastocó el 2018. Sus videoclips con Canada nos parecen una pasada. Su cover de Me quedo contigo la elevó artísticamente en la gala de los Goya. Pero ahora ha sacado Con altura, un homenaje “al reggaeton más clásico”, como explicaba la propia cantante a la agencia EFE. Siendo sinceros, sabe a poco.

Quizá estamos decepcionados porque nos tenía mal acostumbrados. El Mal Querer es una genialidad, tiene un hilo argumental, referencias culturales y literarias muy bien trabajadas y es un proyecto cargado de significado. Y todo esto, sin mencionar su parte musical, igual de excelsa que su simbología artística, y que mezcla a la perfección elementos de lo urbano, lo clásico y lo flamenco y se permite, en esta inusual mezcla, ir más allá e innovar en ritmos y sonidos (por ejemplo, cambiar la percusión clásica del flamenco por el sonido de motos en De aquí no sales).

Y ahora, después de este disco que hemos aplaudido hasta con las orejas, nos trae su segundo tema con J Balvin y se olvida de la Rosalía artística y simbólica y nos muestra un tema escaparate: transparente, sin nada que ocultar y nada que ofrecer entre líneas, lo que ves es lo que hay. Y esto, a todos los niveles. Ni la letra, ni el ritmo, ni la música, ni el videoclip ofrecen algo nuevo que devorar durante semanas mientras reflexionas sobre sus mensajes ocultos. Es un tema de mascar y tirar, algo facilón que lo petará durante el verano pero no pasará a la historia de la música.

Quizá es ser demasiado exigentes con ella. Al fin y al cabo, nos ha dado temazos, ¿por qué no puede descansar y pasárselo bien con una canción más simple y vacía? Rosalía, según unas declaraciones a Sony Music, asegura que pasarse al reggaeton ha sido una evolución natural de su carrera: "cuando era más joven me encantaba escuchar reggaeton y hubiera sido totalmente natural haber hecho una canción como esta antes, pero no me gusta forzar las cosas". Aun así, aunque el tema tenga sentido y lo sienta suyo, aunque tenga derecho a hacer la música que quiera, si nos parece mediocre tenemos que poder decírselo. 

La decepción no viene solo por parte de Rosalía. J Balvin también nos había traído un muy buen álbum de reggaeton, que experimentó, se arriesgó e hizo un producto de calidad. Esta colaboración no está a la altura de ninguno de los dos. Ni de sus trabajos individuales ni de sus previos featurings, ya que no es la primera vez que trabajan juntos. Brillo, publicado en 2018, también tiene la firma de J Balvin y Rosalía y, aunque es un tema de fácil digestión, parece más elaborado. Quiere ir más allá de petarlo en una discoteca. Experimenta con sonidos urbanos, flamencos, latinos y reggaetoneros. Hay una intención de hacer algo de calidad rigiéndose por los parámetros del reggaeton que no está en Con altura.

Más allá de la música, está el tema del videoclip. El mal querer trajo consigo grandes obras audiovisuales. Incluso Bagdad, el vídeo más sencillo del álbum, era interesante y bonito en su estética. El vídeo de Con altura es banal. Actúan mal, tiran de tópicos de la música urbana (¿en cuántos más videoclips has visto a los cantantes jugando a la consola? Seguramente podrías decir decenas) y la escenografía en el avión se ve cutre. Lo único destacable son todos los outfits con los que desfila, muy en la esencia de Rosalía y cargados de ese estilo de extrarradio chic que tanto nos gusta.

En conclusión, y antes de que despotriques de nosotros en las redes, la intención no es tirar beef a Rosalía. Ni tan siquiera desprestigiar su trabajo. Simplemente, remarcar que Con altures un tema sencillo sin más intención que ser perreado. Y eso no es intrínsecamente malo. Todo cantante tiene derecho a hacer lo que quiera y ni Rosalía ni nadie tiene que estar siempre en la cúspide de la intelectualidad musical. Eso no quita que las cosas no deban decirse como son, y este último sencillo no es una obra maestra. Y probablemente no aspire a serlo. Así que no hace falta que se venda ni se defienda como tal, porque ni la propia Rosalía está haciéndolo.