Así es el Prado pasado por el filtro del trap

"Toca democratizar el arte, bajar un poco el 'arte elevado' y subir el 'popular'", asegura Manu Palmer, creador de estas imágenes que mezclan frases de canciones populares con clásicos del arte

A pesar de estar pintado 25 años antes, cuando Dalí creaba su Sueño causado por el vuelo de una abeja alrededor de una granada un segundo antes del despertar (1944) sonaba en la radio Que me coma el tigre (1969) de la mítica Lola Flores. O si no, ¿cómo se explica que ambas obras enseñen la misma escena?

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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“Al final, los seres humanos no hemos cambiado tanto”, explica Manu Palmer, creador de El Arte Pop, una cuenta de Instagram con 45.000 seguidores que se encarga de encontrar similitudes entre grandes obras del arte y los exitazos de la cultura pop contemporánea. Es decir que, aunque el autor neoclásico Jacques-Louis David pintase Les amours de Pâris et d'Hélène 230 años antes de que Rosalía y Ozuna interpretasen Yo x ti tú x mi, los tres tenían las mismas referencias, porque las experiencias humanas son universales. “Mi cuenta es la prueba de esto”, asegura, “te das cuenta de que cuadros del siglo XVI y canciones del año pasado encajan tan bien que podrían estar hablando de lo mismo”.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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La democratización del arte

Aunque pueda parecer una cuenta de memes más (tiene imágenes con frases sobrepuestas, una mezcla que podría considerarse como simple humor y entretenimiento), tiene un trasfondo social. “Creo que ayuda a democratizar el arte”, dice Manu. Para entender esta frase hace falta una retrospectiva histórica: el arte durante gran parte de la historia era elitista y excluyente. Se creaba en academias y se valoraba en academias, y aquello que no emanaba de allí y de sus cerrados círculos sociales no podía participar.

Por supuesto, esto va cambiando con la aparición de los museos públicos, las vanguardias y el arte contemporáneo. Sin embargo, el verdadero boom, como con todo, es internet, que hace que todo este conocimiento llegue a todos los hogares y todo el mundo pueda educarse y compartir sus obras con comunidades grandes. Aun así, todavía hay un gran déficit en conocimiento del arte, porque este elitismo perdura en forma de barreras económicas para apreciarlo y estudiarlo. “El arte sigue orientado a las clases más altas. Se cree que una persona de Vallecas no puede apreciar arte: quizá es porque no le estás dando una oportunidad, o quizá es que no estás valorando el arte urbano y popular que se encuentra ahí, por ejemplo, en forma de grafitis”, añade Manu.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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El buen arte y el mal arte

“Piensa un cuadro para Lola Bunny, de Lola Índigo”, le pregunto. “Girl with rabbit, de Anton Romako”, responde. Le hago una batería de preguntas: “¿Y para El Último Vals, de La Oreja de Van Gogh?”, “escogería Four freedoms de Norman Rockwell y pondría la frase ‘siempre serás bienvenida a este lugar’”. Tiene respuesta hasta para el éxito viral de 2007: “Ponte el cinturón, protege tu vida”. “Escogería El accidente, de Alfonso Ponce de León”.

Para algunos expertos del arte estos montajes suponen banalizar las obras. Es una discusión eterna entre los académicos: la alta y baja cultura. ¿Vale más la pena un cuadro de Rubens que una canción de reggaetón? “No”, asevera con convicción, “ahora se está revalorizando la movida madrileña y su impacto cultural, a pesar de que en su época fue duramente criticada". Es un patrón común en la historia del arte, despreciar algo en cuanto sale, para luego empezar a valorarlo cuando nos acostumbramos a ello y se populariza. "Seguramente, en 20 años el reggaetón será apreciado y menos estigmatizado”, añade.  

La académica literaria María Morrás le da la razón. “Garcilaso fue el Pablo Alborán de la época”, comenta de broma. El arte que nos llega, aunque ahora sea considerado como profundamente elevado, es porque precisamente fue bastante mainstream en su época o poco después (no desde el principio se valoraban los artistas más radicales, la historia del arte y la literatura está llena de autores que se murieron de hambre). Es decir, el arte que ahora nos llega a través de la Academia y que nos parece tan elevado, en su momento también pudo haber sido popular y hasta considerado menor, e incluso lo podían disfrutar todas aquellas personas que podían acceder al mercado cultural. Este es, en parte, el objetivo de El Arte Pop: “bajar un poco el arte culto y subir un poco el arte popular”.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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El arte 2.0 y su divulgación

Iniciativas de arte instagrammer como la de Manu no son las únicas. Además de otros “Arte pop” de otros países (“yo cogí la idea de un Tumblr americano”, recuerda), Richard Prince expuso New Portraits en la New York’s Gagosian Gallery, una colección de retratos extraídos de Instagram para acercar dos mundos que parece que se resisten a apoyarse: las galerías de arte, asociadas al arte caro, elitista y prohibitivo, e internet, el núcleo del arte más democrático, pero también del arte sin filtro ni calidad.

New Portraits - Richard Prince

“El arte académico y de galerías mueve mucho dinero, pero no está más presente en el día a día porque no se ha adaptado a la forma tan rápida que tenemos de consumir”. Es normal, por lo tanto, que cuentas como El arte pop se consuman más fácilmente y con más asiduidad que un museo: mezclan referentes culturales contemporáneos y los suman a las grandes obras. Así, se entiende mejor el arte sin tener ni idea. Es adaptar estos conocimientos a una población a la que la academia ha querido dar la espalda.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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Pero Manu no es historiador de arte, solo aficionado, y quizá es porque habla desde la curiosidad no-académica que ha sabido trasladar tan bien su mensaje a las masas. Recuerda su infancia sin Internet, esa época en que todo el conocimiento estaba en enciclopedias, mirando libros de arte que su padre, trabajador de un museo, le daba. Creció descubriendo estilos, arquitecturas, historias y mitologías desconocidas para él. Conoció en papel desde las obras más famosas hasta las más desconocidas pero igual de hermosas, muchas de las cuales nunca habían sido expuestas en su ciudad y que, por lo tanto, no tenía forma de acceder a ellas más que a través de esos libros. Con esta idea en mente, muchos años después, creó El arte pop: una herramienta para trasladar toda su curiosidad artística infantil, deseosa de aprender más de forma didáctica, al Instagram de los demás.