Por qué los padres odian siempre la música que escuchamos sus hijos

La explicación: el efecto de exposición, que dice que a partir de los 33 ya no escuchamos nueva música. Así que cuidado o podrías convertirte tú en tus padres

“Ya no se hace buena música”, dice tu padre mientras juzga tu canción favorita, eso que para él es “puro ruido. Tú intentas decirle que la escuche atentamente. “¡Pero si es muy animada!” o “¡no te centres en el ritmo, escucha solo la letra!”. Pero nada, que le parece una descomunal basura.

A medida que vas creciendo, vas sintiéndote un poco menos tu yo adolescente y te vas pareciendo más a tu padre. A partir de los 25, hay música joven y nueva que ya “no entiendes”. Incluso, aunque de adolescente escuchabas todos los CDs nuevos de tu género favorito, ahora solo le das una oportunidad a los singles. Toca pensar: ¿es acaso un proceso natural? ¿Algún día les diré a mis hijos, nietos o sobrinos que “apaguen ese ruido” y que “lo que se hace hoy en día es basura”?

Según explica el psicólogo Americano Frank McAndrew en un artículo de Psychology Today, sí, es muy probable que suceda: “el gusto musical empieza a solidificarse sobre los 13 y 14 años, y se queda totalmente bloqueado y fijado a los 20. A los 33 ya no exploramos nueva música y seguiremos escuchando lo que nos gustaba durante la adolescencia toda la vida”. La explicación de esto es lo que se conoce como “efecto de exposición”, es decir, “cuanto más familiarizados estemos con algo y cuanto más a menudo estemos expuestos a eso, más nos gustará. Esto funciona para las personas, productos y sí, también para canciones”.

El psicólogo cree que cuando somos jóvenes tenemos mucho tiempo para dedicar al ocio: música, películas, series… Es por eso que, a medida que avanzamos en la vida y tenemos más responsabilidades, preferimos centrarnos en cosas que sabemos que nos gustan (o que nos van a gustar, como conciertos de tus cantantes favoritos o películas de tus directores predilectos) porque queremos desconectar en nuestro tiempo libre y no tener que esforzarnos en descubrir nueva música que podría (o no) gustar. “Por eso preferimos música que nos resulte familiar, y la música que escuchábamos de jóvenes es la que nos es más familiar”, añade.

“Aun así”, matiza, “también debemos ser claros: la música está escrita para los jóvenes. Muchos grupos y géneros nacieron como rebeldía joven contra la autoridad, encarnada por los padres, y por lo tanto la música habla a los jóvenes y está totalmente enemistada con la de los adultos, en cuanto a ritmos y temática”. Así que sí: tus padres están anclados a su música de la juventud. Pero es que también tus ídolos hacen canciones pensando en ti, no en ellos.

Si no quieres convertirte en tus padres, te tocará esforzarte. Como advierte el psicólogo, aunque te dé pereza escuchar nueva música, es posible educarte a seguir apreciando las novedades. Simplemente es cuestión de forzarte a hacer y descubrir cosas nuevas. No te quedes estancado en lo que funciona. Si alguien te dice “escucha esto” o ves un artículo de “el artista que lo peta entre los más jóvenes” dale una oportunidad o en diez años estarás estancadísimo y solo escucharás a la Rosalía mientras el resto te parece “ruido”.